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Escribió el texto para hacerle contrapeso a la propuesta de Gabriel Salazar

Pablo Ruiz-Tagle y su nuevo libro: “No, no estamos viviendo bajo la Constitución de la dictadura de Pinochet”

por 6 noviembre, 2016

Pablo Ruiz-Tagle y su nuevo libro: “No, no estamos viviendo bajo la Constitución de la dictadura de Pinochet”
Según el abogado, la actual Carta Magna es muy distinta a la concebida por el dictador, aunque se parecen en el aspecto dogmático, “en la parte de los principios, que contiene los derechos de las personas y en la distribución de ideas que hay entre cómo nos vinculamos a la sociedad y el Estado”. Asegura que, a pesar de ser la Carta Fundamental más reformada en la historia, todavía tiene un largo camino por recorrer: “A la Constitución española de 1978 se le hicieron mil cambios; nosotros llevamos cerca de 300, así que todavía nos queda la mitad, al menos”. En su nuevo libro, discute acerca del momento constitucional que vive actualmente Chile.
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“El problema es que la propuesta de Salazar entronca con un modelo que no acepta los supuestos básicos de la democracia constitucional, y en ese sentido su proyecto es en verdad una alternativa utópica que no reconoce el valor de integración social, cultural y económica que ha proporcionado en nuestra historia la multiplicidad de formas políticas y sociales en que se ha encarnado en Chile, el proyecto republicano”, consigna el libro Cinco repúblicas y una tradición, escrito por Pablo Ruiz-Tagle.

El propósito de la publicación era hacer un contrapunto “frente a toda esa gente que dice que en Chile nunca hemos tenido democracia, ni república ni nada; que toda nuestra historia es una historia de abuso y dominación”, apunta el abogado, que tomó el libro de Salazar, En el nombre del poder popular constituyente, y quiso hacer algo parecido, “tratando de hacerlo en un lenguaje sencillo, que llegue a los jóvenes”.

En el texto, el doctor en derecho argumenta que en Chile existe un poder constituyente radicado en el Presidente y en el Parlamento, pero también lo que se puede llamar un poder de control constitucional constituyente. “Sin siquiera considerar la existencia de estos mecanismos de control constitucional, algunos voluntariosos del cambio de nuestra Carta Fundamental han llegado a proponer, casi en un estado de misticismo faccioso y jacobino, cambiar la Constitución por las buenas o por las malas, imponer una Constitución por decretazo”, escribe.

-Su libro está dedicado a analizar el republicanismo constitucional chileno, en su organización del poder del Estado, la estructura de los derechos y sus sujetos políticos principales. Y llama la atención que, por diferentes que son cada una de las repúblicas, usted habla de “una tradición”.
-Sí, pues hay una cierta continuidad, una tradición en el sentido que se han buscado fórmulas republicanas que implican someter el poder público y privado al derecho, y fomentar el sufragio, como también promover la educación pública. Es decir, hay rasgos comunes, que se remontan hasta 1810.

-También señala que muchos de los que hablan de una Asamblea Constituyente todavía no producen un texto que defina en qué términos va a realizarse. ¿En qué circunstancias se debería materializar esta alternativa?
-Si se va a hacer hay que tener buenas razones y hacerla de una forma que sea de acuerdo con el derecho y con el apoyo de las grandes minorías, y no como un grupo iluminado, que al final de cuentas no tiene gran diferencia con el iluminado que puede ser un grupo que da un golpe de Estado, o un grupo tal como los Chicago Boys, o como pueden ser los jacobinos, que se creían dueños de la voluntad popular y que veían al resto como enemigos. Eso en Chile lo hemos visto muchas veces y también lo vemos hoy, en mi libro me levanto contra esa idea. La Asamblea Constituyente tiene muy buenas razones para ser promovida cuando hay problemas de legitimidad en las instituciones representativas, cuando no se quiere que el Congreso concentre mucho poder.

-¿Cómo evalúa el desempeño de Bachelet en materia constitucional?
-Creo que lo ha hecho con un sentido muy grande de responsabilidad; quizás, yo le habría recomendado que la energía que tuvo al inicio de su gobierno la usara para hacer el cambio constitucional y no para discutir la reforma tributaria y educacional; pero ella tomó una decisión distinta y creo que el camino por el que vamos es un camino positivo. Tendrá dificultades, pero quizás con toda esa energía que había al comienzo se podrían haber hecho las cosas más rápido en materia constitucional, pero la derecha, que también es importante, quizás no se habría embarcado en el proyecto. En cambio ahora, después de los encuentros locales y regionales, hay mucho más discusión interna en la derecha: están más proclives a hacer una modificación sustancial de la Constitución, mediante los caminos republicanos y democráticos.

-Entre las razones que usted enumera, que justifican una nueva Constitución, se encuentra el origen en dictadura, el hecho de que no se garantizan derechos sociales como la educación y, también, que no reconoce a los pueblos originarios. ¿Cuál es, por así decirlo, la más grave?
-Es difícil ponerle un barómetro, una medida. Yo creo que la Constitución tiene cosas muy negativas, pero yo no tengo una receta, un algoritmo, para decir 'tenemos que partir por tales temas'. Incluso en el libro propongo una vía de reformas parciales, el tema del agua, la descentralización, el combate con el nepotismo, cosas que podrían reformarse en la Constitución sin cambiarla por entero, y al mismo tiempo avanzar hacia una conversación y un diálogo constitucional para cambiar de manera total la Constitución. Se debe avanzar tanto a nivel de reformas parciales como de reformas totales. No tengo ni una bala de plata ni creo en un Santa Claus constitucional, ni que alguien tenga el diseño completo. El que lo tenga, quiere decir que está equivocado, porque eso debe ser un proceso de conversación colectiva, deliberativa, participativa.

-¿En qué sentido se puede decir que la actual Constitución es herencia de la dictadura?
-A ver, yo en verdad sostengo algo que es, digamos, un tanto distinto: nosotros no estamos viviendo bajo la Constitución de la dictadura de Pinochet, estamos viviendo bajo la Constitución que se adoptó en las transacciones políticas y en los plebiscitos del año 89 y 90. Esa no es la Constitución de Pinochet; es distinta. Se parecen, sin embargo, en el aspecto dogmático. Recordemos que las constituciones tienen dos partes: una es la que se considera ideológica, la de los principios, que contiene los derechos de las personas: esa es la parte dogmática e ideológica (ahí se parecen mucho); y está la otra parte, que es la parte orgánica, de organización del Estado, y la mayor parte de las reformas que ha tenido esta Constitución, cerca de 300, han afectado en su mayor parte a la estructura del Estado.



-¿Cuánto queda para el advenimiento de la “Sexta República”?
-Deberíamos acercarnos a ese proyecto, de tener un Estado social y democrático y una Constitución para el bicentenario, cerca del año 2018… Sería muy hermoso que todos pudiéramos decir “estamos más tranquilos, tenemos un sentido patriótico mayor”. Ese es el verdadero patriotismo. No solo las empanadas, el vino tinto, la cordillera y sus hermosas mujeres.

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