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¿Promesa fallida?: los síntomas de fatiga y estancamiento de la candidatura de Sebastián Sichel

por 29 abril, 2021

¿Promesa fallida?: los síntomas de fatiga y estancamiento de la candidatura de Sebastián Sichel
El haberse estancado –e incluso haber marcado una tendencia a la baja en diferentes encuestas– hizo a los demás comandos presidenciales del sector bajar la guardia sobre la competitividad real del expresidente de Banco Estado con miras a las primarias de julio. A cuatro meses de instalarse en la carrera del oficialismo sin mayores resultados, y a pesar de tener tras bambalinas a los poderes fácticos de La Moneda, en la derecha dicen que la señal es “evidente” en cuanto a que su campaña ya sería un intento frustrado, más aún cuando no se le consideró para la coordinación y negociaciones del Gobierno los días pasados, en los peores momentos de la crisis política, lo que vendría a ratificar el poco poder de penetración e influencia que ha tenido en el sector.
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Está ad portas de ser una promesa fallida. Todos los cálculos y apuestas de los poderes fácticos del piñerismo estaban en él: el exministro y expresidente de Banco Estado, Sebastián Sichel. Pero a cuatros meses de hallarse en carrera, ya se está instalando la idea de la fatiga de su campaña, que tanto su cambio de domicilio político como el uso excesivo del recurso de la meritocracia, apelando a aspectos de su biografía, no solo han levantando barreras y desconfianzas en Chile Vamos hacia su persona, sino que además le han impedido penetrar la estructura de algunos de los partidos de la coalición oficialista, para instalarse como el abanderado de alguno de ellos y, así, contar con una plataforma que sustente su aspiración presidencial.

Independientemente del fallido destino que tuvo la jugada del Presidente Piñera y su proyecto propio de tercer retiro, quizás la evidencia más certera de la carencia de influencia en el sector de Sichel –factor primordial para un candidato presidencial, señalaron varios en la derecha– fue que, a diferencia de sus competidores, Joaquín Lavín (UDI), Mario Desbordes (RN) y Evelyn Matthei (UDI), él no fue convocado por La Moneda para la coordinación y la negociación previas al anuncio del domingo en la noche, sino solo para la puesta en escena.

“Efectivamente preocupó en el principio”, sinceraron tanto desde los comandos de Desbordes como de Lavín a la hora de hablar de la irrupción que tuvo en el escenario de Chile Vamos el extitular de la cartera de Desarrollo Social, porque detrás suyo siempre han estado personeros poderosos del sector, como el canciller Andrés Allamand y el exministro Andrés Chadwick –parte de los fácticos del piñerismo–, que han operado tras bambalinas a su favor permanentemente para potenciar su candidatura presidencial.

Una cosa que choca y molesta bastante en la derecha es lo que llaman la "exagerada" victimización de Sichel, al intentar siempre poner sobre la mesa del debate público la desventaja que lo afectaría por ser un outsider del sector, no haber estudiado en los mismos colegios de elite de los que proviene el grueso del oficialismo y no contar con el respaldo de un partido, un factor clave, porque eso implica militancia y redes políticas para un mejor despliegue territorial a nivel nacional de cualquier campaña presidencial. En Chile Vamos varios sinceraron que, al final, optaron por invitarlo a sumarse a las primarias, precisamente, para cortarle ese tanque de oxígeno, ese discurso que lo mantenía a flote en los medios de prensa tradicionales.

Eso era en enero, incluso en febrero y parte de marzo, con el despliegue mediático que tuvo y el rápido ascenso en distintas encuestas. Pero hoy, ya a finales de abril, en ambos comandos coincidieron en que su discurso falto de propuestas contundentes y la fallida estrategia de la victimización, los ha hecho dar por superado el tema, dejar de preocuparse, dicen que “dieron vuelta la página” y que ya no están pendientes de lo que hace o no Sichel.

No son pocos en la derecha los que hacen el símil de la candidatura de Sichel con el experimento fallido que fue, el 2013, el entonces presidencial de la UDI, Laurence Golborne, quien apeló a un discurso similar: ajeno a los partidos, hijo de un ferretero, nacido en Maipú, para intentar dar cuenta de una historia de esfuerzo y logro personal. No es que al expresidente de Banco Estado le vayan a hacer una operación “Lorenzo”, afirmaron en Chile Vamos, en relación con sacarle "los trapos sucios" para hacer caer su candidatura, pero es una señal el que en la coalición retrasaran hasta el hartazgo la invitación a través de una carta formal a participar en las primarias del oficialismo en julio. “Algo te dice”, puntualizaron.

Una cosa que choca y molesta bastante en la derecha es lo que llaman la "exagerada" victimización de Sichel, al intentar siempre poner sobre la mesa del debate público la desventaja que lo afectaría por ser un outsider del sector, no haber estudiado en los mismos colegios de elite de los que proviene el grueso del oficialismo y no contar con el respaldo de un partido, un factor clave, porque eso implica militancia y redes políticas para un mejor despliegue territorial a nivel nacional de cualquier campaña presidencial. En Chile Vamos varios sinceraron que, al final, optaron por invitarlo a sumarse a las primarias, precisamente, para cortarle ese tanque de oxígeno, ese discurso que lo mantenía a flote en los medios de prensa tradicionales.

