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Lo creían muerto, pero Orrego está de vuelta
El gobernador metropolitano logró revertir parte del daño político que provocó la investigación del caso Convenios: fue sobreseído por la justicia y la última CEP mostró un alza significativa en su evaluación positiva, aunque aún enfrenta un proceso pendiente ante el Tricel.
Hace apenas unos meses, el futuro político del gobernador regional metropolitano, Claudio Orrego, parecía estar varios metros bajo cemento.
La investigación del Ministerio Público en el marco del caso Convenios y la exposición pública derivada de la indagatoria, hundieron sus eventuales aspiraciones presidenciales antes de que comenzaran. En su círculo cercano hay varios que opinan que fue víctima de una operación exitosa: lo sacaron del camino preventivamente.
La política, sin embargo, suele desafiar los diagnósticos apresurados y el caso de Orrego parece confirmar una de las máximas más conocidas: “En política nunca se está verdaderamente muerto”.
La primera señal de recuperación llegó desde los tribunales. Tras el rechazo unánime de la Corte de Apelaciones de Santiago a la solicitud de desafuero presentada por la Fiscalía, el Séptimo Juzgado de Garantía resolvió sobreseer al gobernador en la causa y, además, condenó al fiscal Juan Castro Bekios al pago de manera personal de las costas del proceso.
Más allá del efecto jurídico inmediato, la resolución constituye un golpe significativo a la tesis del Ministerio Público, pues instala judicialmente la idea de que los antecedentes reunidos no justificaban la persecución penal desplegada contra la autoridad regional.
Es cierto que el capítulo judicial no está completamente cerrado. Permanece abierta la causa que busca su destitución ante el Tribunal Calificador de Elecciones (Tricel), instancia que sigue un curso distinto al proceso penal. Aun así, resulta difícil ignorar el impacto político y jurídico que tiene un sobreseimiento dictado por la justicia ordinaria.
Si los tribunales descartaron responsabilidad penal y cuestionaron implícitamente la solidez de la investigación fiscal, el escenario para quienes impulsan la salida de Orrego desde el ámbito electoral se vuelve considerablemente más complejo.
Pero la verdadera noticia está ocurriendo fuera de los tribunales.
Mientras gran parte del sistema político daba por descontado el ocaso de su carrera, la última encuesta CEP muestra señales de una recuperación que pocos anticiparon.
Orrego aparece con un 63% de conocimiento público y alcanza un 35% de evaluación positiva entre quienes lo conocen, empatando con José Antonio Kast y Franco Parisi. Más aún, registra una de las mayores alzas estadísticamente significativas del estudio, con un incremento de 10,7 puntos respecto de la medición anterior, ubicándose entre los liderazgos que más crecieron en valoración ciudadana.
Todavía falta mucho para hablar de una potencial figura presidencial, no obstante la encuesta CEP deja una conclusión difícil de ignorar: Claudio Orrego ya no aparece en la categoría de los sobrevivientes políticos, sino en la de quienes han logrado volver a la conversación pública.
Y en un sistema político donde las resurrecciones suelen ser tan frecuentes como las caídas, ese dato podría terminar siendo mucho más relevante de lo que hoy parece.
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