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Lagos y la imposibilidad de mirar a futuro de la política chilena: “Estamos atrapados entre dos grandes coaliciones” Culpa a la derecha y a la izquierda de no adaptarse a un nuevo escenario

Lagos y la imposibilidad de mirar a futuro de la política chilena: “Estamos atrapados entre dos grandes coaliciones”

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“La falta de legitimidad de la clase política es un gran problema, porque, junto con degradar la función pública, también contamina al aparato del Estado. Una vez instalada la sensación de que todos son aprovechadores, oportunistas o sinvergüenzas, es imposible que la política y el Estado puedan atraer a los mejores. Por lo mismo, es muy importante regular el financiamiento de la política y de las campañas. Es un tema delicado y que ha hecho mucho daño”, expresa el ex mandatario.


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El ex Presidente Ricardo Lagos tiene un duro diagnóstico respecto de la política que se hace en el país, la cual ha perdido el foco al no hablar del futuro, análisis que –a su juicio– se debe a que “estamos atrapados entre dos grandes coaliciones”, culpando tanto a la derecha como a la izquierda de no haber sabido acomodarse a la nueva situación que se vive.

En entrevista publicada por La Tercera, Lagos explica que el país y la sociedad han cambiado, lo cual se demuestra con lo deslegitimizada que está la actividad pública y que, a su parecer, es preocupante.

“Las encuestas son muy claras a este respecto y los niveles de aprobación de los partidos, del Parlamento, son deprimentes. Un 4% en un caso, 6% en el otro. Su propio diario publicó a mediados de mes una encuesta mundial Gallup de la confianza de la ciudadanía en sus gobiernos. La medición es entre el 2006 y el 2013. Y el cuadro es dramático. Uno podría entender que la confianza caiga en Grecia, en Chipre o en España, porque con la crisis se les vino el mundo abajo. Pero es difícil entender que la confianza también caiga en Dinamarca o en Chile. Como ve, no estamos en mala compañía. El problema es que todos caen, Finlandia incluido, que era la joya de la corona. Esto es nuevo y obliga a replantearnos. El sistema democrático está siendo sobreexigido. Los ciudadanos hoy saben más y quieren más. Y por supuesto que es cada vez más difícil contentarlos”, explica.

Sobre su análisis, el ex mandatario señala que “lo atribuyo a que estamos demasiado atrapados entre dos grandes coaliciones. En otra época, los partidos eran instancias, miradores, proyectos de futuro. ¿Qué si no eso eran los libros que escribió un Frei Montalva, qué si no eso fue la decisión suya de fundar un partido? Otro tanto ocurría en la izquierda. Por desgracia esto se ha perdido. Cuando la política cotidiana se queda sólo en la coyuntura es fácil que se convierta en una cadena de cositas. Cositas que no están inscritas en un gran proyecto. Por eso yo reivindico los grandes desafíos. Por eso hablo de temas como las megaciudades. ¿Cómo no nos va a cambiar la vida si tú te demoras lo mismo al aeropuerto viviendo en Curauma, en Valparaíso, que en Macul o La Reina?”.

Lagos también se enfoca a dar una mirada a lo difícil que está costando gobernar el país en la actualidad, reiterando que se hace complejo cuando las sociedades quedan atrapadas con cierta rigidez entre dos coaliciones y “eso nos ha estado ocurriendo en Chile. Mi impresión es que aquí, especialmente este año, no nos hemos acomodado a la nueva situación. No lo ha hecho la derecha y tampoco la izquierda”.

