Bajo fuerzas extremas
¡Buenas tardes, estimados y estimadas tripulantes de este Universo Paralelo!
En 1943 la Marina estadounidense tenía un problema práctico: el peso del blindaje de los aviones. No se podía forrar un bombardero entero, así que había que decidir en qué partes hacerlo. Se contaba con los datos de los impactos de municiones que traían los aviones al volver de misión, y la inclinación natural era reforzar las zonas donde se acumulaban los agujeros.
Abraham Wald, un matemático húngaro que trabajaba en Columbia, miró los mismos datos y vio otra cosa. Vio lo que no estaba. Esa información venía solo de los aviones que volvieron. Las zonas limpias —motores, cabina— no eran las seguras. Eran las mortales. Los aviones alcanzados ahí nunca llegaron a ser datos. El sesgo del sobreviviente en su máxima expresión.
Me acordé de Wald, y de la importancia de considerar también, en todo análisis, aquello que no está, leyendo sobre los tornados que golpearon Ñuble hace dos semanas. Durante décadas dimos por hecho que Chile no era país de tornados porque no estamos acostumbrados a experimentarlos.
- El 14 de mayo de 1633 un tornado arrasó la villa fortificada de Carelmapu, y lo sabemos porque el jesuita Alonso de Ovalle lo dejó por escrito. Un cronista del siglo XVII midiendo sin saber que medía. En 1934 otro cruzó Concepción y llegó al New York Times. Antes de 2019, toda la literatura científica chilena sobre el asunto cabía en una ponencia de congreso.
Hoy el catastro llega a más de cuarenta eventos desde 1633. Y aquí el dato que me dejó dando vueltas: según ese mismo estudio, el 69% de los tornados registrados ocurrió entre 2015 y 2019. Cuatro siglos de registros, dos tercios en apenas un lustro.
Que el clima está cambiando no está en discusión, pero nadie cree que el clima cambió tanto en cinco años. Lo que cambió fue otra cosa: hoy todos andamos con una cámara en el bolsillo. Como los aviones que no pudieron volver, los tornados que ocurrieron sin teléfonos inteligentes cerca y redes sociales activas simplemente nunca ocurrieron para el registro.
- Estos son ejemplos de una característica que siempre tienen los datos: nunca son totalmente objetivos. Requieren siempre de un análisis, de una idea, de un relato que tome en consideración todos los sesgos que pueden estar ocultando. La mayoría de las veces, esos sesgos no son fáciles de identificar.
Chile todavía no tiene una red de radares Doppler que puedan detectar y medir las características de los tornados. Sin ella, nuestro mapa de tornados seguirá siendo, sobre todo, un mapa de dónde vive la gente con teléfono.
En esta edición hablamos de tornados y desastres naturales. Invitamos a Cristián Andrés Bastías Curivil, geólogo y magíster en Ciencias mención Geología de la Universidad de Chile; Fabiola Barrenechea, geógrafa, doctora en Geografía y directora ejecutiva de la Fundación Intergeographic; Camilo Sánchez, geólogo y académico de la Escuela de Geología de la Universidad Mayor; Fabiola Arévalo, doctora en Física; Ignacio Retamal, doctor en Ciencias; y la periodista Francisca Munita.
- Gracias por acompañarnos en este número de Universo Paralelo. Comenta y comparte este link. Y si este newsletter te llegó gracias a alguien que mira más allá del desastre cuando la Tierra se sacude o la atmósfera se desata, inscríbete aquí y sigamos explorando las fuerzas que transforman nuestro planeta y el universo.
LOS TORNADOS QUE CHILE NO RECUERDA

Crédito: Foto de Ralph W. Lambrecht.
En mayo de 2019, al menos siete tornados atravesaron grandes centros urbanos del centro-sur de Chile en dos días. Los testimonios gráficos se difundieron masivamente por redes sociales, y la sorpresa fue doble: la población creía que eran un fenómeno ajeno al territorio y buena parte de la comunidad científica había subestimado durante décadas su ocurrencia en el país. Sin embargo, los registros históricos y la memoria oral mapuche y campesina llevaban siglos diciéndolo.
