PAÍS
Claudio Alvarado, el jugador de Kast que ingresa en los minutos extras
En medio de la crisis provocada por el quiebre de acuerdos de Hacienda, el biministro asumió la tarea de recomponer confianzas con la oposición y ordenar al oficialismo. En el Congreso destacan que su intervención fue clave para evitar un colapso de la principal reforma económica del Gobierno.
La aprobación en el Senado de la megarreforma no fue un triunfo libre de costos. Mientras el ministro de Hacienda Jorge Quiroz un día firma acuerdos para dinamitarlos al día siguiente, el jefe de gabinete, Claudio Alvarado, hace esfuerzos extraordinarios por recoger los pedazos y salvar la palabra empeñada por el Ejecutivo.
En la derecha explican que si este proyecto aún respira, es porque Alvarado ha sido un pilar fundamental para sostener la estructura antes de que todo colapse. Está haciendo –dicen– “extraordinarios esfuerzos” por limpiar el desastre de Quiroz y recuperar una credibilidad institucional que la soberbia técnica dejó al lado del camino.
Y esto no es poca cosa: el biministro ha sido el encargado de recomponer las relaciones ante senadores de oposición que arriesgaron su capital político por un acuerdo y terminaron trasquilados –en menos de 24 horas– debido a que Hacienda decidió desechar lo pactado sin consultar a nadie.
Su relevancia se manifestó tras la crisis política en la tramitación de la ley miscelánea, luego de que el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, ingresara una indicación sorpresiva para rebajar el impuesto corporativo al 22%, lo que fue denunciado por la oposición como una ruptura de acuerdos y una “traición a la buena fe”.
Ante el riesgo de un colapso legislativo, según explican en el oficialismo, el hombre que se vino a la capital desde el frío de la Isla Grande de Chiloé, conversó del incidente con el Presidente Kast. El contenido de la conversación se mantiene en secreto, pero se sabe que abordaron el valor de “la palabra empeñada”.
Esta semana, advierten en la derecha, el biministro del Interior y de la Segegob se consolidó como un “restaurador de confianzas” con experiencia en recomponer puentes de diálogo. Su metodología de trabajo la comparan a la de un futbolista que anota en el último minuto o un arquero que alcanza la gloria en la tanda de penales. En definitiva, un salvavidas.
Alvarado no es un jugador que necesita liderar todo el proceso previo, sino que interviene en la fase final para destrabar conflictos críticos. Quienes lo conocen sostienen que su enfoque es netamente político, privilegiando los resultados sobre el dogmatismo y buscando construir “pisos sólidos” de confianza que impidan que las reformas sean revertidas.
Un eje fundamental de su poder es su “credibilidad residual” ante la centroizquierda. Legisladores de oposición, como el senador Pedro Araya, lo consideran un “tipo derecho” por su profundo conocimiento de las formas parlamentarias. Según explican, su validación es tan relevante que la oposición ha exigido que cualquier nuevo diálogo con el Gobierno cuente con la conducción exclusiva de Alvarado.
A nivel interno, el biministro actúa como el gran ordenador de las filas oficialistas, gestionando las tensiones entre el Partido Republicano, la UDI y Renovación Nacional, buscando evitar descuelgues e implementado protocolos de comunicación que impiden que los partidos conozcan las decisiones del Ejecutivo por la prensa. Un jugador todoterreno.
Inscríbete en el Newsletter +Política de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad para informado/a con noticias precisas, seguimiento detallado de políticas públicas y entrevistas con personajes que influyen.