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Coletazos del “desayuno” que no fue

Larraín disipa amenaza de quiebre con La Moneda y mantiene el control en Renovación Nacional

por 18 julio, 2012

Larraín disipa amenaza de quiebre con La Moneda y mantiene el control en Renovación Nacional
Mientras la disidencia del timonel en la casona de Antonio Varas daba por hecho que el “desaire” al Presidente Sebastián Piñera le haría pagar costos al máximo dirigente de RN, lo cierto es que el tema se terminó zanjando de la mejor manera a favor del díscolo senador: con el ministro del Interior visitándolo en su residencia de Las Condes. Lejos de alargar la disputa, el Ejecutivo optó por cerrar este flanco lo antes posible, percibiendo tal vez que el próximo gallito será con la UDI por el AVP.
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A una semana del día de furia del presidente de Renovación Nacional, Carlos Larraín Peña, y con el escenario político un poco más decantado, lo que queda del polémico episodio es que, si bien en primera instancia fue “herido en el ala”, a largo plazo el timonel —que algunos definen como “un sobreviviente”— salió fortalecido del impasse con La Moneda. Algo que la disidencia interna no hubiera imaginado tras las primeras horas del conflicto. Menos aún que el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, visitaría en su casa al senador díscolo y se comenzarían a tender puentes entre el máximo dirigente de Renovación y el Ejecutivo sin exigencias hacia el Parlamentario. En su entorno evalúan positivamente la cita y creen que, de alguna manera, significa que el gobierno comenzó a comprender que no puede ponerse contra los partidos que lo sustentan, uno de los mantras que le gusta repetir a Larraín y a todo su círculo.

Aunque en el larrainismo mantienen ciertas dudas acerca de que sea el secretario de Estado el mejor interlocutor en la relación con el timonel, considerando que se lo responsabiliza del intento de levantamiento organizado el año pasado por la disidencia histórica, tras su visita —que asumen filtró el gobierno— creen que se abre un nuevo capítulo en la relación entre el partido y el gobierno. Existe optimismo, acompañado de cautela, respecto a lo que se viene en este sentido. Están conscientes de que todo se podría venir abajo nuevamente, pero existe el interés de avanzar en esta relación, sobre todo si se considera que vienen dos años de elecciones por delante, en los que La Moneda y los partidos que sustentan la administración de Piñera deben estar en armonía.

Un sector del entorno del timonel se ha hecho una especie de autocrítica. Si bien respetan que Larraín se haya ofendido por las declaraciones del diputado Joaquín Godoy, “sobre todo porque lo comparó con (Guido) Girardi” y que “está en su derecho de no querer dirigirle la palabra a Joaquín”, reconocen que estando de por medio una situación de gobierno y el Presidente de la República “las cosas son un poco más complicadas”. Pero en su círculo más cercano el diagnóstico es todavía más radical. El respaldo hacia el máximo dirigente es cerrado. Nadie se atreve siquiera a poner en tela de juicio su continuidad a la cabeza del partido, pese a que tras el polémico episodio alguien echó a correr el rumor de que la salida de Larraín de la dirección de la tienda era inminente. El secretario general de RN; Mario Desbordes debió dedicar un tiempo a hacer los desmentidos correspondientes.

Para un observador del partido, el conflicto se desató por dos razones: una de responsabilidad del gobierno, que “no calibró” los efectos que podría provocar la invitación a Godoy al polémico desayuno, considerando que La Moneda estaba en antecedente de la molestia que habían generado sus declaraciones. Pero, por otra parte, Larraín incurrió en “una falla que un político nunca puede cometer, que es perder los estribos en una situación clave”. Al retirarse de La Moneda “dejó a los liberales como el sector alineado con el gobierno. Liberales e incondicionales a Piñera” y él mismo se coloca en el otro extremo. Adicionalmente, ocurre un fenómeno inusual y es que con este nuevo capítulo de la difícil relación entre la tienda y el mandatario, este último hizo algo que había evitado durante todo su mandato. Y fue inclinar la balanza hacia el mundo liberal de la casona de Antonio Varas. Pese a que finalmente quedó la impresión de que esa postura no se mantendrá en el tiempo.

Y mientras el gobierno, con una serie de gestos, intenta tener a Larraín de su parte, en el entorno del timonel se lamentan de que ahora Hacienda haya cedido en poner recursos fiscales para aumentar el subsidio único y la asignación familiar. La crítica es que se hizo por presión de la Concertación, cuando “era una de las medidas que nosotros habíamos planteado. Entonces, cómo no vamos a desconfiar de la actitud del gobierno”.

