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Chile Vamos y el riesgo del empoderamiento de la ultraderecha

por 1 octubre, 2022

Chile Vamos y el riesgo del empoderamiento de la ultraderecha
Chile Vamos ha decidido mantenerse en el camino de una nueva Constitución, causando el malestar de un sector de la derecha que considera el actuar de los presidentes de la UDI, RN y Evópoli como una "traición" al pensamiento de sus bases populares. Si bien algunos creen que se debe seguir adelante buscando amarrar un acuerdo entre sectores moderados, evitando escuchar las voces radicalizadas, otros creen que los vientos de la ultraderecha soplan fuertes. Funas, ataques y amenazas marcan el ambiente hostil provocado por una tensión interna que hace notar una realidad, que asumen en Chile Vamos, y que dice relación con la tentación de que la derecha se vuelva más a la derecha y se empodere el Partido Republicano, un sector que hasta hace poco tiempo se observaba como un grupo minoritario y que presiona para jalonar hacia el extremo a las bases de los partidos, tal y como está pasando en otros países.
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El diálogo constituyente gestado a partir del triunfo del Rechazo en el plebiscito de salida ha marcado con notoriedad una línea divisoria entre dos derechas que hace muy poco se cuadraron detrás de la fallida candidatura presidencial de José Antonio Kast. Mientras los tres partidos que conforman Chile Vamos –UDI, RN y Evópoli– están dispuestos a firmar un nuevo acuerdo que permita la continuidad del proceso hacia una nueva Constitución, hay un sector, más a la derecha, con el Partido Republicano y el Partido de la Gente (PDG) como evidentes espacios de representación,  que está conforme con la actual Carta Magna y que observa a la estrategia desplegada por los presidentes de partidos de Chile Vamos como una traición a los "principios y valores" que sustentan el discurso derechista en gran parte del mundo, con ideas clave como el respeto a la subsidiariedad y a la libertad.

Con el reciente triunfo del neofascismo en Italia, en el panorama internacional los vientos de la ultraderecha soplan fuertes, mientras en Chile el abultado triunfo del Rechazo en el referendo del pasado 4 de septiembre ha permitido el empoderamiento de actores que, hasta hace muy poco, parecían representar a visiones minoritarias. Es el caso del Partido Republicano, colectividad que hoy pasa por un estado de reestructuración interna y que ha conseguido desplegar hábiles estrategias para, por ejemplo, mantener a su siempre polémico excandidato a la Presidencia, José Antonio Kast, en una segunda línea de acción, sin demasiada aparición en los medios de comunicación, relegando su influencia a las redes sociales.

Ahora, el plan republicano ha sido tensionar la discusión en la derecha sobre los llamados "bordes" de la nueva propuesta constitucional, apelando a que en algunos casos la postura de las directivas de la UDI, RN y Evópoli no sería representativa de las opiniones de sus bases de militancia. Para analistas políticos, sectores como el Partido Republicano buscan dificultar la discusión, porque en el fondo aspiran a no cambiar nada y permanecer en el inmovilismo, tratando de consolidar ese 20% que rechazó en el plebiscito de entrada, y capitalizar en algo lo que fue el Rechazo al texto constitucional redactado por la fallida Convención.

Al respecto, el analista político y académico de la Universidad Autónoma, Tomás Duval, señala que “esa tensión con la que va a tener que convivir Chile Vamos frente al Partido Republicano no es algo que se elimine de un día para otro, debido a que es una tensión permanente y no es en cuanto a alguna cuestión puntual o específica. Se trata de una política permanente de tensión, y antes a esas presiones, yo creo que Chile Vamos va a tener que delinear esa espera y colocar ahí una delgada línea que permita sumar a quienes se identifican con uno y otro sector. Eso es lo que se está delineando, todavía sin demasiada claridad”.

Precisamente, desde el Partido Republicano, el senador y extimonel de la colectividad, Rojo Edwards, fue enfático en decir que "las bases de Chile Vamos –nuestra base popular– no está de acuerdo con muchas de las posturas que están liderando sus dirigentes. Eso se está demostrando, por ejemplo, en que la identificación ciudadana con el Partido Republicano y el Partido de la Gente está creciendo a tasas increíbles, y hoy día estos dos partidos ya somos casi más que la suma de toda la identificación ciudadana de Chile Vamos".

Sobre las causas de este distanciamiento entre las bases populares de la derecha y las directivas de sus partidos, encabezadas por Javier Macaya (UDI), Francisco Chahuán (RN) y Luz Poblete (Evópoli), el parlamentario cree que una parte importante de las personas que votaron Rechazo en el plebiscito no están a favor de una nueva Convención, por lo que –a su juicio– la sola palabra empeñada de algunos dirigentes no es suficiente para que el resto cambie de opinión. En ese sentido, Rojo Edwards agregó que "eso está generando una distancia muy larga entre la base popular de nuestro sector con lo que se muestra permanentemente en los medios de comunicación, y eso no le va a hacer bien a la derecha, pero es algo que ellos tienen que resolver".

