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Escándalo en el Hospital San Borja: oncólogos reconocen que “todos los pacientes ven retrasadas sus terapias”

por 8 agosto, 2018

Escándalo en el Hospital San Borja: oncólogos reconocen que “todos los pacientes ven retrasadas sus terapias”
Pese a que ayer en la tarde el Minsal defendió el procedimiento del protocolo en el recinto hospitalario, anunció un plan de reforzamiento en el servicio de oncología, cuyos graves problemas fueron desnudados en una misiva que un grupo de especialistas le hizo llegar al director, Patricio Vera, en mayo. "Nos hemos cuestionado como oncólogos cuántos de los que han recaído de estas terapias retrasadas son realmente producto de la agresividad biológica de su tumor o la ineficacia creada por la tardanza en los intervalos de sus quimioterapias, todo lo anterior causado por la frágil y pequeña infraestructura”, señala la carta a la que tuvo acceso El Mostrador.
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El 22 de mayo un grupo de especialistas de oncología del Hospital San Borja Arriarán (HCSBA), redactó una carta que tenía como destinatario al director del recinto, el doctor Patricio Vera. En la misiva se advierte resignación, pero también un sistema que funciona de forma precaria cuando se debe tratar a pacientes con enfermedades tan agresivas como el cáncer.

Como publicó El Mostrador a mediados de julio, médicos del hospital se percataron de que la aplicación de medicamentos oncológicos en decenas de pacientes no estaba cumpliendo con el protocolo establecido para ese tipo de tratamiento. En vez de recibir quimioterapia a través de un catéter de vía venosa central –que es lo que establece el Auge–, se utilizó vía periférica, una opción menos segura y más dolorosa.

Sin embargo, en la carta a la que tuvo acceso El Mostrador y que es firmada, entre otros, por el jefe de Oncología, César del Castillo, y 16 funcionarios más, los especialistas reconocen, además, que se podría estar afectando la eficacia del tratamiento de los pacientes oncológicos, entre las que se encuentran aquellas mujeres que reciben quimioterapia por cáncer de mama.

La misiva expone que existe una situación “crítica” que está afectando al recinto, que tiene un contexto reciente: los ingresos de pacientes nuevos aumentaron de 233 a 519 en 2018, haciendo cada vez más difícil enfrentar los desafíos de las enfermedades que están protegidas por el Auge: “Todos los días, todos los pacientes ven retrasadas sus terapias, tanto el primer ciclo como los intervalos entre ciclos (definidos por protocolo, para seguridad y eficacia), lo anterior debido al déficit en horas de enfermería, de sillones disponibles, falta de medicamentos en farmacia oncológica, falta de camas disponibles en Servicio de Medicina, falta de horas de control médico oportunas (las programadas están saturadas)”, detalla la carta.

En las líneas expresadas por el grupo de médicos también se lee que incluso las horas de extensión horaria de enfermería están colapsadas y añaden una situación más grave: “Están todas ocupadas por pacientes ya retrasados en sus tratamientos (los pacientes ambulatorios se retrasan 4 días y los hospitalizados a veces 10 días, todo lo anterior afectando la eficacia de las terapias). Nos hemos cuestionado como oncólogos cuántos, de los que han recaído de estas terapias retrasadas, son realmente producto de la agresividad biológica de su tumor o la ineficacia creada por la tardanza en los intervalos de sus quimioterapias, todo lo anterior causado por la frágil y pequeña infraestructura”, señala la carta que El Mostrador reproduce en forma íntegra y donde los médicos también cuestionan estar no respondiendo a las demandas del Plan de Acceso Universal con Garantías Explícitas (Auge).

Ser Auge

De las pacientes que recibieron tratamiento Auge el último año por cáncer de mama, estaba Gloria. Falleció el 22 de abril y su hijo Alejandro (nombre ficticio, ya que pidió mantener en reserva su identidad) cuenta que, pese a que las terapias para tratar el cáncer grado 4 de su mamá no sufrieron intervalos, sí dieron una pelea diaria para comenzar el tratamiento. “Me da miedo pensar cuánta gente ha muerto por estos procesos. Tuvimos que ir dos o tres personas y nadie nos atendía. Si no fuera por una señorita que estaba en el primer piso (del San Borja), jamás habrían empezado las quimioterapias de mi madre. Yo soy ingeniero biomédico y lo que veía ahí era mala atención, un desastre monumental”, relata.

