Gastronomía
Créditos: Cedida.
Catas privadas, whisky y gastronomía: experiencias sensoriales ganan espacio en bares de Santiago
La coctelería y la gastronomía en Santiago avanzan hacia formatos más exclusivos, con catas guiadas, espacios privados y experiencias personalizadas. Backroom Bar apuesta por esta tendencia con su VIP Suite, un espacio para encuentros íntimos que combina destilados, música y sabores.
La escena gastronómica y de coctelería de Santiago atraviesa una etapa marcada por el interés en experiencias más íntimas, donde el consumo deja de centrarse únicamente en el producto para incorporar elementos como la música, la ambientación y la interacción con expertos.
En este escenario, bares y restaurantes han comenzado a desarrollar espacios privados y formatos exclusivos que buscan ofrecer encuentros más personalizados, con una propuesta enfocada en la conexión entre quienes participan y una mayor atención por los detalles.
Uno de los ejemplos de esta tendencia es Backroom Bar, que implementó su VIP Suite como un espacio destinado a catas, celebraciones y reuniones privadas. El formato permite trasladar la experiencia del bar hacia un ambiente más reservado, donde la gastronomía, la coctelería y la música conviven bajo una propuesta cuidadosamente diseñada.
La iniciativa responde a la identidad del recinto, que busca integrar distintas expresiones sensoriales dentro de una misma experiencia, ampliando su oferta hacia encuentros donde la curaduría y la personalización tienen un rol protagonista.
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Whisky, aprendizaje y una experiencia guiada en formato privado
Una de las actividades más recientes desarrolladas en la VIP Suite fue una cata de whisky liderada por el sommelier Felipe Pizarro, profesional con más de 30 años de trayectoria en el mundo del servicio y las bebidas, además de fundador de la Escuela de Whisky Chile.
Durante la jornada, los asistentes pudieron conocer distintos estilos, perfiles y características de esta bebida, combinando aspectos técnicos con una aproximación cercana y accesible para quienes buscaban profundizar sus conocimientos.
“Hubo una clase general y luego nos enfocamos en la degustación según la intensidad y carácter de cada whisky. Teníamos cuatro copas, lo que permitió ver cómo iban cambiando con la oxigenación, además de observar maridajes específicos que generaban un diálogo entre sabores. Todo acompañado de jazz, un sello de Backroom”, comenta Pizarro.
El especialista destaca además el creciente interés por esta categoría dentro del mercado chileno. “Cabe destacar que el whisky, después del pisco, es una de las categorías más consumidas. Hoy existe un interés creciente: muchos clientes sienten que no pueden quedar fuera de la conversación, sobre todo en contextos sociales o de negocios. Hay motivación real por aprender, y eso habla de un mercado activo”, agrega el experto.
Un espacio diseñado para encuentros exclusivos
La VIP Suite se ha convertido en uno de los elementos centrales de la propuesta de Backroom Bar, ofreciendo un ambiente independiente pensado para grupos pequeños y celebraciones privadas.
“Son experiencias privadas para grupos de hasta 10 personas, todos sentados. Se cierra la barra con un telón, generando un espacio completamente independiente, pensado para reuniones, cumpleaños íntimos y celebraciones”, explica Nick Baranov, fundador de Backroom, sobre el funcionamiento del espacio.
El formato busca entregar una experiencia más pausada, donde cada elemento (desde los sabores hasta la ambientación) forma parte de una propuesta integral. “En Backroom, la experiencia se construye desde lo sensorial: aromas, texturas y construcción en boca, guiados por una curaduría que busca equilibrio entre conocimiento y disfrute. La VIP Suite permite justamente ese ritmo más pausado y controlado, adaptable tanto a encuentros sociales como corporativos”, agrega Baranov.
De esta manera, la propuesta conecta con una tendencia que gana presencia en la industria gastronómica: consumidores que buscan no solo probar nuevos productos, sino también participar de experiencias con mayor profundidad, relato y personalización.
Esta línea se vincula con la identidad del bar, donde la curaduría —presente en su programación musical y propuesta gastronómica— se extiende también al mundo de los destilados, incorporando el whisky como un nuevo componente dentro de una experiencia que combina conocimiento, sabores y entretenimiento.