Analistas advierten que Presidente debe sortear tentación al protagonismo en acto conmemorativo
La Moneda no evalúa bien «performance» de Matthei por los 40 años del Golpe
El cuestionamiento desde el gobierno a su abanderada pasa por considerar que pudo sortear mucho mejor el tema para aminorar el impacto de estar ligada a la dictadura y de representar un sector del oficialismo, la UDI, marcado por el papel protagónico que desempeñó en el régimen de Augusto Pinochet. Algo que, recalcan, no se le puede criticar al Presidente Sebastián Piñera, quien nunca estuvo cercano a Pinochet, sino que fue su opositor.
Es inevitable, el tema se tomó la agenda pública, la programación de TV y las declaraciones cotidianas de todo el mundo político. La Moneda está afanada afinando los detalles del acto de conmemoración de los 40 años del golpe militar, una decisión que puede transformarse —advierten— en un arma de doble filo para el oficialismo, porque puede terminar aislando a la candidata del propio gobierno, Evelyn Matthei, de quien en Palacio hay una visión crítica de lo que ha sido su manejo estos días en el tema.
«Los sectores no piden perdón y yo tenía 20 años cuando ocurrió el golpe, no tengo nada de qué pedir perdón (…) Yo no tendría cómo haber hecho nada más, yo no tenía ningún cargo público, nada que pudiera haber hecho», dijo Matthei el martes como respuesta a lo que fueron las declaraciones del senador de su partido, Hernán Larraín, quien sí pidió perdón por lo que no hizo para contribuir a la reconciliación.
En La Moneda tomaron nota. Consideraron que las frases de la candidata de la Alianza “no fueron afortunadas”, que “se equivocó” y “estuvo mal”. No por nada Matthei salió ayer nuevamente a hablar del tema, tratando de poner el acento en que siempre repudió las violaciones a los derechos humanos.
Analistas de la propia derecha coinciden en que la abanderada no se ha desempeñado bien en el tema y que queda en evidencia que “la agenda de los 40 años del golpe está siendo perjudicial para la Matthei y para la Alianza”.
A tono con eso, el cuestionamiento desde La Moneda a su abanderada pasa por considerar que pudo sortear mucho mejor el tema para aminorar el impacto de estar ligada a la dictadura y de representa un sector del oficialismo, la UDI, marcado por el papel protagónico que desempeñó en el régimen de Augusto Pinochet. Algo que, recalcan, no se le puede criticar al Presidente Sebastián Piñera, quien nunca estuvo cercano a Pinochet, sino que fue su opositor.
[cita]Desde la derecha y el mundo de los analistas recalcan que el mayor riesgo que corre Piñera con ese acto es la “tentación de protagonismo”. Explican que el papel principal debe estar puesto en la fecha y todo lo que implica, pero que el mandatario no es el eje del acto. Es más, si incluso emula a Aylwin y pide perdón, acotan, lo importante es que quede claro para qué lo hace, con qué sentido, tal como lo hizo el ex Presidente DC, que fue “un vehículo para algo superior, había una razón de ser, la señal era lo importante, no él”.[/cita]
Un tema que no es menor en la derecha. Se sabe que el comité político del lunes en Palacio —que reúne a los ministros políticos, a directivas y parlamentarios de la UDI y RN— fue bastante tenso, de hecho hubo un duro intercambio de opiniones y momentos en que algunos “se sacaron los trapitos al sol” mutuamente, sobre quienes sí fueron alcaldes designados, gobernadores y asesores en los 17 años de Pinochet y quienes pueden decir que no fueron parte nunca de la dictadura, y están libres de polvo y paja en ese punto.
A pesar de este gallito, que refleja un choque eterno en la derecha en este punto, se comenta que Piñera está lejos de estar complicado con la conmemoración de los 40 años, que tampoco está preocupado del ruido interno que el acto en Palacio pueda provocar en el oficialismo, sino que se siente bastante “libre” para definir el contenido, el tono y los acentos que busca poner en esa performance.
¿A imagen y semejanza?