El registro más antiguo que conservamos data del 23 de abril de 1554, según el calendario juliano, o del 3 de mayo del mismo año, según el gregoriano. El poeta y soldado español Alonso de Ercilla, presente en las campañas militares de la Guerra de Arauco, describió en el Canto IX de La Araucana un tornado que arrasó La Imperial, actual Carahue, con sorprendente precisión:
Cuando el campo de allí quería mudarse,
Que ya la trompa a caminar tocaba,
Súbito comenzó el aire a turbarse,
Y de prodigios tristes se espesaba:
Nubes con nubes vienen a cerrarse,
Turbulento rumor se levantaba:
Que con airados ímpetus violentos
Mostraban su furor los cuatro vientos.
Agua recia, granizo, piedra espesa
Las intricadas nubes despedían:
Rayos, truenos, relámpagos a priesa
Rompen los cielos y la tierra abrían:
Hacen los vientos áspera represa,
Que en su entera violencia competían:
Cuanto topa arrebata el torbellino,
Alzándolo en furioso remolino.
Los registros coloniales sugieren que los tornados ocurren en el centro-sur de Chile al menos desde mediados del siglo XVI, aunque la ausencia de una terminología específica hizo que cronistas e historiadores los confundieran con temporales ordinarios o con la ira divina.
- Identificarlos no era fácil. Un tornado dura minutos, recorre un corredor estrecho y deja una huella que puede confundirse con un derrumbe o una inundación localizada. Sin instrumentos meteorológicos ni redes de observación, distinguirlo de una tormenta severa dependía casi exclusivamente de la agudeza del testigo. Por eso, la memoria popular resulta invaluable: lo que la ciencia tardó siglos en sistematizar, las comunidades indígenas y campesinas lo preservaron mediante mitos, leyendas y canciones.
Lo que Ercilla vio, y lo que los mapuche que lo rodeaban ya conocían, tenía nombre en mapudungun: mewlen. Así llamaba el pueblo mapuche a los torbellinos y remolinos de gran intensidad. La tradición distinguía incluso su peligrosidad según la dirección de giro: de acuerdo con el testimonio recogido por Ñanculef, los mewlen malos giran de izquierda a derecha y los buenos, en sentido contrario. La distinción no es arbitraria: los tornados y trombas que han causado graves daños son predominantemente ciclónicos, el mismo sentido de giro que la tradición mapuche asociaba con eventos malignos.
Esa memoria se preservó en los relatos míticos. La leyenda de Nahuel Huinca, recopilada por Tomás Guevara en 1908, describe cómo un remolino emergió del lago Budi, en el sector de Puancho, y amenazó a la comunidad hasta ser contenido mediante un ritual colectivo. En estos relatos, el tornado no es una curiosidad meteorológica, sino un agente capaz de intervenir en los asuntos humanos y restituir el equilibrio perdido.
- La tradición campesina chilena también dejó sus huellas. En canciones recopiladas en Chiloé aparecen referencias a remolinos que se llevaron casas y techumbres. Hoy, el mewlen sobrevive además en la toponimia, como en los cerros de Meulén, en Gorbea, y en la isla Meulín, en Chiloé. Estos nombres no son meros ornamentos folclóricos: son marcadores territoriales del riesgo, instrucciones grabadas en el paisaje para no olvidar.
Cuatrocientos setenta años después del tornado de La Imperial, mientras estos fenómenos vuelven a cruzar las ciudades del centro-sur, la pregunta ya no es si existen en nuestro territorio. La pregunta es por qué tardamos tanto en escuchar lo que los mewlen y quienes los nombraron llevan siglos diciéndonos. Como ha insistido el profesor Roberto Rondanelli: Chile es un país de tornados.
