PAÍS
Matías Cociña: “Chile ha reducido la pobreza de manera espectacular”
El doctor en sociología sostiene que las cifras muestran un avance sostenido en materia de reducción de la pobreza desde el retorno a la democracia. Pero advierte que el desafío cambió: hoy el empleo, especialmente el de las mujeres, será decisivo para seguir avanzando.
Por años ligado al PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), el ingeniero y doctor en sociología Matías Cociña (49) nos sorprende al declararse poeta. Medio en receso, dice, pero con marcadas inclinaciones poéticas que lo ligan al hasta hace poco director ejecutivo del Hogar de Cristo, el ingeniero y poeta Juan Cristóbal Romero.
Ingeniero, poeta, dedicado al complejo tema de la pobreza, podríamos decir que cualquier similitud entre ambos es pura coincidencia.
Cociña no tiene obra lírica publicada, pero es coautor de la investigación que dio a luz un libro clave en materia social en Chile: “Desiguales. Orígenes, cambios y desafíos de la brecha social en Chile”, publicado hace 9 años, en 2017.
Después de haber dejado su puesto como líder de la División Observatorio Social del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, liderando instrumentos como la Encuesta CASEN y la Encuesta Nacional de Discapacidad y Dependencia ENDIDE, en el gobierno de Gabriel Boric, ahora se dedica a las asesorías y a la academia. La nueva CASEN -esa que mide la pobreza en Chile con estándares mucho más exigentes- es la que él de alguna manera supervisó en sus cambios.
—¿Para qué y cómo se mide la pobreza?
—Yo diría que tres cuartos de la respuesta sobre cómo uno mide la pobreza tienen que ver con cómo uno se hace cargo de ella. Si la pregunta es cómo queremos reducir la pobreza, la respuesta cambia mucho dependiendo de cómo la midamos. Está la pobreza por ingresos, que solo disminuye cuando aumentan los ingresos de los hogares. Eso ocurre principalmente por dos vías: porque las familias generan más ingresos a través del empleo o porque reciben transferencias del Estado. Igual, ahí hay pocas manijas para reducir la pobreza. Pero si uno entiende la pobreza de una manera más amplia, como pobreza multidimensional, la respuesta cambia. Ya no basta con aumentar los ingresos. Ahí el Estado tiene un rol mucho más amplio: garantizar acceso a educación, salud, vivienda, empleo y también fortalecer redes y cohesión social.
—¿Es posible reducir la pobreza sin aumentar los ingresos?
—Sí. Si uno solo mirara la pobreza multidimensional, podría reducirla mejorando las condiciones de vida sin modificar necesariamente los ingresos. Del mismo modo, si solo entregara subsidios monetarios podría disminuir la pobreza por ingresos sin cambiar las condiciones estructurales de las personas. Por eso ambas mediciones son necesarias.
—¿Y qué ocurre cuando una persona enfrenta ambas al mismo tiempo?
—Ahí hablamos de pobreza severa: personas que son simultáneamente pobres por ingresos y pobres multidimensionales. Es una situación muy asociada a la pobreza crónica, de la que resulta mucho más difícil salir. Reducir esa pobreza exige políticas mucho más integrales.
—¿Más focalizadas?
—Yo diría más integrales.
Chile: ¿Más rico que Canadá?
En Chile son caso un millón 200 mil personas las que viven en pobreza, muchos de ellos, niños. Cociña, que en general, es bien optimista, reconoce: “No es un grupo pequeño. Es una tremenda cantidad de personas”.
—Y está la titánica tarea de superar la pobreza a nivel personal. El otro día teníamos aquí mismo a un entrevistado que decía que en Chile se necesitan seis generaciones para salir de la pobreza.
—Podemos entrar en el detalle de ese dato, pero primero hay que entender qué significa medir pobreza crónica. Uno puede hablar de cuánto demora una familia en salir de la pobreza de una generación a otra o cuánto tarda una persona en escapar de esa condición durante su propia vida. El problema es que hoy no tenemos buenos datos para responder esa pregunta. No contamos con encuestas que sigan a las mismas personas o a los mismos hogares año tras año.
—¿Nunca las hemos tenido?
—Sí. Hubo una encuesta panel entre 2006 y 2009, pero fueron pocos años. Ese dato de las seis generaciones proviene justamente de esa medición. Las encuestas de panel son muy caras de levantar y después vino el terremoto de 2010, que cambió las prioridades. Además, ese estudio utilizaba información sobre la ocupación de los padres para aproximarse a la movilidad social. Por eso hay que ser cuidadosos al interpretar esa cifra.
