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Créditos: El Mostrador.
Cambio climático amenaza patrimonio mundial: monumentos y tradiciones enfrentan un futuro incierto
El cambio climático amenaza el patrimonio cultural del mundo: inundaciones, incendios y erosión ponen en riesgo monumentos, sitios históricos y tradiciones ancestrales. Un análisis publicado en Nature advierte la urgencia de replantear su conservación.
El aumento de fenómenos extremos, la erosión costera y los desplazamientos provocados por el deterioro ambiental están poniendo en riesgo algunos de los principales sitios históricos del planeta. Un análisis publicado por la revista Nature advierte que la crisis climática no solo amenaza monumentos y construcciones, sino también tradiciones, memorias colectivas y formas de vida vinculadas a estos lugares.
Durante siglos, los sitios de patrimonio cultural han sido considerados símbolos permanentes de la historia y la creatividad humana. Sin embargo, el avance del cambio climático está modificando esa percepción: inundaciones, incendios forestales y transformaciones de los ecosistemas obligan a replantear cómo proteger estos espacios ante un futuro cada vez más incierto.
Cuando el clima transforma paisajes históricos en zonas de riesgo
El impacto del cambio climático ya es visible en distintos puntos del mundo. Ciudades históricas, monumentos ancestrales y espacios culturales enfrentan amenazas crecientes debido al aumento del nivel del mar y la intensificación de eventos extremos.
Uno de los casos más emblemáticos es Venecia, donde en 2019 una inundación sin precedentes cubrió más del 80% de la ciudad, llevando al gobierno italiano a declarar estado de emergencia. En la misma línea, la costa de Rapa Nui (Isla de Pascua) enfrenta una creciente exposición a la erosión y al avance del océano, poniendo en riesgo a sus reconocidos moáis.
La revista Nature recogió los planteamientos del historiador Thijs Weststeijn en su libro The Future of the Past, donde analiza cómo el legado cultural enfrenta un escenario marcado por la incertidumbre ambiental y plantea nuevas formas de preservar la memoria histórica.
La vulnerabilidad también alcanza espacios culturales protegidos. En 2019 y nuevamente en 2025, los incendios en California avanzaron hacia la Getty Villa en Los Ángeles, recinto que alberga una de las colecciones más importantes de arte griego y romano.
Weststeijn aborda cómo algunos entornos que históricamente permitieron el desarrollo de determinadas culturas hoy se convierten en factores de amenaza. Las comunidades de la costa swahili en África Oriental, por ejemplo, ven cómo el mismo vínculo con el océano que impulsó su crecimiento ahora pone en peligro sus construcciones históricas y su continuidad cultural.
Repensar qué significa proteger el patrimonio
El libro plantea que la idea moderna de patrimonio mundial, impulsada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en 1945, nació bajo una mirada marcada por el contexto occidental de posguerra. Tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial, la comunidad internacional buscó identificar bienes considerados de valor universal para protegerlos.
Sin embargo, Weststeijn advierte que este enfoque puede resultar limitado frente a la crisis climática actual, ya que muchas pérdidas culturales no se reducen a edificios u objetos materiales, sino que también involucran identidades, vínculos territoriales y experiencias comunitarias.
En esa línea, el autor incorpora el concepto de solastalgia, utilizado por la revista médica The Lancet en 2015 para describir el malestar emocional que surge cuando un entorno conocido cambia o se degrada. Esta idea amplía la comprensión del patrimonio al incluir la relación afectiva entre las personas y los lugares que forman parte de su historia.
El análisis también plantea un desafío complejo: decidir qué sitios pueden ser preservados cuando los recursos son limitados y las amenazas climáticas aumentan. Para Weststeijn, la transmisión del patrimonio a las futuras generaciones ya no puede considerarse garantizada.
Preservar, transformar y adaptarse ante un escenario incierto
Frente a esta crisis, el libro explora distintas estrategias de conservación. Una de ellas es aceptar la transformación como una forma de continuidad cultural, como ocurre con la reconstrucción periódica del santuario de Ise en Japón, donde el valor se encuentra en mantener la tradición más que en conservar intacta una estructura original.
Otra alternativa es la digitalización de espacios patrimoniales, como los registros en 3D de los Budas de Bamiyán en Afganistán. No obstante, Weststeijn advierte que las reproducciones digitales no pueden sustituir completamente la experiencia física y emocional de visitar estos lugares.
Estas soluciones también abren preguntas sobre la desigualdad global: quién decide qué patrimonio merece ser salvado, qué sociedades cuentan con los recursos para hacerlo y cómo se enfrentan las pérdidas que no pueden medirse económicamente.
El autor destaca además que la herencia intangible —como tradiciones orales, rituales y prácticas culturales— suele quedar fuera de las discusiones, pese a que también se ve afectada por los desplazamientos y migraciones provocados por la crisis climática.
Más que considerar el patrimonio histórico como una víctima pasiva del cambio climático, el análisis propone entenderlo como una herramienta para enfrentar la emergencia ambiental. Estos lugares conservan relatos, aprendizajes y formas de relación con el entorno que pueden contribuir a construir nuevas respuestas frente a los desafíos del futuro.