CHILE TIEMBLA, PERO TAMBIÉN OLVIDA

Crédito: Foto de Doruk Aksel Anıl.
Cada cierto tiempo, Chile recuerda que es un país sísmico. A veces el recordatorio llega en forma de un gran terremoto que ocupa portadas, detiene ciudades y nos obliga, por algunos días o semanas, a mirar con atención aquello que normalmente ignoramos: la fragilidad de nuestra sociedad para enfrentar una amenaza de este tipo, la importancia de la coordinación institucional y la vulnerabilidad de miles de familias.
- Pero el problema de los terremotos en Chile no es que ocurran. El problema es que los olvidamos rápidamente. Lo digo desde la experiencia de haber recorrido distintas regiones del país en emergencias. En esos días posteriores al desastre uno ve lo mejor y lo peor de nuestra sociedad. Vecinos organizándose para ayudarse entre sí, funcionarios municipales trabajando jornadas interminables, voluntarios llegando desde distintos lugares para colaborar donde haga falta. Pero también se ve otra realidad: municipios con muy pocos recursos para enfrentar una emergencia, equipos técnicos reducidos y planes que existen en el papel pero que no siempre se traducen en capacidades reales de respuesta.
En muchos territorios del país la gestión del riesgo de desastres sigue siendo una tarea que recae en pocas personas (o incluso en solo una), muchas veces sin presupuesto suficiente y enfrentando amenazas diversas que van desde terremotos hasta incendios forestales, inundaciones o sequías.
- En los primeros días después de un terremoto todo parece urgente. Se anuncian planes, se discuten mejoras normativas y se habla de fortalecer la prevención. El desastre se instala en la conversación pública y se multiplican los análisis sobre lo que se hizo bien y lo que falló. Incluso ya nadie quiere vivir en un departamento más allá del segundo piso.
Pero pasan los meses. Las cámaras se van, las prioridades cambian y la memoria del desastre comienza lentamente a diluirse.
Chile tiene una larga historia sísmica. El terremoto de Valdivia de 1960, el mayor registrado instrumentalmente en el mundo, y eventos más recientes como el de 2010 en el centro-sur del país, han marcado nuestra historia y también han impulsado avances importantes en ingeniería sísmica y normas de construcción. Gracias a ello, muchas ciudades chilenas resisten hoy de mejor forma los grandes sismos.
Pero la reducción del riesgo de desastres no depende solo de edificios que no colapsen. Depende también de comunidades preparadas, de municipios fortalecidos y de una planificación territorial que considere seriamente las amenazas naturales.
- Los terremotos seguirán ocurriendo. No hay tecnología capaz de evitarlos ni de predecir con exactitud cuándo ocurrirán. Lo que sí podemos evitar es que cada desastre nos encuentre nuevamente improvisando (una tónica en la cual nos hemos vuelto – lamentablemente – expertos).
Porque en un país sísmico como Chile, el verdadero desafío no es solo resistir el próximo terremoto. Es no olvidarlo antes de que ocurra.
NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA

Recreación de los diminutos remolinos de plasma observados por primera vez en la superficie del Sol. Crédito: Imagen generada por IA.
Los huracanes y tornados pertenecen a la Tierra, pero fenómenos visualmente similares también pueden aparecer mucho más lejos. Esta semana, por primera vez, se observaron diminutos remolinos de plasma en la superficie del Sol. Un hallazgo que se suma a otros avances que marcaron los últimos siete días: virus diseñados por inteligencia artificial, una nueva vacuna contra la influenza, prometedores resultados frente al VIH y novedades en física cuántica.
- La IA ya puede diseñar virus desde cero
Investigadores usaron inteligencia artificial para diseñar genomas completos de bacteriófagos, virus que infectan bacterias. Tras generar cientos de candidatos basados en el fago ΦX174, los sintetizaron y comprobaron que 16 eran funcionales. Algunos incluso lograron infectar cepas de E. coli resistentes a fagos similares. El avance abre posibilidades para desarrollar nuevas terapias antibacterianas, pero también plantea desafíos de bioseguridad ante la capacidad de crear sistemas biológicos completos.
