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En RN hablan de un nerviosismo político gatillado por la encuesta CEP

Las razones de la “ansiedad” de Piñera y su apuesta por el derrumbe económico para volver a La Moneda

por 4 septiembre, 2014

Las razones de la “ansiedad” de Piñera y su apuesta por el derrumbe económico para volver a La Moneda
Desde el círculo más estrecho comentan que la impaciencia política del ex Mandatario ha sido alimentada por el síndrome de pérdida del poder. También dicen que “lo golpeó fuerte” haber dejado La Moneda y que aún “no asume”. Un hecho que es evidente y que se refleja en sus últimas apariciones.
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Los ex presidentes están de moda. Las últimas tres semanas han marcado el tono y el contenido del debate público, opinando de lo humano y lo divino en materia política y económica; todo desde esa plataforma que los ubica sobre el bien y el mal de la coyuntura por su condición de ex mandatarios. Así lo hizo Ricardo Lagos Escobar la semana pasada; y la anterior, Sebastián Piñera Echenique, aunque ambos –recalcan en sus respectivos sectores– con objetivos muy diferentes.

En la Nueva Mayoría, muchos vieron la crítica de Lagos Escobar en Icare a la falta de voluntad política en materia de concesiones como una necesidad del ex Mandatario de “marcar presencia”, de “hacerse sentir” y recordar el peso de su liderazgo. Pero en la derecha dicen que, en el caso de Piñera, su última arremetida, en el foro “Desafíos Políticos y Sociales en Chile” organizado por la Universidad de Los Andes, se debe a varias razones, aunque la principal radica en su apuesta política –afirman– a que las cifras económicas le jueguen una mala pasada a la administración de Michelle Bachelet y ello contribuya a potenciar sus opciones con miras al 2017.

Ya en marzo –en los días en que se alistaban para abandonar La Moneda– en el seno del piñerismo reconocían que la estrategia que desplegarían durante los siguientes cuatro años apuntaría en ese sentido: “Los pilares de su retorno (al gobierno) sobre la base del crecimiento económico y la generación de empleos, son los aspectos con los que apuestan a hacerle sombra y contraste a Michelle Bachelet”, precisó entonces uno de los más cercanos a Piñera.

Una de las primeras señales claras de ello fue el episodio a principios de julio, cuando Piñera aprovechó un foro internacional en España para criticar las reformas emblemáticas del gobierno de Bachelet. En dicha ocasión, acusó que “iban contra la filosofía de la libertad” y aseguró que, desde que la Presidenta había asumido, el crecimiento económico del país “ha caído a la mitad”.

Tanto la performance en España como la de ahora en agosto fueron mal evaluadas en privado en la derecha, la prueba está en que nadie de peso político real del sector salió a defenderlo a él y menos a la “obra de su gobierno”, cuando fue fustigado por el ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, quien le pidió actuar con “tino”, a la altura de un ex Mandatario y le recordó la lista de errores de su gestión –desde la Casen hasta la economía a la baja– con los cuales “destruyó las instituciones”.

Esa fue una arremetida que no fue bien vista en la derecha y que se consideró un error mayor del ex Mandatario, porque el mismo día que él fustigaba al gobierno desde el extranjero –algo que no es de muy buen gusto en términos políticos–, en Chile sus partidos firmaban en el Senado el protocolo de acuerdo para aprobar la Reforma Tributaria. Además de ganarse críticas generalizadas, solo consiguió en ese momento dejar en evidencia la soledad política en que se encontraba.

En la derecha, puntualmente en RN, explicaban en esos días que ese tipo de maniobras del ex Presidente responden a que tanto él como su círculo más estrecho creen que la actual desaceleración económica no será una condición pasajera, sino que marcará los cuatro años de Bachelet y que la Mandataria no logrará sortear bien tal escenario. Esa premisa sigue vigente hasta hoy en el piñerismo y es uno de los ejes rectores de sus acciones públicas.

Si se tiene en consideración que el manejo de la economía y la creación de empleos fue el caballito de batalla que usó Piñera desde La Moneda para dar una sensación de éxito, aun en los peores momentos de su mandato y cuando los niveles de aprobación habían pasado más abajo de un histórico 30%, tiene lógica que se quiera jugar la misma carta para tratar de catapultar su liderazgo y pavimentar su eventual regreso.

El punto es que en la derecha, más aún en RN, no todos comparten el diagnóstico ni tampoco la idea de que Piñera sea la única alternativa que tenga el partido para enfrentar las presidenciales del 2017. En la sede de Antonio Varas –salvo los piñeristas duros– dicen que es equivocada la apuesta del ex Mandatario de poner sus fichas en el mal manejo económico del gobierno, porque lo que vive el país “no es una recesión”, que nadie discute que este último cuatrimestre será el peor momento de la desaceleración, que el próximo año comenzará a revertirse y que todo apunta a que los dos últimos años de gestión de Bachelet estarán acompañados de un repunte económico y buenas cifras.

Esa visión está más en sintonía con las proyecciones oficiales, como las del Banco Central, que el miércoles confirmó el bajo crecimiento económico para este año, pero avizora un repunte para el 2015.

A pesar de aquello, en RN agregan que Piñera no escucha a nadie, no hace caso y que no hay nadie en su entorno que realmente golpee la mesa y lo contradiga para hacerle ver lo errado de su estrategia. Un rasgo que fue muy conocido y comentado mientras permaneció en La Moneda y que a todas luces no ha cambiado.

LA ANSIEDAD

La última encuesta CEP se dio a conocer el jueves 14 de agosto y si bien el foco se puso en los magros resultados que obtuvo el apoyo a la reforma educacional, el sesgo de algunas preguntas y la suspicacia colectiva que se instaló porque el centro de estudios está en manos de Harald Beyer –el destituido ex ministro de Educación de Piñera–, el sondeo arrojó un pésimo escenario para la derecha.

