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Análisis político

Camino a la república parlamentaria

por 21 octubre, 2009

La victoria de Piñera, en una segunda vuelta, trae otro escenario muy diferente al actual. La Coalición por el Cambio no tendrá mayoría, pero al menos en la Cámara, los descolgados del PRI y los diputados independientes puros y los cercanos a Enríquez serán suficientes para inclinar la balanza, lo que les dará un poder que hoy no logran dimensionar.
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La reñida carrera presidencial despierta pasiones como siempre, pero nunca antes había existido twitter para percibir tan rápidamente hasta que nivel pueden llegar las pasiones y el ingenio humano aplicado al antiguo arte de la política.

Uno de los twitter más memorables, entre tantos que salieron hoy sobre la encuesta CERC y la reflexión de ésta sobre el fenómeno MEO, fue el de Miguel Paz, subdirector de El Mostrador, quien nos preguntó a Patricio Navia y a mi qué saldría si metiéramos todas las encuestas de estos días en una juguera. Trataré de responder esa pregunta y los efectos que tendría ese zumo.

Al igual que meses anteriores, y será así a medida que avance la elección, vendrán muchas encuestas que serán muy difíciles de comparar entre sí, pues ocupan metodologías distintas, se hacen cargo de distintos universos y con preguntas que no son exactamente las mismas. Se vuelve más complejo comparar ya que no existe en Chile un patrón único de encuestas, lo que es un desafío para las instituciones que nos dedicamos al rubro, pero ese es un subproducto de la juguera.

El zumo principal es que todas las encuestas, comparadas consigo mismas, dan cuenta de dos hechos ciertos de consecuencias políticas incalculables: una es que la barrera psicológica de los diez puntos de distancia entre los tres candidatos se rompió y que existe una ventaja de Piñera en segunda vuelta, todavía no definitoria.

Los puntos perdidos por Frei a manos de Jorge Arrate y la torpe estrategia de su comando que impidió concitar los apoyos de los ya bajados Alejandro Navarro y Adolfo Zaldívar, lo colocan a tiro de arcabuz de Enríquez-Ominami. Eso no había pasado nunca: que un candidato de la Concertación no fuera el que liderara las encuestas. Y esto tiene consecuencias imprevisibles para la segunda vuelta.

El segundo fenómeno que se deduce es que, mirando las campañas parlamentarias, hay una clara desconexión entre éstas y los pronósticos presidenciales. La declaración de personeros de los comandos de que la campaña de Frei era abierta, es claramente un hecho, pero por desgracia para ellos ocurre en el sentido contrario de lo que esperan. En muchas regiones la lista de la Concertación es la más fuerte, lo que no ocurre con su candidato presidencial.

Por tanto, en una eventual segunda vuelta electoral, y en el evento que Frei logre esa meta, los parlamentarios elegidos de la Concertación tendrán mucho que decir y aportar, pues de ellos dependerá, más que de MEO y de su entorno, el trasvasije de votos para Frei. El concepto de pork barrel que usan los analistas políticos anglosajones o su traducción como compensaciones políticas, será entonces una moneda de cambio que determinará la fuerza y el compromiso de los apoyos.

Desde el punto de vista negociador tendrán dichos parlamentarios, en especial aquellos que salgan con altos porcentajes y un importante nivel de cruce con el voto MEO-, los que tengan ventaja en la mesa. Y tendrán que ser compensaciones tangibles, como poder de decisión en la elección de intendentes y autoridades de gobierno regional.

Esto se agudiza porque es probable que varios de los principales líderes de los partidos concertacionistas enfrenten duras contiendas con los mejores exponentes del Marquismo, por lo que tendrán un menor porcentaje de votos cruzados. Serán los parlamentarios hoy alejados de las cúpulas y catalogados de díscolos muchos de ellos, a quienes les llegará su momento de gloria.

Probablemente, en el caso de ser Frei elegido, será el gobierno más parlamentario y federal que conocerá la República de Chile desde los tiempos de Barros Luco y Sanfuentes.

En el caso que sea MEO el contendor de segunda vuelta, el fenómeno es el mismo, pues la fuerza de la Concertación estará radicada solamente en sus parlamentarios, en especial en aquellos que tienen un mayor cruce con Frei, que debieran ser, por lógica, los del mundo DC.

Como todo vale, no es de extrañar que incluso los perdedores de las elecciones de la Concertación tengan un poder inusitado, pues tienen una capacidad mayor que cero de convocar a quienes fueron sus votantes a sumarse a la cruzada de la segunda vuelta.

La victoria de Piñera, en una segunda vuelta, trae otro escenario muy diferente al actual. La Coalición por el Cambio no tendrá mayoría, pero al menos en la Cámara, los descolgados del PRI y los diputados independientes puros y los cercanos a Enríquez serán suficientes para inclinar la balanza, lo que les dará un poder que hoy no logran dimensionar.

Esto creará otro escenario político, donde el binominal no tendrá sentido, pues al haber incentivos de negociación para los independientes, hay una tentación maligna de ser díscolos para los diputados de la hoy disciplinada Alianza. Y para qué decir de la Concertación opositora y llena de culpas entre sí por haber perdido el poder.

Por tanto, independiente del ganador de la contienda electoral, el resultado de la juguera política será una dispersión de las fuerzas políticas en un sentido nunca antes visto. La fuerza de los hechos impondrá las reformas necesarias para modificar el sistema binominal y la ley de los partidos políticos, darle mayor autonomía a las regiones y poder a los parlamentarios, entre otras medidas necesarias para conservar la estabilidad política de la que tanto nos preciamos.

*Carlos Correa es analista electoral de Imaginacción Consultores.

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