Dato curioso: ΦX174 fue el primer organismo con ADN cuyo genoma completo logró secuenciarse, en 1977.
Publicado el 6 de agosto de 2026. Conoce MÁS.
- La primera vacuna de ARNm contra la influenza ya es realidad
La FDA aprobó mFLUSIVA, de Moderna, la primera vacuna contra la influenza basada en ARNm. Está destinada a personas de 50 años o más y fue probada en más de 40 mil participantes durante la temporada 2024-2025. Su eficacia supero en un 27% a la de las vacunas convencionales de dosis estándar. La misma tecnología utilizada contra el COVID-19 suma así un nuevo capítulo en la prevención de enfermedades respiratorias.
Dato curioso: esta tecnología permite adaptar las vacunas a cepas más recientes de influenza.
Publicado el 5 de agosto de 2026. Conoce MÁS.
- Nuevas imágenes revelan cómo se mueve la energía en el Sol
El telescopio solar Daniel K. Inouye logró observar por primera vez y en alta resolución la inestabilidad de Kelvin-Helmholtz en la superficie solar. Se trata de diminutos remolinos de plasma que aparecen cuando capas se mueven a diferentes velocidades, y podrían ayudar a explicar cómo se acumula y transporta energía magnética en el Sol.
Dato curioso: esa energía alimenta llamaradas y erupciones capaces de afectar satélites, redes eléctricas y otras tecnologías en la Tierra.
Publicado el 5 de agosto de 2026. Conoce MÁS.
- Crean entrelazamiento cuántico a partir de la luz del Sol
Investigadores lograron generar fotones entrelazados utilizando directamente luz solar, en lugar de los láseres empleados habitualmente. Para conseguirlo, dirigieron la radiación hacia un pequeño cristal, donde se produjeron pares de fotones conectados cuánticamente. El experimento demuestra que una fuente natural puede producir entrelazamiento de alta calidad y abre una posible vía hacia tecnologías cuánticas más eficientes, desde comunicaciones seguras hasta aplicaciones espaciales.
Dato curioso: los fotones alcanzaron un 94% de la calidad máxima posible de entrelazamiento.
Publicado el 6 de agosto de 2026. Conoce MÁS.
ÓRBITAS PARALELAS
Una terapia experimental logra frenar al VIH tras la infección
Una combinación de tres tratamientos consiguió evitar que el virus persistiera en macacos infantiles infectados con un modelo de VIH. La terapia comenzó 72 horas después del contagio, cuando el virus ya circulaba, y combinó antirretrovirales, anticuerpos y el bloqueo de una vía que utiliza para infectar células. Tras suspender el tratamiento, no hubo señales de reaparición del virus durante un año.
Más información.
Crean un material ultradelgado que conduce electricidad sin resistencia
Investigadores lograron fabricar grandes superficies de un superconductor de apenas unos átomos de espesor que, hasta ahora, se degradaba rápidamente al contacto con el aire. La solución fue hacerlo crecer bajo una capa de grafeno, que evita su oxidación sin alterar sus propiedades. El material pudo integrarse en circuitos superconductores, un avance que podría facilitar dispositivos cuánticos más pequeños y escalables.
Más información.
LA IMAGEN DE LA SEMANA

Crédito: Frank Fournier, 1985. Le Nouvel Obs.
OMAYRA
En los últimos meses, distintos fenómenos naturales han impactado a comunidades tanto en Chile como en Sudamérica, lluvias intensas, localidades aisladas, tornados, el doble terremoto registrado en Venezuela y, esta semana, un terremoto en Colombia que se suma a la alerta vulcanológica ya existente en ese país por la actividad del volcán Puracé.
