Magdalena Claro y bajo desempeño en PISA: culpa al uso masivo de pantallas “de forma poco crítica”
La académica UC Magdalena Claro apunta al acceso cada vez más temprano, masivo y autónomo a las tecnologías digitales como una de las hipótesis tras la caída en PISA. Advierte que la lectura en pantallas tiende a ser “más rápida, más superficial” y con menor concentración.
El uso cada vez más temprano y masivo de las pantallas, especialmente cuando ocurre “de forma poco crítica”, aparece como una de las hipótesis detrás del deterioro que están mostrando Chile y otros países en la prueba PISA. Así lo plantea Magdalena Claro, académica de la Facultad de Educación de la Universidad Católica y directora del Centro para el Bienestar y Desarrollo de la Adolescencia y Niñez en la Era Digital (BAND).
La advertencia surge luego de conocerse los resultados de PISA 2025, que dejaron a Chile con su peor registro en dos décadas y con desempeños inferiores al promedio de la OCDE en todas las áreas evaluadas.
En matemáticas, los estudiantes chilenos obtuvieron un promedio de 403 puntos, mientras que en Lectura alcanzaron 436, por debajo de los 442 registrados en 2006. En Ciencias, en tanto, el resultado fue de 442 puntos, uno menos que en 2022.
Pero Claro advirtió en entrevista con Al Pan Pan de El Mostrador que la preocupación por el deterioro no es exclusivamente chilena. “Los titulares que han salido en Chile también han salido en otros países, mostrando una preocupación de por qué está bajando el desempeño”, explicó.
No existe, señaló, una única respuesta para explicar el fenómeno. “Hay muchas hipótesis. Una de ellas que se ha planteado tiene que ver con el uso de tecnologías digitales o las formas en que las nuevas generaciones están usando estas tecnologías”, afirmó.
La académica puso especial atención en dos transformaciones: los niños y adolescentes comienzan a relacionarse antes con los entornos digitales y, al mismo tiempo, lo hacen de manera mucho más intensiva.
“Lo que se observa es que hay más acceso a tecnologías digitales, y eso también en muchos otros estudios lo estamos viendo: se está accediendo a estos entornos de forma mucho más temprana y de forma mucho más masiva”, señaló.
Para Claro, no se trata únicamente de cuánto tiempo pasan los jóvenes frente a una pantalla. También importa el dispositivo utilizado, el propósito de ese uso y las condiciones en que ocurre.
En ese sentido, marcó una diferencia entre utilizar un computador con herramientas de productividad, conexión a internet y acompañamiento de un adulto, y acceder principalmente mediante un teléfono celular.
En este último caso, explicó, se trata de “un acceso mucho más recreativo y autónomo, solitario, por decirlo así”, caracterizado además por “poco acompañamiento adulto”.
Es precisamente en la manera de relacionarse con los contenidos digitales donde Claro identifica uno de los factores que podrían estar afectando el aprendizaje.
“Aparentemente, la hipótesis es que cuando se hace este uso de forma poco crítica de la información, esto se relaciona de forma negativa con resultados en esta prueba”, sostuvo.
La académica explicó que las pantallas presentan una cantidad mayor de estímulos que compiten constantemente por la atención del usuario, algo que también puede modificar la manera en que los estudiantes se aproximan a la lectura. “En las pantallas efectivamente hay más estímulos que están también compitiendo con esa lectura”, señaló.
El resultado sería una forma de consumir información distinta a la que requiere la comprensión de contenidos complejos. “Lo que se está visualizando es que esta lectura efectivamente es, de alguna manera, más rápida, más superficial, es más como hojear las cosas, informarse rápido”, explicó.
Según Claro, esa dinámica también implica “menos concentración”, una capacidad que considera fundamental para tareas que exigen mayor profundidad.
La concentración, sostuvo, resulta necesaria “sobre todo para leer textos profundos, para poder entrar a un análisis crítico, para poder abordar argumentos”.
Frente a los resultados de PISA y a los cambios en los hábitos digitales de las nuevas generaciones, Claro planteó que el desafío no pasa solamente por constatar el aumento del uso de tecnologías, sino por reforzar las capacidades necesarias para relacionarse críticamente con ellas.
“Eso pareciera ser una habilidad que tenemos que trabajar con mucha más fuerza en el sistema escolar”, concluyó.
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