Y agrega que “el empresariado tenía la sensación de que había un candado en el Congreso. Había que llegar a un acuerdo con la derecha respecto de cada proyecto de ley. Lo sé por experiencia propia. Cuando mandé al Parlamento el proyecto del Auge estuvo a punto de naufragar. Nuestra idea era que al financiamiento de las prestaciones de este programa acudieran solidariamente las isapres. No hubo caso. Quise después financiarlo con impuestos especiales. Para eso tampoco tuvimos quórum. Terminamos aumentando en un punto el IVA. Preferí eso a no tener Auge. Sin embargo, así como a la derecha le ha costado acostumbrarse a que ahora ya no hay veto, creo que muchos en la Nueva Mayoría tampoco entienden que no basta tener los votos del Parlamento, porque en una democracia las hoy mayorías pueden ser minorías mañana, lo cual hace muy peligroso sacar las leyes importantes, reformas trascendentes, sólo por un par de votos”.

Por tal razón, explica ser partidario de los acuerdos, porque “mi contraparte sabe que si no llega a acuerdo yo le puedo pasar la aplanadora. Antes, si yo no llegaba a acuerdo, no tenía ley. Ahora, si no tengo acuerdo, puedo hacer valer la mayoría. Creo que es importante reivindicar los acuerdos, porque son parte de la estabilidad de un país. Lo contrario es dejar expuestas las reformas a los eventuales cambios de la mayoría mañana. Aquí lo que se requiere es estabilidad. Hay ciertas normas, especialmente aquellas relativas a cómo resolver nuestras diferencias, en que es mejor llegar a acuerdos”.

Lagos también les mete presión a los partidos políticos al señalar que “hoy, en cierto modo, estamos volviendo a la plaza de Atenas y las redes sociales están interpelando directamente a los gobernantes. La interlocución con ellos, que antes estaba mediada por los partidos, por los congresistas, ahora volvió a ser directa, como en la Grecia clásica. Uno todavía no termina de decir lo que quiere y ya puede estar siendo arrinconado, zurcido o cuestionado en las redes sociales. Hoy todos emitimos opinión y todos recibimos opinión. Los partidos dejaron de mediar. Es más: los partidos simplemente ya no pueden interpretar el sentir de la ciudadanía respecto de ciertos temas. Cuando concebimos la Costanera Norte, la oposición de los vecinos del sector de Pedro de Valdivia Norte, por ejemplo, fue cerrada y nos obligó a llevar el proyecto por debajo del río. ¿Podrían los partidos haber interpretado esta oposición o haber sido parte de la solución a que llegamos? Yo creo que no. Los partidos no son para eso y este tipo de dilemas, que son públicos, pero no ideológicos, son cada vez más frecuentes”.

En este sentido, menciona que, a pesar de que no conoce aún un sistema democrático que funcione sin partidos políticos, “a lo que voy es que hay circunstancias en las cuales los partidos son incapaces de recoger las demandas de la ciudadanía. Siempre he pensado que nos faltan en el sistema institucional instancias de mediación y puertas de salida. En Uruguay inventaron una y la ciudadanía puede, cumplidas ciertas exigencias cuantitativas, derogar una ley. En otros lados se contempla la posibilidad de referéndums revocatorios a mediados del mandato. En general, no tenemos mecanismos probados o estandarizados para canalizar las demandas ciudadanas y prevenir las protestas en la calle. En esto –hay que tenerlo claro– nada es gratis. No sé si voy a buscar el óptimo para el país si la ciudadanía mañana puede derogar una ley que yo propuse. No sé si pueda gobernar tranquilo a comienzos de mi mandato si sé que a corto andar me pueden revocar; eso significa que el presidente va a seguir en campaña. La cátedra confía a veces mucho en los plebiscitos, pero tengo mis dudas acerca de si podemos apelar a ellos para decidir como los suizos hasta qué tipo de queso queremos producir”.

Finalmente, hace un llamado a dignificar la política, debido a que “la falta de legitimidad de la clase política es un gran problema, porque, junto con degradar la función pública, también contamina al aparato del Estado. Una vez instalada la sensación de que todos son aprovechadores, oportunistas o sinvergüenzas, es imposible que la política y el Estado puedan atraer a los mejores. Por lo mismo, es muy importante regular el financiamiento de la política y de las campañas. Es un tema delicado y que ha hecho mucho daño”.

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