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Foto: AgenciaUNO
Kast opta por guiño a la izquierda y se desmarca del tono confrontacional del Foro Madrid
El Presidente advirtió a los suyos que otra victoria puede ser “circunstancial”, defendió ampliar la base política sin diluirse y cerró evocando a Jaime Guzmán para reivindicar la conquista de “corazones” por sobre la mera aritmética electoral.
José Antonio Kast cerró este jueves el Foro Madrid corriéndose del tono de trinchera que había dominado buena parte de la jornada. Después de que Javier Milei abriera el encuentro hablando de “zurdos mugrosos”, del “cáncer de la izquierda” y reivindicando la “batalla cultural”, el Presidente chileno eligió otro mensaje para los propios: dejar de convertir a la izquierda en el centro permanente de la acción política y aprender a gobernar con quienes estuvieron al frente.
“La tercera actitud es quedarnos pegados en la disputa con la izquierda”, advirtió Kast al enumerar las conductas que, a su juicio, pueden terminar llevando nuevamente a la derecha a la derrota.
El Mandatario no abandonó su identidad ideológica ni hizo una aproximación programática a la izquierda. Durante su intervención recordó varias veces que su sector logró “derrotarla” en las urnas e incluso advirtió que podría regresar al poder si su Gobierno fracasa. Pero introdujo una diferencia política sustantiva respecto del tono escuchado durante el encuentro: ganarle a la izquierda ya no puede ser el objetivo suficiente de una derecha instalada en La Moneda.
“La izquierda, la izquierda, la izquierda genera aplausos, ordena los partidos, pero nuestro adversario es mucho más grande que la izquierda”, señaló.
Y definió el nuevo adversario: “Nuestro adversario es la urgencia, son las urgencias sociales, urgencia día a día de las personas. La seguridad, el trabajo, la familia, la vivienda, el sueño de la casa propia”.
De Milei a la necesidad de acuerdos
La diferencia con Milei fue principalmente de registro, no una ruptura política. El argentino había abierto la jornada con una reivindicación frontal de la batalla ideológica, sostuvo que Chile había abandonado durante décadas “la batalla de las ideas” y llamó a las derechas a organizarse internacionalmente frente a una izquierda que describió en términos abiertamente confrontacionales.
Kast escogió el cierre para hablar de ampliación, respeto por quienes piensan distinto y colaboración con antiguos adversarios.
El giro tampoco ocurre en el vacío. La Moneda está precisamente en medio de una negociación compleja con el Congreso por su reforma constitucional de seguridad, iniciativa que no cuenta hoy con los votos asegurados y cuya urgencia fue rebajada para abrir un plazo de 30 días destinado a discutir sus puntos más controvertidos y construir acuerdos. El proyecto ha recibido reparos incluso dentro del oficialismo por el nuevo estado de excepción y la amplitud de las facultades presidenciales propuestas.
En ese cuadro, Kast dedicó una parte relevante de su discurso a reivindicar la colaboración con sectores que intentaron impedir su llegada al poder.
“He cultivado mucho más el respeto por el que piensa distinto. Y no por conveniencia, sino por convicción”, sostuvo.
Luego fue todavía más explícito: “He valorado mucho la colaboración que he recibido de muchas personas que estuvieron trabajando para que no ganara”.
Kast aseguró que durante sus casi seis meses en La Moneda ha trabajado junto a quienes anteriormente consideraba adversarios y sostuvo que algunos hoy se han convertido en “grandes colaboradores”.
“Tenemos una oportunidad histórica para seguir trabajando unidos en las diferencias”, afirmó.
“Ampliarse no es renunciar”
El mensaje también estuvo dirigido a su propia base.
Kast reconoció que una parte importante de los electores que lo llevó a La Moneda no siempre votó por su sector y advirtió que el respaldo obtenido en 2025 no puede considerarse cautivo.
“Sí, podríamos ganar una próxima elección, pero sería circunstancial. Nosotros vinimos a cambiar la historia”, afirmó.