—Hay mucha gente que fue la primera generación universitaria de su familia, pero siente que el cartón no la enriqueció. ¿Ha habido realmente movilidad social a partir de la enorme inversión en educación superior gratuita, de calidad y para todos?
—La discusión sobre el retorno de la educación es enorme. Pero, en términos generales, la educación superior sigue siendo un buen negocio. Estudiar una carrera universitaria, comparado con no hacerlo, continúa teniendo retornos positivos. A comienzos de los años noventa, en el primer quintil de ingresos, apenas un 5% accedía a la universidad. Era realmente una rareza venir de un hogar pobre y llegar a la educación superior.
—¿Y hoy?
—Hoy estamos sobre el 40%. Probablemente con la gratuidad sea incluso mayor; no tengo el dato exacto aquí de memoria. Pero sí podemos decir que Chile cambió significativamente su composición educacional y las oportunidades de acceso a la universidad.
Aunque se declara poeta, Cociña es amigo de las cifras. De la estadística. De las mediciones. Y por eso celebra que cada diez años el país revise el estándar con que está midiendo la pobreza. “A fines de 2023, el presidente Boric convocó a una comisión asesora para repensar esa medición. Si hubiéramos seguido usando la metodología antigua, en 2024 habríamos tenido una pobreza de 4,9%”.
—Lo que sería absurdo. Seríamos menos pobres que Canadá, por ejemplo, que tiene cerca de un 11%.
—Sí, claro, estaríamos siendo muy poco exigentes con nosotros mismos. Hoy entendemos que Chile cambió. Hay más educación, mejor infraestructura y acceso a bienes y servicios que hace veinte años no existían. Entendemos la pobreza como un fenómeno mucho más complejo y, por lo mismo, tenemos un umbral bastante más alto para medirla.
Sale el IFE, entra la PGU
Ese nuevo estándar también cambia la discusión sobre cómo seguir reduciendo la pobreza. Y ahí aparece un contrapunto interesante con quienes ponen el foco en el deterioro del empleo.
—La economista Cecilia Cifuentes sostuvo en este mismo espacio que el empleo de los grupos más vulnerables ha ido decayendo. Sostiene que la clave es generar empleo formal y de calidad, y que los beneficios sociales han crecido sostenidamente, pero con poca eficacia. ¿Qué le respondes?
—Tiendo a coincidir con parte del diagnóstico. La pobreza viene bajando sostenidamente en Chile desde 1990, con la sola excepción de 2020, en plena pandemia. No estamos frente a un estancamiento. Voy a usar un adjetivo casi exagerado, pero la reducción de la pobreza en Chile desde 1990 hasta ahora ha sido bien espectacular. Eso me lleva a una primera conclusión: la inversión social sí rinde frutos. Uno quisiera que el Estado fuera todavía más eficiente, pero sí hay una mejora.
O sea, no coincide en la crítica a la eficiencia de los más de 700 programas sociales que denuncia Cecilia Cifuentes, pero sí está de acuerdo con la economista en que “los ingresos provenientes del trabajo no han crecido lo suficiente. Tenemos mucha informalidad y un mercado laboral que sigue mostrando debilidades”.
Y agrega varios y detallados pelos a la sopa:
-Entre 2022 y 2024 la caída de la pobreza se explicó sobre todo por el aumento de la ocupación, más que por un alza de los salarios. Pero si uno mira el período entre 2017 y 2024, cerca del 48% de esa disminución se debe a los subsidios. Entramos a la pandemia con un nivel de ayudas y salimos con otro muy distinto. Hubo un fuerte incremento de las ayudas durante y después de la pandemia. Después desapareció el IFE, pero apareció la PGU. Por eso diría que ambas cosas han sido importantes: el empleo y las transferencias. Dicho eso, seguimos teniendo un problema serio en el mercado laboral.
El valor de cuidar
Aquí la coincidencia, no sólo con Cecilia Cifuentes, sino con todos los técnicos, es total: “Tenemos altas tasas de desempleo, mucha informalidad y, en el caso de las mujeres, una realidad especialmente crítica. Ahí hay un espacio enorme para la política pública, para la inversión y para la generación de empleo”.
La última cifra de desempleo femenino es de 10.5% y entre las mujeres jóvenes llega al doble de eso.
Matías Cociña reflexiona: “Creo que la discusión sobre si el crecimiento importa o no está bastante saldada. Hoy me encuentro con muy poca gente que diga que crecer no importa”.