La misiva expone que existe una situación “crítica” que está afectando al recinto, que tiene un contexto reciente: los ingresos de pacientes nuevos aumentaron de 233 a 519 en 2018, haciendo cada vez más difícil enfrentar los desafíos de las enfermedades que están protegidas por el Auge: “Todos los días, todos los pacientes ven retrasadas sus terapias, tanto el primer ciclo como los intervalos entre ciclos (definidos por protocolo, para seguridad y eficacia), lo anterior debido al déficit en horas de enfermería, de sillones disponibles, falta de medicamentos en farmacia oncológica, falta de camas disponibles en Servicio de Medicina, falta de horas de control médico oportunas (las programadas están saturadas)”, detalla la carta.

Según cuenta Alejandro, su mamá fue diagnosticada en diciembre y recién en febrero comenzó a recibir el tratamiento, solo después que casi todos los miembros de su familia insistieran ante el hospital para ello.

Uno de los temas que diferencia al sistema privado del público en crisis, es el uso de catéter, sobre todo para las quimios “rojas”, como las llaman los pacientes. Estos son los medicamentos más fuertes y son recibidos en las primeras 4 sesiones. Por la agresividad de los fármacos, se requiere un catéter central. Jessica Araya cuenta que ella –que vive con un cáncer grado 3– tuvo que enfrentar esas primeras cuatro quimioterapias directamente en la mano. “Me dolió mucho, porque quema... la explicación que me dieron era que estaban de vacaciones. Era mes de enero y febrero y no había personal. Me diagnosticaron en noviembre y a fines de diciembre empecé con las quimios”, cuenta Jessica, a quien le ofrecieron finalmente el catéter al haber terminado esas 4 quimioterapias.

Ana Barrientos, que lucha con un cáncer grado 2, afortunadamente enfrentó las primeras quimios más duras con catéter. Ante la falta de especialistas para instalarlo en el Hospital San Borja Arriarán, consiguió que lo instalaran en otro recinto asistencial, ya que trabaja en el área de la salud. Aunque dice que recibió el tratamiento de forma impecable, esto no habría sido posible sin sus contactos.

En un comunicado de prensa dado a conocer ayer en la tarde, el Ministerio de Salud señaló que el uso de catéter central con reservorio es parte de la Garantía de Oportunidad de tratamiento y está considerada para un 30% de los tratamientos en su totalidad (canasta). “En el HCSBA se le implanta a un 70% de los pacientes en algún minuto del transcurso del tratamiento quimioterápico. La recomendación de la evidencia científica y de la Subsecretaría de Salud Pública, es que la vía de acceso para la administración de las drogas es de criterio clínico con una mirada integral y no una exclusividad para la vía central”, señalaron desde esa cartera, donde además anunciaron que tomarán medidas administrativas y trabajarán sobre un plan de reforzamiento para el Servicio de Oncología del Hospital San Borja.

En un segundo comunicado, ampliando la reacción sobre los puntos anteriores, el Minsal sí admitió conocer la carta de los especialistas donde se reconoce la crisis del sistema. Según esa segunda declaración pública, "se citó al director del Hospital, doctor Patricio Vera Cáceres, para informar la situación al Ministerio" y agrega que en su comunicado inicial hizo hincapié en el uso de catéter, pero no en los conflictos estructurales y profundos que denuncian los especialistas del área.

A pesar de la intervención anunciada por la cartera de Salud,  en la carta remitida al director del hospital en mayo, quienes trabajan en el área hablan de otros problemas arrastrados por la precariedad: “Este volumen de pacientes nuevos se ha traducido en escasez y quiebre de stock de fármacos básicos por el aumento de la demanda y actualmente hay pacientes sin sus terapias GES”. (Leer el documento completo).

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