Sobre el eventual riesgo de que ese desacuerdo entre las bases y las directivas en las colectividades de Chile Vamos repercuta en una hipotética fuga de un sector de su militancia hacia nuevos espacios de representación, como el ofrecido por republicanos y el PDG, el senador y presidente de la UDI, Javier Macaya, desdramatiza la situación. A su parecer, "tal como existen diferentes izquierdas, es normal que existan diferentes derechas, y eso es parte fundamental de la democracia, donde probablemente sea la izquierda la que está mas fragmentada, presionada a gobernar, pero con evidentes diferencias programáticas e ideológicas entre sus dos coaliciones". Además, el parlamentario aseguró que ha recorrido Chile tratando de recoger las diferentes visiones sobre este proceso constituyente, agregando que "si es que existe malestar puntual en algunos sectores, habría que preguntarles a ellos".

La presión de la derecha radical

Evidente muestra del descontento de un sector de la derecha por el actuar de los presidentes de partidos de Chile Vamos fue el "apriete" que sufrió el propio senador Macaya en su llegada a Canal 13, el pasado domingo, cuando un grupo de personas integrantes del denominado "Team Patriota", liderado por Francisco Muñoz –alias "Pancho Malo"– lo increpó, insultó y acusó de traidor. El mismo "Pancho Malo" que se filtró este jueves en la sede del Congreso en Santiago, haciéndose pasar por un miembro de prensa, y que hace unos días acusó a José Antonio Kast de deslealtad, luego de que el excandidato presidencial criticara los actos de violencia liderados por su grupo. Si bien desde el "Team Patriota" afirman que trabajaron gratis para la campaña de Kast, los mismos republicanos se han encargado de desmarcarse de sus acciones, que obviamente tienen su respectiva articulación y financiamiento, hasta el momento desconocidos.

Frente a dichas presiones, que desnudan el malestar de cierto sector de la derecha, el senador y presidente de RN, Francisco Chahuán, admitió que "todos hemos sido objeto de insultos, amenazas de muerte y vandalización de nuestra sede –donde ya presentamos nuestras querellas criminales al respecto–. Pero creo que en política lo más importante es cumplir la palabra empeñada y, cuando eso no se logra, la credibilidad se va al suelo. Vamos a avanzar con el costo que sea necesario para cumplir la palabra empeñada, que además es el mandato de nuestro consejo general y es el mandato también de nuestras bases, que se pronunciaron unánimemente por avanzar en una buena y nueva Constitución para Chile”.

Todo este escenario, según el senador y posible candidato a la presidencia de Evópoli, Luciano Cruz-Coke, ocurre cuando se genera una contrarrespuesta a posiciones radicales. Para el parlamentario, "la radicalización de los grupos violentos de izquierda hace necesariamente que exista una respuesta de igual magnitud en la derecha más dura". A su juicio, hay un sector de la derecha –como el "Team Patriota"– que está utilizando la violencia como mecanismo para lograr ciertos efectos políticos deseados, una estrategia que, en su opinión, tensiona y dificulta la convivencia al interior de la oposición.

Al respecto, Cruz-Coke agrega que "se les pide finalmente a las fuerzas políticas moderadas, que han logrado conducir al país durante 30 años, ponerse de acuerdo y cerrar el proceso. Ahora, en épocas de polarización, donde la representatividad está puesta en cuestión y donde además las redes sociales juegan un rol en la masificación de noticias falsas, creo que lo que más se les pide a los representantes políticos es seriedad y responsabilidad respecto de sus cargos de representación”.



En tanto, frente a la crítica de sectores radicales de derecha hacia la eventual "falta de transparencia" en las vocerías de los líderes de partidos en Chile Vamos, desde el interior de dichas colectividades aseguran que se debe procurar distinguir entre principios ideológicos y discusiones contingentes, entendiendo que su postura a favor de una nueva Convención se desprende de su compromiso a favor de la continuidad del proceso constituyente, convenido en la previa del plebiscito de salida. Si es que dichas vocerías son totalmente representativas de la opinión de sus bases populares o militantes, es una cuestión que posiblemente se observe en las próximas instancias participativas.

Acerca de dicha problemática, el diputado y secretario general de RN, Diego Schalper, sostiene que "todo diálogo supone entender que uno está dispuesto a convencer y a ser convencido. Hacer política desde parapetarse en ciertas cosas no me parece que sea el camino. (…) Por lo tanto, yo diría que no hay traición a ningún principio, pero hay que saber distinguir muy bien qué cosas son de principios y qué cosas son más bien discusiones contingentes, que son parte de las conversaciones que hay que tener en política”.

Finalmente, y ad portas de la eventual firma del acuerdo transversal sobre la continuidad del proceso constituyente, en la derecha existe la inquietud de cómo hacer convivir, por un lado, su apuesta a favor de una nueva Carta Magna, con una base política que no está a favor de una lógica reformista y que apuesta a la permanencia de muchas de las ideas matrices de la Constitución gestada en 1980, en medio de una sangrienta dictadura. Funas, ataques y amenazas marcan el ambiente hostil provocado por una tensión interna que hace notar una realidad, que asumen en Chile Vamos, y que dice relación con la tentación de que la derecha se vuelva más derecha y se empodere un sector que, hasta hace poco tiempo, se observaba como un grupo minoritario.

 

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