jueves, 1 de diciembre de 2022 Actualizado a las 07:50

Los déficits de control político del ministro del Interior

Por qué Peñailillo no es Insulza

por 13 agosto, 2014

Por qué Peñailillo no es Insulza
Algunos parlamentarios de la Nueva Mayoría consideran que “está sobrevalorado” y que no se podía tapar con un dedo el “desorden político que había en la coalición” hasta que la Presidenta golpeó la mesa la semana pasada. “Es más que un tema comunicacional, hay falencias en el manejo político”, agregó un senador.
  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

Hace una semana la Presidenta Michelle Bachelet cerraba una intensa ronda de cumbres en Cerro Castillo, donde golpeó la mesa de sus ministros y de la Nueva Mayoría, con dos reuniones separadas, en las que llamó al orden y alineó sus huestes tras la reforma educacional. La arremetida de la Mandataria era necesaria, dado el desorden imperante en la coalición. Llevarla a cabo a sólo cinco meses de llegar a La Moneda dejó en evidencia que su hombre fuerte en el gobierno, el de mayor confianza y ministro estrella, Rodrigo Peñailillo (Interior) había perdido el control de los hilos para mantener a raya los conflictos al interior del oficialismo.

En el gobierno recalcan que fue decisión de Bachelet meterse de lleno a liderar la reforma educacional, poner todo su capital político en ello y tomar el control al acuñar la idea –así lo dejó claro en las citas en Cerro Castillo– de que estar en contra de esta reforma es casi como estar en contra de ella. Que eso responde también a su estilo, a su forma de hacer las cosas, pero también se reconoce que no tenía otra opción, para que no se instalara la sensación de falta de liderazgo en el tema más relevante de su mandato.

Son mayoría en el oficialismo quienes defienden a Peñailillo, que consideran que su gestión ha sido la mejor de este gabinete, que ha superado con creces todas las expectativas que se fijaron cuando Bachelet lo nombró. Las encuestas lo respaldan y hay quienes lo vislumbran incluso como una carta política que trascienda este gobierno.

Agregan en el gobierno que “era necesario” y que “no viene mal un enrielamiento presidencial” cada cierto rato y que no se descarta que en cinco meses más se realice otro, de ser necesario, bajando el perfil así al déficit de Peñailillo en el manejo político de la coalición para controlar los ruidos internos que durante semanas fueron públicos. Dicen que está imponiendo un nuevo estilo como jefe de gabinete, que es un ministro del Interior que está “en terreno y que a la vez hace política”, una mezcla que no se había visto. Que para la gente es cercano precisamente por no estar encerrado en La Moneda, así lo demostró en Valparaíso tras el incendio y en el norte después del terremoto, y los medios de comunicación tienen permanente acceso a él, pero que no descuida su tarea de jefe de gabinete, que está en constante coordinación y monitoreo con los partidos.

En el oficialismo se reconoce que la arremetida de Bachelet también deja en evidencia sus falencias. En la Nueva Mayoría algunos recalcan que el principal error de Peñailillo es que hasta ahora “no ha hecho valer en toda su magnitud su condición de bendito”. Es el jefe de gabinete, pero también “es el privilegiado de la Presidenta” y ese es un factor que, aunque a muchos no les guste –agregan–, significa tener un poder político que nadie más tiene en La Moneda, salvo Paula Walker, la directora de la Secom, pero en otro plano. “Debe usarlo más”, debe “hacer sentir más ese poder”, “tiene que ser más rudo”, acotan. Dicen que le hace falta aún ese dejo de dureza y sangre fría que caracteriza a los buenos ministros del Interior, como lo fue en su minuto el Panzer, José Miguel Insulza, durante el gobierno de Lagos.

Sin embargo, en el oficialismo se reconoce que la arremetida de Bachelet también deja en evidencia sus falencias. En la Nueva Mayoría algunos recalcan que el principal error de Peñailillo es que hasta ahora “no ha hecho valer en toda su magnitud su condición de bendito”. Es el jefe de gabinete, pero también “es el privilegiado de la Presidenta” y ese es un factor que, aunque a muchos no les guste –agregan–, significa tener un poder político que nadie más tiene en La Moneda, salvo Paula Walker, la directora de la Secom, pero en otro plano.

“Debe usarlo más”, debe “hacer sentir más ese poder”, “tiene que ser más rudo”, acotan. Dicen que le hace falta aún ese dejo de dureza y sangre fría que caracteriza a los buenos ministros del Interior, como lo fue en su minuto el Panzer, José Miguel Insulza, durante el gobierno de Lagos.

Este miércoles se vota en la Sala de la Cámara de Diputados el proyecto que cambia el sistema electoral binominal, una iniciativa que el ministro del Interior puso sobre la mesa, que ha dirigido y respecto de la cual ha ordenado los conflictos, y que sí o sí va a sacar adelante antes de fin de año, que esa certeza la da el protocolo que firmó el lunes en La Moneda con diputados que van desde Amplitud hasta Revolución Democrática y el PC, para la segunda fase postreforma, como fortalecer los partidos.

Afirman que este proyecto va a ser una buena prueba y reflejo de cómo ejercer el control político de la coalición, que la demostración estará en poder apagar los roces entre la DC y el PS por la indicación que prohíbe los subpactos, así como por lograr una votación en bloque y que se apruebe en el Senado la histórica reforma.

Así y todo, tiene críticos. Algunos parlamentarios de la Nueva Mayoría consideran que “está sobrevalorado” y que no se podía tapar con un dedo el “desorden político que había en la coalición” hasta que la Presidenta golpeó la mesa la semana pasada. “Es más que un tema comunicacional, hay falencias en el manejo político”, agregó un senador.

