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Los premiados quesos de cabra del Limarí que están en riesgo por las intensas lluvias Gastronomía

Los premiados quesos de cabra del Limarí que están en riesgo por las intensas lluvias

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Loreto Santibáñez
Por : Loreto Santibáñez Editora de Agenda País, Revista Jengibre y Braga.
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Tras años enfrentando la sequía en el valle del Limarí, Caprinos Villaseca ahora debe lidiar con corrales inundados, toneladas de forraje perdido y escasez de alimento para sus cabras. Un proyecto familiar que ha sido reconocido internacionalmente hoy suma nuevos desafíos pero también sueños.


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A fines de 2025, la empresa familiar chilena Caprinos Villaseca, de Ovalle, hizo historia al obtener una medalla de bronce en los World Cheese Awards, realizados en noviembre en Berna, Suiza. El reconocimiento fue para su Caprifet, un queso de leche de cabra inspirado en el estilo feta, que compitió con cerca de 5.000 variedades provenientes de 46 países y se convirtió en el primer queso chileno en recibir una medalla en esta competencia mundial.

Hoy, sin embargo, la familia detrás de este reconocido proyecto enfrenta una realidad muy distinta en su campo del valle del Limarí. Los diversos sistemas frontales que han afectado a la Región de Coquimbo dejaron corrales inundados, alimento para meses inutilizable y un nuevo desafío que amenaza directamente el bienestar de sus animales: conseguir forraje en una zona donde prácticamente ya no existe disponibilidad.

Las pérdidas suman varios millones de pesos y se producen, además, en un escenario de aumento en el precio del alimento para cabras, tanto en pellet como alfalfa.

“Lamentablemente el alza de los precios va a repercutir en el valor de los precios, es inevitable”, cuenta Yasna Molina, ingeniera comercial y fundadora de Caprinos Villaseca, quien dejó la minería para rescatar la tradición caprina de su familia y transformarla en una quesería artesanal reconocida internacionalmente.

Del déficit de agua al exceso de lluvia

Su historia está marcada por la resiliencia. En los últimos años enfrentó una de las sequías más severas que ha vivido la región, una crisis que obligó a muchos productores, incluida su familia, a sacrificar parte de sus rebaños. Ahora, cuando las lluvias llegaron a una zona históricamente castigada por la falta de agua, el exceso terminó convirtiéndose en una nueva amenaza.

“Nos preparamos varios días para enfrentar el frente de mal tiempo. Sabíamos que podíamos tener dificultades porque estamos ubicados en una ladera y cerca de quebradas”, relata Yasna.

En un comienzo, las medidas parecían suficientes. Como ocurre habitualmente en el sector, el suministro eléctrico se interrumpió apenas comenzó a llover, dejando al predio cerca de diez horas sin energía. Pero al día siguiente la intensidad de las precipitaciones y el viento superaron las medidas preventivas.

“Nos preocupamos de los techos, limpiamos las acequias para que el agua escurriera, pero fue tanta la cantidad de lluvia que el agua terminó entrando igual. No fue solamente agua: llegó con barro y alcanzó el lugar donde almacenábamos el forraje”, sostiene.

El principal daño se produjo precisamente allí. La alfalfa prensada comenzó a humedecerse, fermentar y desarrollar hongos, por lo que perdió completamente su valor como alimento para las cabras.

“Ese forraje ya no sirve. Puede enfermar a los animales. Además, el maíz también se nos mojó y se llenó de barro. Lo poco que todavía estaba en condiciones tuvimos que entregarlo de inmediato; el resto simplemente hubo que desecharlo”, explica.

A la pérdida del alimento se sumó la inundación de uno de los corrales, donde permanecían alrededor de 75 cabritas. “Entró agua y mucho barro. Tuvimos que mover rápidamente a todos los animales hacia un sector más seco, pero con mucho menos techo. Ahora la preocupación son las bajas temperaturas que vienen durante las noches”, detalla.

La quesería, en cambio, prácticamente no sufrió daños y la producción puede mantenerse. El problema está en la base de toda la cadena productiva: los animales.

“Los quesos no salen de los árboles. Salen de la leche que producen mis cabritas. Si ellas no tienen buena alimentación, todo el proceso se ve afectado”, agrega.

El problema ahora es conseguir alimento

Para Yasna, el mayor desafío no está necesariamente en los daños que ya provocó el temporal, sino en lo que viene. Las praderas propias de Caprinos Villaseca habían logrado sobrevivir a años de sequía y recién comenzaban a mostrar sus primeros brotes. Sin embargo, deberán pasar al menos uno o dos meses antes de que puedan transformarse nuevamente en alimento para el rebaño.

Hasta ahora, la familia también dependía de productores del sur que abastecían de alfalfa al predio. Pero esos campos igualmente fueron afectados por las lluvias.

