Opinión
Créditos: El Mostrador.
El turismo también gana una hora
Con la llegada de la primavera, una hora adicional de luz durante la tarde permite aprovechar mejor los destinos y ampliar las posibilidades de realizar actividades turísticas y recreativas. Una tarde más extensa permite recorrer un borde costero, visitar un parque, caminar por un centro histórico, realizar una excursión, andar en bicicleta o permanecer más tiempo en una terraza. En destinos de naturaleza, esta posibilidad es aún más evidente, ya que muchas actividades turísticas y recreativas al aire libre dependen directamente de las condiciones de luz.
El beneficio tampoco se limita al visitante. Cuando las personas permanecen más tiempo recorriendo un destino, aumentan las oportunidades para restaurantes, cafeterías, ferias, artesanos, guías, operadores turísticos y pequeños comercios. Extender el tiempo útil de una jornada turística puede contribuir así a generar mayor movimiento económico en los territorios.
Esta oportunidad adquiere especial importancia durante la primavera. Septiembre, octubre y noviembre representan una transición entre la temporada baja de invierno y el mayor movimiento turístico del verano. Contar con tardes más luminosas puede fortalecer estos meses, incentivando escapadas de fin de semana y actividades al aire libre antes de la temporada estival.
También existe una oportunidad especialmente relevante para el turismo interno. No necesitamos viajar cientos de kilómetros para convertirnos en turistas. Una tarde más extensa puede ser suficiente para visitar una localidad cercana, conocer un parque, recorrer un atractivo patrimonial o disfrutar de la gastronomía local.
Las cifras permiten dimensionar la importancia de este mercado. Según datos de SERNATUR, durante 2025 se registraron 62,4 millones de viajes turísticos con pernoctación realizados por residentes dentro de Chile, demostrando el importante papel que tienen los propios habitantes en la actividad turística nacional.
A ello se suma el impacto de las políticas destinadas a fomentar estos viajes. Durante 2025, los programas de turismo interno de SERNATUR, tales como Vacaciones Tercera Edad, Gira de Estudio, Turismo Familiar y Turismo Mujer, movilizaron a 68.722 pasajeros, generaron más de 230 mil pernoctaciones y un impacto económico superior a los $22 mil millones en los territorios. Estas cifras muestran que incentivar los viajes dentro de Chile también moviliza alojamiento, gastronomía, transporte, comercio y numerosos servicios asociados al turismo.
En este escenario, una mayor disponibilidad de luz durante las tardes puede convertirse en un incentivo adicional. Más horas de luz significan más posibilidades de realizar excursiones por el día, visitar destinos cercanos y desarrollar actividades al aire libre. Incluso existe una oportunidad todavía poco explorada: el turismo y la recreación después de la jornada laboral. Costaneras, ciclovías, parques, circuitos patrimoniales, gastronomía y actividades culturales pueden aprovechar las tardes más luminosas para ampliar su oferta.
Sin embargo, adelantar el reloj no genera desarrollo turístico por sí solo. Para transformar esa mayor disponibilidad de luz en una oportunidad se requiere planificación. Los destinos pueden adaptar horarios, desarrollar actividades durante las tardes y fortalecer experiencias que permitan a visitantes y residentes aprovechar mejor los atractivos turísticos.
Chile, además, posee una enorme diversidad geográfica y las condiciones de luz no se manifiestan de igual manera a lo largo del territorio. Las oportunidades que puede generar el horario de verano no serán las mismas en Arica, Valparaíso, Concepción, Puerto Montt o Punta Arenas. Por ello, más que pensar en una receta única, el desafío está en que cada destino identifique cómo aprovechar sus propias condiciones ambientales, culturales y territoriales, y transforme esas tardes más extensas en oportunidades para fortalecer su oferta turística.
El turismo depende, entre otras cosas, del tiempo: del que tenemos disponible para viajar, del que permanecemos en un destino y de las horas que podemos dedicar a disfrutarlo. Por eso, cuando adelantemos nuestros relojes, quizás valga la pena mirar ese cambio desde otra perspectiva. Porque una hora más de luz no es solamente una modificación en el reloj: bien aprovechada, puede transformarse en una hora más para caminar, conocer, consumir, compartir y descubrir nuestros territorios y, para muchas comunidades que viven del turismo, también en una nueva oportunidad de desarrollo.
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