El poco ortodoxo saludo navideño que circula en la DC
«Si no se reconoce nuestra identidad y diversidad, si se olvidan nuestros propios valores e intencionalmente se nos quiere arrinconar en temas tan sensible relacionados con los derechos de las familias y la vida, como son los proyectos sobre aborto, eutanasia, y otros, tendremos obligatoriamente que alzarnos porque se afecta nuestra esencia misma de cristianos y cristianas», dice una misiva firmada por un grupo de militantes «colorines».
Nadie duda que las aguas están movidas en el oficialismo, especialmente en los partidos clave de la coalición, la DC y el PS, que dentro de poco enfrentarán sendas competencias electorales internas. En la DC circula un saludo navideño bastante poco ortodoxo, firmado por un connotado grupo de militantes “colorines”, en el cual se emite un severo juicio a la postura del partido en la coyuntura actual y las relaciones con el gobierno.
“Estamos viviendo tiempos difíciles, con incertidumbres, pero a la vez de alegrías y esperanzas. Hay inquietud por los cambios que se vienen promoviendo por nuestro gobierno, transformaciones estructurales que por cierto apoyamos y que se encuadran en un nuevo paradigma, en una época plena de novedades’ dicen, tarea a la que los autores del documento se sienten convocados, para contribuir a ella “de acuerdo a sus valores humanistas y comunitarios”.
Pero esa obra, dicen, no puede ser impuesta pues ella va más allá de los cuatro años de gobierno y “debe adaptarse a los ritmos de un país que es plural, en el que conviven diversas expresiones políticas y (de)una evidente pluralidad cultural. Un país plurinacional (…) con una historia de varios siglos, de éxitos, realizaciones, pero también de fracasos y frustraciones.” Debemos aprender de la historia, sostienen, agregando que “Los cambios profundos sin acuerdos, son pan para hoy y hambre para mañana.”
Abiertamente afirman que no les gusta el “hiper presidencialismo, que ejercido en toda su profundidad, concentra el poder ejecutivo y legislativo en pocas manos, relegando al Parlamento, a los partidos y a las organizaciones sociales a un lugar menor”, y dicen que el descrédito de la política proviene del hecho que “la democracia representativa no está funcionando, adecuadamente”. “La diferencia entre la buena democracia y sus formas imperfectas y las dictaduras, es que en estas últimas, la oposición de cualquier tipo es calificada de sospechosa y difamada”.
Nueva Constitución y Reforma Laboral
El documento opta por una nueva Constitución “pero no escrita en una hoja en blanco, sino en un texto que recoja nuestra evolución constitucional, incorpore el contenido de todos los tratados internacionales sobre derechos humanos; así no se fracturará la sociedad. Se requiere participación efectiva, tiempo suficiente para pensar en común, aplicación responsable a las materias institucionales.”
Sostiene además que “No le debemos temer a los cambios en la legislación laboral. Chile necesita un nuevo Código del Trabajo, que nos aleje del modelo neoliberal. Y agrega que “Chile reclama y no quiere que se continúe hablando de las llamadas ‘industrias de las pensiones, de la salud y de la educación’, queremos verdaderos derechos familiares y sociales y no una industria de los mismos”.
Con una cita del Papa Francisco el documento se refiere a la paz social:
«Sería una falsa paz aquella que sirva como excusa para justificar una organización social que silencie o tranquilice a los más pobres, de manera de que aquellos que gozan de los mayores beneficios puedan sostener su estilo de vida sin sobresaltos mientras los demás sobreviven como pueden. Las reivindicaciones sociales, que tiene que ver con la distribución, la inclusión social de los pobres y los derechos humanos no pueden ser sofocados con el pretexto de construir un consenso de escritorio o una efímera paz para una minoría social feliz».
El documento, con el pie de firma de Hernán Bosselin; Felipe Delpin, Enzo Pistacchio, Ramón Briones y Marcelo Ortiz, finaliza con un enfoque crítico de la coalición oficialista. «Nuestra pertenencia a la Nueva Mayoría –dice- no ha sido del todo satisfactoria; por cuanto algunos miembros de esta tienen fuertes tendencias hegemónicas; de ellos y nosotros dependerá que se puede continuar trabajando juntos. Si no se reconoce nuestra identidad y diversidad, si se olvidan nuestros propios valores e intencionalmente se nos quiere arrinconar en temas tan sensible relacionados con los derechos de las familias y la vida, como son los proyectos sobre aborto, eutanasia, y otros, tendremos obligatoriamente que alzarnos porque se afecta nuestra esencia misma de cristianos y cristianas».