Más allá de recordarnos que la Tierra es un sistema activo y dinámico, estas imágenes vuelven a instalar una pregunta incómoda ¿Nos estamos acostumbrando a ver edificios colapsados, comunidades aisladas y personas rescatadas entre los escombros?
- La Imagen de la Semana en Universo Paralelo recoge uno de los registros más impactantes de lo que ocurre cuando una amenaza natural se combina con vulnerabilidad, deficiencias en la prevención y una respuesta insuficiente. El 13 de noviembre de 1985, el volcán Nevado del Ruiz, en Colombia, entró en erupción. El calor asociado a la actividad volcánica fundió parte del hielo y la nieve de su cumbre, generando lahares (flujos de agua, lodo, rocas y escombros) que descendieron por las laderas hasta alcanzar la localidad de Armero.
Entre los escombros, sobrevivió Omayra Sánchez, una niña de 13 años que quedó atrapada bajo los restos de su casa. Durante cerca de tres días, equipos de rescate, voluntarios y periodistas acompañaron y registraron sus últimos momentos de vida. La falta de equipamiento y la magnitud de la emergencia hicieron imposible liberarla a tiempo. Su agonía fue registrada y replicada en medios de comunicación de todo el mundo y terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de la tragedia de Armero.
El caso de Omayra no habla únicamente de volcanes. Habla también de cómo un fenómeno natural puede transformarse en desastre cuando encuentra comunidades expuestas, infraestructura vulnerable y una gestión del riesgo insuficiente.
- Precisamente por ello, organismos como la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres han impulsado acuerdos internacionales orientados a comprender las amenazas, fortalecer la gobernanza, invertir en prevención y mejorar la preparación ante emergencias. Desde el Marco de Acción de Hyogo hasta el actual Marco de Sendai 2015-2030 y la Agenda 2030, el principio es similar: “los desastres no deben entenderse únicamente como eventos inevitables, sino también como el resultado de decisiones sobre dónde y cómo construimos, planificamos y habitamos los territorios, porque los desastres no son naturales”.
Chile ha avanzado en esa dirección mediante el Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres, las unidades municipales de gestión del riesgo y herramientas como el Plan Integral de Seguridad Escolar.
- Sin embargo, la existencia de protocolos no garantiza por sí sola una buena gestión. También se requiere conocimiento científico, financiamiento, profesionales especializados, coordinación institucional y comunidades capaces de comprender los riesgos de los lugares que habitan. Una discusión especialmente relevante hoy, cuando se redefinen prioridades para el desarrollo científico en Chile y, al mismo tiempo, se debate sobre la flexibilización de exigencias y estándares ambientales.
Omayra dirigió algunas de sus últimas palabras hacia su madre, que se encontraba fuera de Armero. Cuarenta años después, su historia sigue interpelándonos cada vez que una amenaza conocida termina convertida en catástrofe. Mirar los ojos de Omayra no es recordar solamente un desastre ocurrido hace cuatro décadas, sino preguntarnos cuánto estamos dispuestos a invertir, como sociedad, para evitar que una tragedia conocida vuelva a repetirse.
BREVES PARALELAS

Crédito: Imagen generada por IA.
¿Cuánto tendría que soplar un tornado para hacer volar una vaca?
¿Es científicamente plausible que una vaca esté dando vueltas en un tornado como se ve en la película Twister? La física puede calcular la fuerza necesaria para levantarla, solo debemos simplificar un poco y suponer que la vaca es esférica.
- Si la vaca tiene una masa de unos 500 kg, el tornado tendría que ejercer una fuerza superior a su peso: aproximadamente 5.000 N. En 2019, un tornado en Los Ángeles del sur de Chile alcanzó una velocidad estimada de 218 km/h. Si suponemos que la vaca presenta unos 2,5 m² de superficie frente al viento, a esa velocidad el aire podría ejercer sobre ella una fuerza de unos 5.500 N: apenas suficiente para levantarla. Como contexto, en la película los personajes hablan de vientos de 240 km/h.