Sentencian que Eyzaguirre le quedó grande a Peñailillo. Hasta hace poco, el ministro del Interior había mostrado capacidad para traer de vuelta al redil los “intentos y amenazas” de desvío del programa de gobierno. Que su mejor momento en ese sentido fue –agregan en el gobierno– cuando zanjó y despejó las tensiones internas en la coalición que desató el fantasma de la política de los consensos tras el polémico protocolo de acuerdo para la Reforma Tributaria: “Quiero ser muy claro, la política de los consensos es de otra época, es de la época de la transición, aquí hoy nosotros somos mayoría, tenemos un mandato claro de la ciudadanía, llevar adelante un programa ambicioso y de cambios, y eso no está en duda, muy por el contrario, nosotros creemos que en la medida en que las reformas estructurales nunca pierdan el sentido de fondo, como es el caso de la Reforma Tributaria, no hay problemas en hablar y alcanzar los acuerdos con los distintos sectores”, dijo.

Pero después de eso vino la pugna soterrada con el ministro Eyzaguirre por la intervención al Mineduc para reorientar el curso de la reforma, la polémica entrevista en que éste relativizó la gratuidad de la educación limitándola a solo cuatro años, el ruido que causó que en forma inconsulta dejara que lo entrevistara un incumbente de la reforma: el rector de la UDP y columnista de El Mercurio, Carlos Peña.

Los defensores del estilo Peñaillilo precisan que en esas semanas era poco lo que el jefe del gabinete podía hacer, que Eyzaguirre es “un factor político por sí solo”, que su estilo inconsulto sería un dolor de cabeza para cualquier ministro del Interior y que “los responsables de los errores son los que los cometen”. Agregan un detalle no menor: que el ministro de Educación tiene línea directa con la Presidenta Bachelet, que él lo sabe, lo ejerce y que “ahí esta parte del problema”, porque hace difícil controlarlo.

Piedra en el zapato

No solo Eyzaguirre ha sido un tema. El timonel de la DC, Ignacio Walker, ha sido protagonista de la mayoría del ruido interno de la coalición, la voz distinta en la Nueva Mayoría, más de una vez amenazado por convivencia, todo bajo el argumento de la defensa de la identidad DC en el seno de una coalición de centroizquierda.

Todos los lunes Peñailillo encabeza un comité político con los timoneles de la Nueva Mayoría, cita donde –afirman– se hace siempre control político de la coalición. A eso se suma que uno de los equipos de trabajo del Ministerio del Interior lo encabeza Robinson Pérez, su mano derecha, y que lo integran algunos dirigentes políticos elegidos con pinzas en sus partidos: el PC Juan Andrés Lagos, el secretario general de la DC, Víctor Maldonado, y el PS Alberto Barrera, quienes hacen de “termómetro” de los partidos para el gobierno.



En La Moneda aseguran que es “injusto” atribuirle responsabilidad a Peñailillo o a Maldonado en las permanentes salidas de libreto de Walker. Que el tema con la DC pasa porque un sector de este partido, agregan en el gobierno y en la Nueva Mayoría, tiene “agenda propia” y que si el timonel DC tuviera a alguien de su confianza política en uno de los Ministerios políticos claves de Palacio, “habría actuado distinto, es algo que cada vez que puede lo hace saber y sentir y lo va a seguir haciendo”.

Hay quienes dicen que en este escenario ningún ministro del Interior habría logrado neutralizar a Walker, que hasta ahora el despliegue de Peñailillo con el timonel DC no ha sido malo, que ha logrado imponerse en más de una ocasión y que optó por la estrategia del “diálogo permanente”, las veces que sea necesario.

Hay otros que agregan que, a medida que avance el gobierno, viene el desafío mayor para el ministro, porque la relación con la DC se transformará en un verdadero juego de ajedrez. Por una parte, Peñailillo tendrá a su favor el punto de que Walker no es toda la DC pero, por otra, tendrá que “cuidar” al partido, a su directiva, no hacerla sentir arrinconada, como sucedió al principio del gobierno.

Pero más que Walker o incluso Eyzaguirre, uno de los principales ripios en la gestión de Peñailillo estos meses ha sido un hecho que nadie desmiente en el gobierno ni en la Nueva Mayoría a estas alturas y es que el comité político –entiéndase Interior, Segpres y Segegob–, como tríada de gestión política, no funciona.

La vocería de Elizalde es considerada, aunque funcional a los intereses de La Moneda, muy débil, lo que ha obligado a que sea el ministro del Interior el que marque los puntos comunicacionales relevantes para el gobierno, interviniendo públicamente un par de veces a la semana en los más variados temas.

Por otra parte, con la ministra de la Segpres, Ximena Rincón, la relación es al menos tensa, algo que no se oculta en La Moneda, una crispación que en buena medida se debe al perfil presidenciable de la secretaria de Estado DC y al hecho de que a Peñailillo ya varios lo miran de reojo como opción para el 2017.

En el gobierno expresan que la ministra Rincón sí hace “mucho trabajo parlamentario”, que ha sido un aporte en la tarea de estar en Valparaíso, de hablar con diputados y senadores, escucharlos, reunirse y que, en el caso de Elizalde, está “en proceso de ajuste aún”.

Pero esa no es una percepción compartida en el oficialismo, especialmente en el mundo parlamentario, donde recalcan que, si hay que hablar un tema con el gobierno, “se hace con Peñailillo”. Agregan que la ministra Rincón no ha cambiado el switch y que actúa todavía como senadora, sin tener los resguardos propios de un ministro de Estado.

Síguenos en El Mostrador Google News



Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director

Trato indigno

Envíada por Carlos Fernández Villablanca | 1 diciembre, 2022

Cartas al Director

Noticias del día

TV