Así como a Ricardo Lagos Escobar le tocó conmemorar los 30 años del golpe, diez años después será el turno de Piñera de hacer lo propio. Todo indica que nunca estuvo contemplado en La Moneda pasar esta fecha con un bajo perfil, sino que “se quería” hacer algo significativo. Sabido es la inclinación del mandatario por la historia y en ese contexto, consideraría el 11 de septiembre de 1973 como uno de los “momentos estelares” de la vida nacional, por todo lo que involucró el golpe, el quiebre institucional y sus consecuencias que perduran hasta hoy.
Por lo mismo, difícilmente iba a dejar pasar este momento. Las voces de analistas y en el propio gobierno coinciden en que no tenía otra alternativa, no podía hacer como que nada pasó y esconder el asunto debajo de la alfombra, en circunstancias que “como no tiene tejado de vidrio” en este tema, puede jugar un rol relativamente protagónico.
No está claro aún si el acto es el 9 o el 10 de septiembre, si es en los patios de La Moneda o en la Plaza de la Constitución ni tampoco se ha terminado de afinar la lista de invitados. Únicamente se sabe que el orador será él, que se le quiere dar un tenor “republicano”, que se va a invitar a las “autoridades de la República” y que el objetivo es que nadie se sienta “excluido”.
Nadie ha descartado que entre los invitados estén los ex Presidentes, pero sobre todo uno en particular: Patricio Aylwin, con quien Piñera tiene una relación especial, cercana, por una amistad que une a ambas familias desde hace décadas, a través de su padre, y por la conocida sintonía que el Presidente tiene con algunos sectores de la DC.
Más que emular a Lagos el 2003, todo indica que Piñera apunta como referente a Aylwin para el acto de ese día, más allá que el ex mandatario asista o no.
Se comenta que Piñera se sentiría interpretado por Aylwin en muchos aspectos, desde frases del ex mandatario cuando dijo sentirse parte de una “generación fracasada” por haber sido protagonistas del ’73, que apunta a la responsabilidad que le compete a todos los sectores, en distintas cuotas claro está, hasta respetar su figura como clave en la recuperación de la democracia y su gestión con la premisa de verdad y justicia “en la medida de lo posible”, que permitió a sus ojos avances para la transición.
Considerando que han sido más de uno en la derecha los que han pedido perdón, hay voces en el oficialismo que no consideran descabellado pensar incluso que en ese acto oficial Piñera haga lo suyo a nombre del Estado, emulando precisamente el gesto que Aylwin tuvo cuando terminó de leer el Informe Rettig.
Las tentaciones
Comentan que todas las noches Piñera está leyendo sobre este tema, y que está afinando su discurso para ese día. Hasta ahora hay claridad en que en sus palabras sí habrá contexto histórico para explicar por qué hubo golpe militar, las consecuencias que eso generó, apuntando a las violaciones a los derechos humanos y la división que se produjo en la sociedad, buscando poner el acento en las lecciones que todo el capítulo deja a futuro.
Desde la derecha y el mundo de los analistas recalcan que el mayor riesgo que corre Piñera con ese acto es la “tentación de protagonismo”. Explican que el papel principal debe estar puesto en la fecha y todo lo que implica, pero que el Mandatario no es el eje del acto.
Es más, si incluso emula a Aylwin y pide perdón, acotan, lo importante es que quede claro para qué lo hace, con qué sentido, tal como lo hizo el ex Presidente DC, que fue “un vehículo para algo superior, había una razón de ser, la señal era lo importante, no él”.
Otro riesgo que se vislumbra, si pide perdón, es que puede dañar a Matthei, porque en ese mismo momento dejará “aislada” a la propia candidata del gobierno del que se supone representa la continuidad.
Algunos añaden que Piñera debe resistir además la tentación de “inclinarse” más hacia un solo bando, a una sola visión. “Tiene la oportunidad en un ambiente polarizado de instalarse por encima de eso, de convocar a la unidad, es el Presidente de todos los sectores, de todos los chilenos, no de una sola visión”.
Por lo mismo, hay quienes consideran que, si bien era inevitable hacerse cargo de los 40 años del golpe con un acto oficial y los costos de no hacerlo eran mayores aún, es indiscutible que “es un arma de doble filo”.
Con todo, dicha conmemoración es una apuesta de La Moneda y la clave para que no se transforme en un traspié, afirman analistas del propio oficialismo, es el tono que use Piñera.