Sólo un 12% se identifica con la derecha y un 13% con el centro, mientras que un 21% con la centroizquierda. Un 44% desaprueba la forma en que desde la oposición se ha desempeñado dicho rol opositor y un 40% rechaza el papel que ha jugado la Alianza puntualmente.

No solo eso, la encuesta tampoco significó buenas noticias para Piñera. La CEP rompió el mito de que el ex Presidente había logrado terminar su gobierno con un buen piso de apoyo ciudadano, cercano al 50%, y aterrizó los números: solo un 37% respalda lo que hizo desde La Moneda, muy por debajo de la evaluación superior al 70% que, a igual fecha de haber dejado el gobierno, tenían Lagos y Bachelet tras su primer mandato.

Esas no fueron las únicas noticias malas para el ex Presidente. Según la CEP,  los senadores RN Manuel José Ossandón y Andrés Allamand, quedaron instalados como verdaderos obstáculos en el camino de Piñera por intentar un regreso el 2017.

Ossandón resultó ser el personaje de la derecha mejor evaluado, con un 38%, misma cifra que obtiene Piñera, pero con esta gran diferencia: el senador tiene un 19% de rechazo y el ex Mandatario un 27%. Les sigue a ambos Allamand, quien además subió 8 puntos –del 24% al 32%– en su evaluación positiva, el doble de lo que logró Piñera.

En RN saben que al ex Presidente le “enervó” este escenario y agregan que la errática crítica que hizo al gobierno de Bachelet en el foro de la Universidad Los Andes el 20 de agosto –justo una semana después de la encuesta–, se debió precisamente a “la ansiedad” y al “nerviosismo” que le provocó la CEP, al constatar que no es la “única alternativa” para la derecha. “Lo puso nervioso, lo hizo hablar de más y se equivocó”, sentenció un alto dirigente de Renovación.

Esa ansiedad, agregan en la derecha, ha sido alimentada por el síndrome de pérdida del poder. Así lo han comentado los cercanos a Piñera y se ha hablado, en el seno de la derecha, que “lo golpeó fuerte” haber dejado La Moneda, que “no asume” y que –agregan– eso es evidente por su modo de actuar.

Tanto la performance en España como la de ahora en agosto fueron mal evaluadas en privado en la derecha, la prueba está en que nadie de peso político real del sector salió a defenderlo a él y menos a la “obra de su gobierno”, cuando fue fustigado por el ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, quien le pidió actuar con “tino”, a la altura de un ex Mandatario y le recordó la lista de errores de su gestión –desde la Casen hasta la economía a la baja– con los cuales “destruyó las instituciones”.

Los únicos que realmente han salido a defenderlo son su hija y ex asesora, Magdalena Piñera, y su primo y ex ministro, Andrés Chadwick. Sí, en la derecha se hicieron declaraciones públicas, pero de rigor, de buena crianza. No hubo una defensa de bloque ni potente del sector que sustentó al gobierno anterior. Igual en la oposición se considera que a Peñailillo se “le pasó la mano”, porque una cosa son los problemas y errores reales que hubo, y otra distinta –añaden– es destruir las instituciones.

“En RN un 20% es piñerista duro, pero el otro 80% del partido no lo es y les gustaría que como ex Presidente se dedicara mejor a viajar por el mundo, que abrace la causa de ayudar a buscar una vacuna para el Ébola, que defienda al país ante Perú, pero no debería hablar más por un buen rato”, recalcó un miembro de la mesa del partido.

Ese mismo 80%, agregan, está feliz con las cifras obtenidas por Allamand y en especial por Ossandón, algo que fue comentado y celebrado en una comida esta semana, la que reunió al ex timonel Carlos Larraín con quienes lo acompañaron en su gestión los ocho años a la cabeza del partido.

Ambos senadores mantienen vigente una alianza político-estratégica para defender la “institucionalidad” del partido, su perfil, sello, y que no sea abducido ni eclipsado por el piñerismo. No es gratuito, por lo mismo, que lo dos parlamentarios estén desplegados en regiones para explicar la postura de la colectividad ante la reforma educacional, como una forma de apuntalar –afirman– la conducción del presidente, Cristián Monckeberg.

En RN atribuyen el crecimiento de Allamand a que es evidente que su mejor rendimiento es cuando deja el papel confrontacional y aparece “el hombre de los consensos, el que encarna a la derecha democrática, dialogante” y no la que niega la sal y el agua. De Ossandón, dicen que tiene las mejores perspectivas de crecimiento, porque es “un liderazgo nuevo”, es el que “más amenaza a Piñera y lo sabe”.

No es gratuito que Allamand apareciera en días pasados haciendo guiños en este sentido, marcando públicamente sus diferencias con el estilo de Piñera, considerando una “reyerta” menor el episodio del ex Mandatario y advirtiendo que la centroderecha “se equivoca al calibrar mal el verdadero poder político” de Bachelet, que no hay que olvidar que es la única que “ha sido reelecta”.

Cuando salió de La Moneda, Piñera se atrincheró en su Fundación Avanza Chile, que en RN le dicen que “no avanza nada”, que solo ha acrecentado las distancia con el partido. Por eso, con este nuevo escenario, tampoco fue casual que, con posterioridad a la CEP, Piñera optara por un intento de acercamiento con su ex partido, cuando llegó a una cena que RN ofreció a los ex ministros de la colectividad.

Eso fue visto en la tienda como un “gesto”, pero pese a ello recalcan que la situación con el ex Presidente dista mucho de ser buena.

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