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Prevención y responsabilidad en el turismo aventura y de naturaleza Opinión Crédito: Cedida

Prevención y responsabilidad en el turismo aventura y de naturaleza

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Javier Muñoz Valenzuela
Por : Javier Muñoz Valenzuela Académico Administración en Ecoturismo, Universidad Andrés Bello.
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Durante mi época de formación de pregrado tuve la fortuna de ser alumno de la asignatura “Liderazgo y manejo de conflictos”, dictada por un querido himalayista y andinista chileno, Dagoberto Peña, quien permanentemente nos invitaba a reflexionar sobre el valor de la vida, ante todo. En una de sus clases —no recuerdo si fue una teórica u otra en la que recorríamos a campo traviesa el desierto de Atacama— nos relató la épica experiencia que vivió sobre los ocho mil metros, intentando “conquistar” el Everest, la montaña más alta del mundo, alrededor de diez años antes de que finalmente fuera conquistada por otros connotados montañistas chilenos. En aquella oportunidad, tuvieron que descender luego de dos noches en condiciones extremas, sobreviviendo en la llamada “zona de la muerte”. Me quedó grabada una frase que nos señaló: “Ningún éxito deportivo vale la vida de una persona”.

En 2003 se publicó el libro Quién vive, quién muere y por qué, donde el autor, Laurence Gonzales, aborda la pregunta de por qué, en gran parte de los accidentes que cobran la vida de sus protagonistas, son justamente las personas expertas las principales involucradas. En su análisis, va desentrañando varios casos documentados y extrayendo algunas conclusiones. Entre ellas, una que me llamó poderosamente la atención fue lo que denomina “la trampa del modelo mental”. Según señala, muchas veces las personas expertas confían demasiado en sus modelos mentales y conocimientos sobre un área, lo que puede llevarlas a actitudes temerarias y a un exceso de confianza. Al respecto, el autor nos invita a recordar que el mapa no es el territorio: por más experto que uno sea en un área, nuestros conocimientos nunca abarcarán todas las posibilidades ni lo incierto de la realidad. Por ello, no debemos olvidar la prudencia y la humildad.

Por otra parte, el autor también entrega algunas claves del perfil de quienes sobreviven en situaciones extremas, quienes aceptan rápidamente la situación en la que se encuentran, sin perder tiempo preguntándose “¿por qué a mí?”; utilizan la respiración, el humor y la rutina para gestionar el estrés; buscan una razón profunda para vivir, como pensar en sus seres queridos; y se adaptan con lo que tienen a mano.

Esta reflexión cobra especial relevancia hoy, cuando el turismo aventura y los deportes vinculados a la naturaleza —trekking, montañismo, canyoning, buceo, rafting, entre otros— crecen sostenidamente como actividad económica y como estilo de vida. El auge de estas prácticas trae consigo una responsabilidad ineludible, tanto para quienes las practican como para quienes las organizan y promueven, la de la prevención, que no es un obstáculo para la aventura, sino su condición de posibilidad. Conductas responsables como planificar adecuadamente cada salida, conocer los propios límites y los del grupo, respetar las condiciones climáticas y del terreno, contar con equipo adecuado, informar la ruta a terceros, y no ceder ante la presión social o la urgencia de “lograr la meta” son tan parte de la experiencia como el desafío físico mismo. La gestión del riesgo no le resta valor a la aventura, la dignifica, y es también responsabilidad de los operadores turísticos y guías certificar protocolos claros de seguridad, formar a sus equipos y priorizar siempre la vida de quienes confían en su experiencia.

Al redactar este artículo, pienso en las familias que han perdido a sus seres queridos, y en aquellas que se aferran a la esperanza de que puedan regresar sanos y salvos a casa. Me invito e invito a quienes lean estas líneas —practicantes, guías, operadores turísticos y amantes de la naturaleza—, como docente y amante de las actividades en la naturaleza, a no olvidar esto: en casa nos están esperando nuestros seres queridos, y ellos no nos quieren por nuestros éxitos, sino, “simplemente”, por ser la vida que somos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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