“Los agricultores que nos vendían forraje perdieron sus cosechas. En invierno la alfalfa ya crece más lento por la latencia, así que el problema será aún mayor. No sé de dónde vamos a sacar alimento para nuestros animales”, explica.

La escasez ya se refleja en los precios. Un fardo de alfalfa puede alcanzar los $12 mil, mientras la familia debe enfrentar simultáneamente la reconstrucción de los sectores afectados y la necesidad de comprar alimento.

“Lo que más me preocupa es el alimento para las cabras. Tendremos que invertir para reconstruir corrales y, además, comprar forraje, pero ni siquiera sabemos dónde encontrarlo”, señala.

La situación no afecta únicamente a Caprinos Villaseca. La preocupación se extiende entre productores caprinos de la región, que enfrentan la pérdida de cultivos y la dificultad de abastecerse justamente durante los meses en que la disponibilidad de forraje es menor.

Productores que quedan fuera de las ayudas

A la emergencia productiva se suma otra preocupación: el acceso a los programas de apoyo. Yasna explica que existen productores medianos que, pese a haber sufrido pérdidas importantes, no califican para algunas de las ayudas destinadas a enfrentar la emergencia.

“Nosotros estamos dentro de un grupo de productores al que no llegan ayudas. No somos considerados vulnerables, pero tampoco tenemos espalda para absorber este tipo de pérdidas”, asegura.

Según explica, los catastros realizados hasta ahora priorizan a usuarios de programas específicos o a quienes registran pérdidas superiores al 50% de su producción.

“Entiendo que hay personas que lo perdieron todo y obviamente deben ser la prioridad. Pero también existe una clase media agrícola que queda en tierra de nadie. Pagamos impuestos como cualquier empresa, pero cuando ocurren estas emergencias no calificamos para recibir apoyo”, menciona.

Por eso, más que solicitar únicamente subsidios directos, plantea una medida que considera urgente para todo el sector: garantizar el abastecimiento de alimento para los animales y evitar que la escasez provoque una nueva escalada de precios.

“Espero que las autoridades hagan gestiones para asegurar la disponibilidad de forraje. Si es necesario importar alimento desde otras zonas o incluso desde países vecinos, hay que hacerlo. Este no es un problema de un solo productor; es una preocupación de todo el gremio”, dice.

Un patrimonio gastronómico reconocido internacionalmente

Caprinos Villaseca nació en 2018 con el propósito de rescatar la tradición caprina del valle del Limarí y demostrar que desde el campo chileno era posible elaborar quesos de nivel internacional, utilizando leche de cabra criolla y procesos artesanales.

Desde entonces, el proyecto ha conseguido importantes reconocimientos. Entre ellos está el Cabrita en Pisco, que obtuvo medalla de oro en la Copa América del Queso; el queso azul Anqas Villaseca, ganador de la Copa América del Queso 2024; y el Caprifet, distinguido con una medalla de bronce en los World Cheese Awards, competencia en la que participaron cerca de 5.000 quesos provenientes de 46 países.

Estos reconocimientos internacionales, sin embargo, no modifican la realidad cotidiana del campo. La quesería puede continuar funcionando y la calidad de sus productos se mantiene, pero todo depende de asegurar las condiciones para que las cabras puedan producir leche.

“Estamos haciendo todo lo posible para protegerlas. Les estamos suministrando vitaminas para enfrentar el frío y prevenir enfermedades respiratorias. Pero al final todo vuelve al mismo punto: sin forraje no hay leche, y sin leche no hay queso”, asegura.

La emergencia también ha tenido consecuencias en la comercialización. Las restricciones y suspensiones de actividades han reducido los espacios donde la familia suele vender directamente sus productos, mientras la llegada de turistas a la zona también ha disminuido.

“Nosotros vamos a muchas ferias itinerantes y estamos en diferentes exposiciones y ferias regionales, pero se han suspendido. Tampoco están llegando turistas. Y nosotros vivimos de vender quesos y eso no está ocurriendo”, detalla.

Entre medio de las preocupaciones, Yasna se prepara para viajar a España en noviembre para ser jurado internacional en el Mundial de Quesos. “Me invitaron por haber puesto a Chile en la vitrina de los quesos del mundo. Estoy viendo alguna forma de cómo llegar allá, porque financian el 50% de mis pasajes, pero todos mis recursos por ahora los estoy poniendo en mejorar la producción”, destaca. “Sería la primera mujer chilena en formar parte de los jueces que catan los quesos y eligen el mejor queso del mundo”

Así, después de años marcados por la sequía, el reconocimiento internacional y la construcción de un proyecto que convirtió una tradición familiar en una propuesta gastronómica de calidad, Caprinos Villaseca enfrenta nuevos obstáculos pero también sueña con llevar a Chile y el Valle del Limarí al reconocimiento mundial.

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