Lo menos plausible es la trayectoria cinematográfica. En la película, la vaca parece suspendida y desplazándose de manera bastante controlada; en un tornado real estaría sometida a un flujo extremadamente turbulento y cambiante. En el fondo, le falta caos a la escena. Ver esto con física o ciencia no necesariamente arruina la película. A veces hace algo mejor: nos permite descubrir exactamente qué parte de ella es extraordinaria.
¿Cuánto tendría que soplar un tornado para que una persona no pueda estar de pie?
¿Podemos saber qué tan fuerte es el viento sin mirar un instrumento? Existe una escala que permite estimarlo a partir de sus efectos: la escala de Beaufort, creada en 1805 para que los marinos pudieran describir la fuerza del viento a partir de lo que observaban.
- La escala comienza con el humo que asciende verticalmente y llega hasta vientos capaces de provocar daños importantes. Entre medio, los efectos se vuelven cada vez más familiares: con unos 30 km/h se mueven las ramas pequeñas; entre 40 y 50 km/h comienzan a balancearse los árboles pequeños; alrededor de 50–60 km/h las ramas grandes se mueven y los paraguas se vuelven difíciles de usar. Entre 60 y 75 km/h, el viento ya puede romper ramas y dificulta seriamente caminar.
Y tenemos un ejemplo chileno. En Punta Arenas, donde las ráfagas pueden superar los 100 km/h, durante años se utilizaron cuerdas entre postes para que los peatones pudieran afirmarse. El municipio terminó reemplazándolos por pasamanos como parte del proyecto Senderos del Viento. Quizás esta sea una buena forma de construir una intuición para el viento: no solo preguntarnos cuántos kilómetros por hora marca un instrumento, sino qué es capaz de hacer ese viento con el mundo que nos rodea… y con nosotros mismos.
RECOMENDACIÓN: PROGRAMA DOBLE CON TIBURONES

Crédito: Syfy.
Recomiendo ver Twister (1996) y Sharknado (2013) la misma noche, en ese orden. La primera envejeció mejor de lo que se dice. Jan de Bont venía de Speed y filmó el viento como personaje. Los efectos de ILM y el sonido compitieron por el Oscar, y la recaudación llegó a 495 millones de dólares según Box Office Mojo. Helen Hunt y Bill Paxton tienen química de exmatrimonio que discute mientras el mundo se desarma. Quédese con la escena del autocine, con El resplandor proyectándose cuando llega el embudo.
Cuando Paxton murió, en febrero de 2017, los cazadores de tormentas dibujaron sus iniciales sobre el mapa de la Tornado Alley con las rutas GPS de sus camionetas. Ese gremio sabe de lealtades.
- Sharknado es la joya de culto y hay que reírse de ella con conocimiento de causa. Se estrenó por Syfy el 11 de julio de 2013 con presupuesto de comercial. Reventó Twitter esa noche y las repeticiones subieron el rating en vez de bajarlo. Ian Ziering, galán jubilado de Beverly Hills 90210, entra a un tiburón blanco con la motosierra encendida y sale por el otro lado. Nada funciona y por eso funciona todo. Véala con harta gente y poca solemnidad; sola pierde la mitad de la gracia.
¿Y Twisters (2024)? Con reservas. Lee Isaac Chung filma Oklahoma con cariño y Glen Powell sostiene media película; la otra media promete disolver tornados desde una camioneta, y ahí yo me bajo. Apuesto a que esa escena envejecerá peor que la vaca voladora. Rescato la secuencia del rodeo.
Las tres esquivan el mejor misterio del rubro. Las superceldas se pronostican con días de anticipación, pero nadie sabe por qué una fabrica un tornado y su gemela no; faltaría medir los últimos cien metros de aire, a la altura de los techos. De ese hueco vive el género. Y de la vaca.
Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo. Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador.cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.
- Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola Arévalo, Francisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador.
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