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El Menú de Chile abre su sexta edición para rescatar las cocinas que cuentan la historia del país Gastronomía

El Menú de Chile abre su sexta edición para rescatar las cocinas que cuentan la historia del país

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El concurso del Ministerio de las Culturas busca poner en valor productos, recetas, saberes y prácticas alimentarias que forman parte del patrimonio culinario chileno. La convocatoria estará abierta hasta el 7 de noviembre y este año incorpora nuevas condiciones de postulación.


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La cocina chilena no se construye únicamente a partir de recetas. Detrás de un plato hay territorios, productos, formas de cultivo y recolección, conocimientos transmitidos entre generaciones y maneras particulares de compartir los alimentos. Esa dimensión de la gastronomía como patrimonio vivo es la que busca reconocer nuevamente El Menú de Chile, concurso que este año abre su sexta edición.

El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, a través del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural (Serpat), abrió la convocatoria 2026 de este certamen, que busca identificar y visibilizar las distintas expresiones que forman parte de las cocinas patrimoniales del país.

La convocatoria permanecerá abierta hasta el 7 de noviembre de 2026, a las 17:00 horas, y está dirigida a propuestas provenientes de todas las regiones de Chile. Los trabajos deberán ser enviados exclusivamente a través del correo electrónico establecido en las bases.

Una cocina que también es memoria

La propuesta de El Menú de Chile va más allá de presentar una selección de platos. Los participantes deben construir un menú acompañado de un relato que permita comprender el contexto cultural en que esas preparaciones existen.

La convocatoria considera elementos como productos, saberes, recetas, prácticas tradicionales y formas de consumo, pero también busca conocer los significados sociales asociados a la alimentación y la manera en que esos conocimientos han pasado de una generación a otra.

Por eso, las propuestas deberán incorporar información de contexto, testimonios y fotografías de los platos y preparaciones. El objetivo es mostrar no solo qué se come, sino también por qué, cómo, dónde y junto a quiénes se prepara y consume.

“Seguimos validando la participación ciudadana como estrategia de rescate y puesta en valor de las memorias y tradiciones vigentes”, señaló Emilio de la Cerda, subsecretario del Patrimonio Cultural.

En esta edición, además, las bases fueron modificadas a partir de la experiencia de versiones anteriores y de las sugerencias realizadas por postulantes.

Equipos más pequeños y mayor énfasis territorial

Uno de los principales cambios de esta sexta edición es la reducción del número mínimo de integrantes. Ahora podrán postular equipos conformados desde dos personas, lo que abre la posibilidad de que participen binomios familiares, parejas de cultores o duplas formadas por investigadores y portadores locales de tradiciones.

El cambio busca facilitar la participación de quienes poseen conocimientos directamente vinculados con una determinada tradición alimentaria y que no necesariamente forman parte de grandes equipos de investigación.

Otro aspecto relevante es que el jurado priorizará el origen territorial y la identidad de la propuesta por sobre el domicilio administrativo de los integrantes del equipo. De esta manera, se busca resguardar la pertinencia cultural de las tradiciones presentadas.

La mirada territorial resulta especialmente significativa en un país donde las cocinas cambian de acuerdo con la geografía: desde los productos del desierto y las preparaciones de los valles del norte hasta los alimentos provenientes de las costas, campos, bosques y archipiélagos del sur.

De los campos, costas y mares a la mesa

La invitación de esta nueva edición es también a mirar la cocina cotidiana como una fuente de información sobre la identidad de las comunidades.

Alejandro Salas, integrante del equipo ganador de la edición anterior, valoró que las nuevas bases incorporaran la experiencia y las sugerencias de quienes han participado en versiones anteriores.

Su llamado apunta precisamente a buscar esas historias que muchas veces permanecen dentro de las familias o comunidades: recetas que se han transmitido oralmente, productos ligados a un territorio, preparaciones asociadas a determinadas celebraciones o técnicas que han sobrevivido gracias a quienes continúan practicándolas.

La gastronomía se convierte así en una puerta de entrada para hablar de patrimonio cultural inmaterial, pero también de biodiversidad, agricultura, pesca, recolección y sistemas alimentarios locales.

“En la cocina también se defiende el patrimonio vivo y nuestra diversidad cultural”, planteó Salas, invitando a indagar en las tradiciones alimentarias de familias, poblados y comunidades.

Un premio de $3 millones para el menú ganador

La sexta edición también contempla modificaciones en los reconocimientos económicos.

El equipo que obtenga el premio al menú ganador recibirá $3 millones, mientras que se mantendrán tres menciones honrosas, cada una con un reconocimiento de $1 millón.

Además, el sistema de evaluación incorporará un puntaje adicional para la propuesta que demuestre un mayor compromiso con la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. Entre los elementos que podrán fortalecer una candidatura está la incorporación de personas cultoras o de manifestaciones reconocidas en el Registro de Patrimonio Cultural Inmaterial de Chile.

La medida refuerza una idea central del concurso: el patrimonio gastronómico no está solamente en los platos, sino en las personas que mantienen vivos los conocimientos necesarios para prepararlos.

Cinco ediciones y 37 menús reconocidos

La convocatoria de 2026 llega después de cinco ediciones que han permitido documentar y distinguir expresiones culinarias de distintas partes del territorio nacional.

Hasta ahora, 37 menús han sido reconocidos en 15 regiones, construyendo un mapa de memorias alimentarias que se extiende desde Arica hasta Punta Arenas.

Más que establecer una definición única de lo que debe entenderse por cocina chilena, el concurso ha permitido mostrar su diversidad y la relación que existe entre alimentación, territorio e identidad.

En ese sentido, cada menú puede funcionar como una pequeña historia gastronómica de un lugar: los ingredientes disponibles, las temporadas, las técnicas de cocina, las celebraciones y las personas que han mantenido esos conocimientos a través del tiempo.

Cómo participar en El Menú de Chile 2026

Las personas interesadas deberán formar un equipo y elaborar una propuesta de menú que incluya un relato contextual, testimonios y fotografías de las preparaciones. El trabajo debe dar cuenta de los usos y significados sociales de las recetas, su transmisión entre generaciones y el sistema alimentario relacionado con ellas.

El llamado está abierto a propuestas de todas las regiones del país y la recepción de los trabajos será exclusivamente por el medio indicado en las bases.

Para ampliar el acceso a la convocatoria, el Serpat anunció además próximos lanzamientos regionales y sesiones virtuales de asistencia técnica dirigidas a quienes quieran postular.

Las bases completas y formularios de postulación están disponibles en El Menú de Chile 2026.

La nueva edición vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que excede lo gastronómico: cuánto de la historia de Chile permanece en sus cocinas. Porque conservar una receta también puede significar conservar una forma de relacionarse con el territorio, reconocer a quienes transmitieron un conocimiento y mantener vigente una memoria que, de otro modo, podría desaparecer.

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