—Cuando escucho a dirigentes de la CUT, por ejemplo, oponerse a algunas medidas de reactivación del empleo, no veo ese consenso.
—Porque esa es otra discusión. Creo que estamos bastante de acuerdo en que hay que crecer. La pregunta es cómo crecer. Y ahí, para gustos, colores.
—Entonces, ¿cuál es el cómo?
—Son dos preguntas distintas. Una es cómo crecer y otra es cómo reducir la pobreza. En la primera prefiero no meterme porque es una discusión gigantesca. En la segunda sí tengo una convicción: hay que aumentar los ingresos de las personas que trabajan, aumentar el número de personas que trabajan y formalizar esos empleos para que tengan acceso a seguridad social.
—¿Sirven iniciativas como la mesa para la reactivación del empleo? ¿Existe como se repite hoy alguna “bala de plata” para estimular la creación de trabajo?
—No hay balas de plata. Pero sí hay cosas que podemos hacer rápido. Una de ellas es aumentar la participación laboral femenina. En Chile tenemos un freno de mano puesto. La baja participación laboral de las mujeres limita no solo la generación de riqueza, sino también la reducción de la pobreza.
—En todos los países las mujeres cuidan a otros. ¿Por qué aquí el cuidado pesa tanto?
—Cuando uno les pregunta a las mujeres chilenas que no trabajan ni siquiera están buscando trabajo, la principal razón que aparece es que están cuidando a alguien. Es un fenómeno que todavía debemos estudiar más, pero en América Latina los sistemas de protección social siguen siendo relativamente débiles y las familias han cumplido históricamente ese papel.
—Familias extendidas y solidarias…
—Exactamente. Pero Chile está viviendo una transición. Las familias son cada vez más pequeñas. Ya no existe esa red amplia que podía repartirse el cuidado de niños, personas mayores o enfermos. Cuando la familia se achica, ese trabajo termina recayendo, casi siempre, sobre las mujeres.
—Y esas familias van a seguir achicándose. Nacen menos niños y, al mismo tiempo, vivimos más años.
—Exactamente. Por eso creo que tenemos que fortalecer un Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados, como el que comenzó a organizarse en el gobierno anterior.
El gran talón de Aquiles
—¿Está funcionando?
—Está empezando. Más que un sistema plenamente operativo, hoy es una manera de ordenar lo que el Estado ya hacía de forma muy dispersa.
—Hay quienes temen que termine siendo pura burocracia y que no llegue de verdad a quien cuida. Por ejemplo, a quien es cuidador de una persona con discapacidad mental durante años.
—Ahí está precisamente el desafío. Hasta ahora el Estado hacía muchas cosas, pero desarticuladas. El primer paso ha sido coordinarlas, saber cuánto se gasta realmente en cuidados y empezar a construir una oferta integrada. Si eso se logra consolidar, no solo mejorará la calidad de vida de quienes necesitan cuidados, también permitirá que muchas mujeres que hoy están fuera del mercado laboral puedan trabajar.
—Si tuvieras que poner la ficha en dos prioridades para seguir reduciendo la pobreza, ¿cuáles serían?
—Primero, empleo. Y dentro del empleo, la participación laboral de las mujeres. Segundo, subsidios bien focalizados en quienes están en la parte más baja de la distribución de ingresos. Además, necesitamos generar empleo cerca de los hogares. Muchas mujeres no pueden aceptar jornadas largas o desplazamientos extensos. Esa cercanía puede marcar la diferencia entre tener un empleo formal o verse obligadas a trabajar informalmente. El empleo y el crecimiento siguen siendo fundamentales. Hay que crear más puestos de trabajo, ojalá formales, pero también existe un amplio espacio para políticas que fortalezcan la oferta laboral.
—¿Cuándo volveremos a saber cómo está Chile en cuanto a pobreza?
—La próxima CASEN comenzará a levantarse el 1 de noviembre de este año y terminará el 31 de enero de 2027. Si todo sigue el curso habitual, los resultados deberían conocerse durante el primer semestre del próximo año.
—Ojalá venga con buenas noticias.
—Chile, con todos los vaivenes de la economía, ha logrado reducir la pobreza sistemáticamente desde 1990, salvo durante la pandemia en 2020. Espero que esa tendencia continúe. Va a depender del empleo, de la inflación y también de los subsidios.
Y hace notar que la encuesta pregunta por lo vivido el último año, por lo tanto, “la foto ya está tomada”.
Ahora solo falta revelarla.