Y eso fue lo que en una primera instancia provocó un fuerte impacto tanto al interior del partido como públicamente, añade un analista del sector. Porque la postura asumida tanto por el timonel como por el gobierno “permitiría a los liberales reposicionarse, después que Larraín les había pasado la aplanadora al sorprender con el acuerdo al que llegó con la Democracia Cristiana. Con esto les arrebató varias de las banderas de lucha que los liberales esgrimían en su contra” y arrasó en las elecciones internas. A pesar de todo, estima que es improbable que el efecto a favor del sector liberal de RN sea de largo plazo. Entre otras cosas, porque “los liberales aún son  minoritarios dentro del partido y no tienen un liderazgo fuerte que los conduzca. Y tampoco hay, en La Moneda, una estrategia para tomarse Renovación. Algo que quedó en evidencia con la irrupción de la disidencia histórica, que no concretó nada”.

Pero las últimas señales enviadas por el gobierno y los gestos mutuos entre Larraín y La Moneda la semana pasada, están cambiando drásticamente el escenario. En el ámbito interno, todo parece estar volviendo a la normalidad. Si bien en algún momento existió preocupación entre los cercanos al senador, lo cierto es que a estas alturas ya recobraron la confianza. Y la disidencia está menos optimista que los primeros días, cuando hasta se hablaba de sacar al presidente de la tienda por secretaría. Incluso los más confiados creían que éste podría ser el tiro de gracia para Larraín. Porque, aseguraban, que más que ofender a Joaquín Godoy, al retirarse del desayuno, “le hizo un desaire al Presidente”. Para los más entusiasmados, tal como estaban las cosas, “Larraín va a tener que pedirle disculpas no sólo al Presidente, por lo que hizo, sino también a Joaquín”. Un diagnóstico, dicen los partidarios del timonel, en el que se equivocó la disidencia, pero también el gobierno.

Sin embargo, de todos los argumentos en contra del presidente de RN, el que tenía más sustento era el haber sido quien pusiera en el debate el tema de los 200 mil pesos de salario mínimo. A lo que había arrastrado a parte de la bancada de diputados. En el larrainismo sostienen que en La Moneda creyeron que controlado el senador también lo estarían algunos de los legisladores que habían llevado su postura a la Cámara de Diputados, pero se encontraron con que fue Larraín quien —la semana pasada— debió llamar a varios que estaban dispuestos a rechazar junto con la oposición.

Por otra parte, está el hecho inevitable de que aún hay parlamentarios molestos a raíz del tema de fondo que provocó todo el impasse y que dejó en evidencia, una vez más, el mal manejo que el gobierno ha mostrado con los partidos que lo sustentan. Un diputado insiste en que lo que generó todo fue el “error” de fondo del Ejecutivo: “Fue no conversar, porque el gobierno no tiene un canal institucional para relacionarse con los partidos, sino que lo hace a través de parlamentarios cercanos que no siempre representan el sentir de toda la bancada. Hay un déficit tremendo en la gestión y conducción del gobierno con sus bancadas”. A juicio del parlamentario “lo principal es que el problema se produjo en La Moneda, que tiene interlocutores que son válidos sólo para ellos. Eso crea desconfianza y ahora va a haber un grupo de parlamentarios que no va a seguir siendo buzón. No nos consideran, porque no somos incondicionales”, se lamenta y advierte que “se puede ser buzón, cuando las cosas parten bien y terminan bien; pero no se puede ser buzón, cuando las cosas parten mal y se sabe que van a terminar mal”.

Y mientras el gobierno, con una serie de gestos, intenta tener a Larraín de su parte, en el entorno del timonel se lamentan de que ahora Hacienda haya cedido en poner recursos fiscales para aumentar el subsidio único y la asignación familiar. La crítica es que ahora se hizo por presión de la Concertación, cuando “era una de las medidas que nosotros habíamos planteado. Entonces, cómo no vamos a desconfiar de la actitud del gobierno”. A ello se suma que no faltan los que ven en este acercamiento de La Moneda una cuestión de necesidad. No son pocos los que en el círculo del timonel estiman que el Ejecutivo le bajó los decibeles al conflicto con Larraín debido a que no puede tener dos flancos abiertos a la vez. Con ello hacen alusión a la postura asumida por la UDI en relación con el Acuerdo de Vida en Pareja (AVP). Pero “sea como sea, de nuevo don Carlos salió por arriba”, festeja un partidario del timonel que, el fin de semana, anunció pareo en la votación por el reajuste del salario mínimo. La lectura que algunos de sus partidarios hacían de esta decisión es que así “no vota en contra del gobierno, pero tampoco en contra de sus convicciones”.

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