Igual Sichel sigue recurriendo a pulsar la tecla de la victimización. En una entrevista con La Tercera esta semana, dijo que “es injusto que un independiente que quiere ser parte de una coalición, no pueda definir participar juntando firmas, juntando apoyos sin tener permiso. Es bien absurdo. Lo otro, es que no hay financiamiento para las primarias, mientras que los partidos tienen financiamiento adicional bien grande. Y lo tercero, quizás lo más difícil de todo esto, es que efectivamente muchas veces en los gestos políticos te hacen sentir no parte”.

En Chile Vamos afirmaron que esa estrategia perdió brillo, que ya no alcanzó a lograr el posicionamiento que Sichel deseaba, considerando que no ha logrado gran aceptación en el electorado del sector.

En la encuesta Data Influye del abril, publicada ayer, el exministro de Desarrollo Social (4,0%) quedó en sexto lugar de las preferencias presidenciales, detrás de José Antonio Kast (4,5%), Matthei (4,8%), Lavín (9,8%), Pamela Jiles (15,5%) y Daniel Jadue (16,8%). En el caso de Criteria de marzo, Sichel se ubicaba en el sexto lugar del ranking de los abanderados presidenciales de Chile Vamos con 6% y en la encuesta Cadem de la segunda semana de abril, bajó del cuatro al quinto lugar, quedando también en seis puntos.

Cercanos a Sichel atribuyeron los magros números en los sondeos a diferentes factores. Uno, que no ha querido entrar en la refriega política con Evelyn Matthei o Mario Desbordes, pues lo desperfilaría del discurso apolítico que trata de sostener. Dos, que hasta la fecha los números de las encuestas estarían inflados o aún motivados por el retiro del 10%, respecto del cual Sichel se puso en la vereda de enfrente.

Pero lo cierto es que la candidatura del exministro de Piñera evidencia varios problemas en estos meses. En la derecha plantearon que, si bien su fuerte estaría en el mundo independiente –o por lo menos es ahí hacia donde apunta–, hay ambigüedades notorias entre su discurso de carácter liberal y la ultradefensa al modelo, dados los poderes fácticos del sector que están tras su campaña, que precisamente son los sectores más conservadores.

Además, desde Renovación Nacional agregaron a la lista el no haber logrado uno de sus principales objetivos políticos: el de intentar “meter la cuña” en el partido para dividir las preferencias presidenciales en la interna entre él y Mario Desbordes, el abanderado oficialmente proclamado. De hecho, dicen que el temor que existió en algún momento, en cuanto a que los que se sentían “pasados a llevar” por Desbordes se cambiarían de bando, no se habría concretado en la magnitud temida y que habría sido solo un "susto".

Desde el comando de Lavín acotaron que en ninguna de las reuniones con militantes del gremialismo ha aparecido su nombre. El espacio del alcalde de Las Condes es precisamente el de los independientes, el mismo que ha salido a buscar el expresidente de Banco Estado, pero que hasta ahora en sus encuestas no alcanzaría a “morder” lo suficiente.

La apuesta para resucitar

En la interna del comando de Sichel tienen una mirada distinta y más optimista. Dijeron que la campaña no tiene fatiga alguna, sino que el abanderado se ha dedicado a participar de muchas entrevistas con medios regionales con el fin de incrementar su nivel de conocimiento.

Aseguraron que tienen encuestas privadas que lo instalan en una situación de mayor competitividad que lo que muestran los diversos sondeos públicos y que, en esos, le está siguiendo de cerca los pasos a Matthei. Como apuestan a que la alcaldesa se baje de la carrera a La Moneda antes de las primarias, eso atraería aquellos votos al molino del exministro.

Además, parte de la apuesta es esperar a que llegue la hora de los debates, donde en el comando de Sichel consideran que es el espacio en que Lavín “siempre se desinfla”, debido a la falta de lineamientos claros que exige el electorado de derecha.

Pero el “as bajo la manga” –precisaron en el comando–, sería el libro que recientemente sacó el candidato, una autobiografía denominada Sin privilegios, de la editorial de El Mercurio, el que será la excusa perfecta para recorrer Chile y conseguir más espacios en los medios, contando su historia, la que –insistieron– “sigue siendo su fuerte”.

El sábado 24 de abril, en la revista Sábado de El Mercurio, se publicó un extracto. En el relato se plasma la visión diferente que había tenido Sichel del resto del Gobierno de Piñera al momento del estallido social, donde no se demoraron en calificar lo que sucedía como actos de extrema delincuencia o terrorismo, y recordó cuando lo mandaron al “congelador” tras afirmar, en esos días, que “hay que poner la carreta delante de los bueyes”, apuntando a que el conflicto abarcaba problemas profundos, lo que –destacó– le habría costado una reprimenda del propio Mandatario.

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