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Opinión

El repentino estrés de Burgos

por 9 junio, 2016

El repentino estrés de Burgos
Es inevitable hacer una lectura política de las razones del alejamiento de Burgos. Si mantenemos el beneficio de la duda y hacemos fe de las razones esgrimidas por el ex ministro, la explicación es aterradora para un ciudadano común. Además, es el segundo personaje con altas responsabilidades que se retira a descansar, agotado: el otro fue Longueira cuando era candidato presidencial.
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Partamos porque esta es una renuncia muy extraña. Un ministro que argumenta estrés ante la Presidenta y, en menos de dos horas, tenemos al reemplazante firmando en Palacio. Una curiosa coincidencia que el ex embajador se encontrara justo en Chile. La verdad es que la puesta en escena fue mala y poco creíble. Es inevitable hacer una lectura política de las razones del alejamiento de Burgos. Si mantenemos el beneficio de la duda y hacemos fe de las razones esgrimidas por el ex ministro, la explicación es aterradora para un ciudadano común. Además, es el segundo personaje con altas responsabilidades que se retira a descansar, agotado: el otro fue Longueira cuando era candidato presidencial.

Tengo la impresión de que Bachelet no solo estaba esperando esta renuncia hacía rato, creo que además la anhelaba. De lo contrario, se habría quedado sin repertorio conductual y de seguro habríamos estado con Aleuy de ministro (s) por al menos un par de días.

Para nadie es un misterio que, a partir del viaje secreto de la Mandataria a La Araucanía, en diciembre del año pasado, se produjo un quiebre en la relación difícil de recomponer. Recordemos que, además de las declaraciones políticamente incorrectas de Burgos, para manifestar su molestia por no haber sido consultado, dirigentes de su partido señalaron que los habían “ninguneado” y se declararon “desafectados” con el Gobierno. Para cerrar el episodio, el ex secretario de Estado se dio un gustito que debe haber sacado ronchas a Ana Lya Uriarte –con quien Burgos mantuvo una disputa permanente– y a la propia Jefa de Estado: pasar el Año Nuevo en una comisaría en Pidima –en la región a la que no fue invitado en la gira del 29 de diciembre– como una vuelta de mano.

Es cierto, la Presidenta trató de salir jugando rápido: necesitaba dar una señal de control y autoridad. Pero creo que le faltó un poco de tiempo para evaluar el impacto que su nuevo ministro puede traer en el sector más liberal del bloque oficialista. Ojalá esto no termine en un nuevo autogol, como la querella contra Qué Pasa.

A lo mejor el estrés tampoco le permitió a Jorge visualizar que su frase “no somos un Gobierno de billetera fácil” agudizaría más el conflicto de Chiloé. Seguramente también le faltó energía para salir a defender a la ciudadana Michelle Bachelet en el episodio de la querella: ni una palabra, ni una frase de respaldo del jefe del Gabinete. La salida de Burgos era un tema de tiempo. Ojalá se recupere pronto. Si quiere volver a la política –como han declarado todos sus camaradas– deberá tener una salud impecable. Si a la DC se le ocurre postularlo a candidato presidencial, el episodio del estrés va a ser usado en su contra: es inevitable.

Pero, como dice el refrán, a rey muerto, rey puesto. Vamos a Mario Fernández, el casi clarividente embajador que tuvo la ocurrencia de venirse a Santiago el sábado.

No tengo dudas de su capacidad política: ha sido subsecretario de Aviación y de Guerra, ministro Secretario General de la Presidencia y de Defensa. Por currículo, un hombre muy adecuado para ejercer un cargo tan difícil –y estresante– como el de ministro de Interior. Además, es un hombre que busca los consensos, un fiel representante de la ex Concertación: los Correa, Zaldívar, Alvear, Gutenberg deben estar felices. El problema es si Fernández será capaz de conducir la etapa “de las terminaciones” de la obra gruesa, como anunció una alicaída Presidenta en la ceremonia del traspaso flash de mando.

No cabe duda que Michelle Bachelet debe estar, por ahora, contenta con el cambio. El nuevo ministro es más cercano –amigo– a ella. Seguramente le tiene confianza, cosa que con Burgos era evidente que no, al menos en la última etapa. Pero no sé si en la designación alcanzó a visualizar que este hombre extremadamente conservador –se opuso al divorcio y a la píldora del día después y ha declarado cumplir lo que dice el cardenal, sin cuestionarlo– va a tener que retomar el proyecto que despenaliza el aborto en tres causales, detenido transitoriamente. También tendrá que hacerse cargo de la petición de Iguales y el Movilh a la Mandataria, respecto a impulsar la iniciativa de matrimonio igualitario. Si la relación entre la NM y Revolución Democrática pendía de un hilo, creo que ahora terminará de cortarse cuando se inicie la discusión pública de estas mociones.

Es cierto, la Presidenta trató de salir jugando rápido: necesitaba dar una señal de control y autoridad. Pero creo que le faltó un poco de tiempo para evaluar el impacto que su nuevo ministro puede traer en el sector más liberal del bloque oficialista. Ojalá esto no termine en un nuevo autogol, como la querella contra Qué Pasa.

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