Para evitarlo, planteó que la derecha necesita ampliar sus fronteras políticas.
“Eso implica abrirse, no diluirse; implica abrir las fronteras, implica mirar más allá de la comodidad de encontrarnos entre nosotros”, sostuvo. Y sintetizó el punto con otra frase: “Ampliarse no es renunciar”.
Usó incluso su gabinete como ejemplo. Recordó que algunos nombramientos provocaron sorpresa entre sus seguidores —“¿cuántos de aquí levantaron las cejas? ‘No, pero ese no es nuestro’”— y sostuvo que varias de esas autoridades terminaron sorprendiendo favorablemente a quienes inicialmente las cuestionaron.
“Eso es gobernar. Hay que gobernar para todos los chilenos y con todos los chilenos”, afirmó.
La señal fue de transversalidad pragmática, no de reconciliación ideológica. Kast mantuvo intacta su crítica a la izquierda y sostuvo que esta podría regresar al poder si la derecha incumple sus compromisos.
“En estos tres años, si no hacemos las cosas que nos corresponden, nos van a pasar la cuenta. Y la izquierda podría volver porque dirían: ‘Bueno, ya los conocimos, no lograron lo que habían prometido y fracasaron’”, advirtió.
Las tres rutas hacia la derrota
Kast construyó su discurso alrededor de tres riesgos para su propio sector.
El primero: acomodarse en el poder.
“El día que nos acomodemos, el día que nos instalemos, que digamos ‘no hay nada más que hacer’, ese día es el inicio del fin”, señaló.
El segundo: politizar y cuotear el Estado.
“Si hacemos lo mismo que hicieron antes, que es repartirnos el Estado, van a decir: ‘Son igual a los que sacamos’”, advirtió, en un mensaje que extendió al propio Partido Republicano y a quienes puedan entender el desembarco en el Gobierno como una disputa por cargos.
Y el tercero fue precisamente mantenerse atrapados en el antizquierdismo.
Kast sostuvo que sus primeros meses como Presidente le hicieron comprender además “la distancia entre tener razón y resolver un problema”. La oposición, dijo en los hechos, permitía denunciar; gobernar exige resultados.
“Tener razón es solo el punto de partida, no es un logro”, resumió.
Puso como ejemplo el control migratorio: “Las fronteras no se cierran con un tweet”, dijo, enumerando zanjas, drones, muros y vigilancia. Hizo un razonamiento similar respecto de la burocracia, la inversión y el gasto público.
Jaime Guzmán entra al cierre
Hacia el final, Kast volvió a conectarse con la tradición ideológica de la derecha chilena y evocó a Jaime Guzmán, fundador de la UDI y senador asesinado en 1991.
Lo recordó como un dirigente “asesinado en democracia por aquellos que silencian las ideas con violencia, con las balas” y le atribuyó una máxima que utilizó para reforzar su llamado a trascender la simple aritmética electoral.
“Él decía que nosotros no tenemos que preocuparnos de las votaciones, sino de los corazones de las personas”, señaló.
Kast tomó esa idea para plantear que su sector necesita convencer antes que limitarse a ganar elecciones.
“Más que ganar votaciones es ganar corazones, y el punto es mantenerlos ahí”, sostuvo.
El Presidente no terminó convertido en un moderado ajeno al Foro Madrid. Proyectó que el avance de las fuerzas reunidas en Santiago podría llegar algún día a Managua y La Habana, habló de personas todavía “sometidas” y cerró con un “que viva Chile, que viva España, que viva la libertad”.
Pero después de una jornada marcada por discursos construidos alrededor del enfrentamiento con la izquierda, Kast escogió advertir a los suyos que esa misma confrontación puede convertirse en una zona de comodidad.
La señal tiene además una utilidad inmediata para un Gobierno obligado a conseguir votos más allá de sus propias filas: derrotar a la izquierda sirvió para llegar a La Moneda; quedarse pegado en esa derrota, dijo Kast, no sirve necesariamente para gobernar.