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Aysén por la Carretera Austral: un viaje de vistas idílicas donde la naturaleza es la protagonista Viajes

Aysén por la Carretera Austral: un viaje de vistas idílicas donde la naturaleza es la protagonista

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María Jesús Bujanda
Por : María Jesús Bujanda Periodista diplomada Enoturismo/Gastronomía @reinafoodie
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Desde Balmaceda cubierto de nieve hasta las aguas del río Baker, iniciamos un recorrido por Aysén Patagonia que atraviesa Cerro Castillo, Puerto Río Tranquilo y Puerto Bertrand. Un viaje donde conectividad, conservación y turismo se encuentran en uno de los territorios más extraordinarios de Chile.


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Los primeros copos de nieve aparecen incluso antes de dejar el Aeropuerto de Balmaceda. El terminal es pequeño, un tanto frío, pero funcional.

Al salir de la manga ves silenciosos vendedores de transfer agitar papelitos con sus manos. No hay gritos ofreciendo transporte ni esa competencia que suele producirse en algunos terminales. La normativa del aeropuerto exige mantener silencio y aquí se respeta absolutamente.

Quizás por eso resulta especialmente simbólico mirar hacia afuera y descubrir que, apenas a unos metros del actual terminal, se levanta el que será el nuevo Aeropuerto de Balmaceda. Las obras comenzaron hace aproximadamente tres años y el nuevo terminal debería comenzar a operar durante octubre de 2026.

Una nueva puerta de entrada para Aysén y sus habitantes

Basta quedarse unos minutos observando el movimiento para comprender que reducirlo a una puerta de entrada para los turistas sería no entender Aysén.

Para los habitantes de la región, el aeropuerto es una infraestructura esencial que los conecta con el resto de Chile. Desde aquí se viaja por placer o trabajo, pero también por razones de salud o estudios que obligan a trasladarse fuera de la región.

Martín Zúñiga Merino, gerente comercial de Red de Aeropuertos, explica algunos de los principales cambios que experimentará el aeropuerto tras una inversión cercana a los US$50 millones. Uno de los más evidentes será su capacidad. El terminal pasará de dos a cinco puertas de embarque e incorporará cinco tótems de autoatención, además de mangas con sistemas de calefacción, un detalle que puede parecer menor hasta que se aterriza en Balmaceda en medio de una nevada.

También crecerá la oferta gastronómica, con alrededor de 450 metros cuadrados destinados a este tipo de servicios.

A través del uso de vidrio, la arquitectura busca aprovechar la luz natural de la Patagonia y esas extensas jornadas estivales en que el sol puede acompañar hasta cerca de las 22:00 horas. Grandes superficies vidriadas conectarán visualmente el interior con el paisaje y permitirán aprovechar esa luminosidad.

En camino hacia la Carretera Austral

Dejamos Balmaceda y nos internamos en la Carretera Austral mientras la nieve seguía cayendo. Actualmente,  se extiende por aproximadamente 1.240 kilómetros, atravesando uno de los territorios más complejos y espectaculares de Chile.

Avanzar por ella es una experiencia en sí misma. La naturaleza comienza a ocupar prácticamente todo el campo visual y, dependiendo de las condiciones meteorológicas, conducir exige paciencia, precaución y, en algunos sectores, el uso de cadenas.

Pero el aysenino está acostumbrado. Si un vehículo debe detenerse al costado de la ruta, no resulta extraño que otro conductor pare para observar si necesita ayuda. A veces será para colaborar y otras, simplemente, para intercambiar algunas palabras. Es una pequeña escena que permite entender que aquí las distancias y el clima también han construido formas particulares de relacionarse.

Y existe una frase que parece resumir perfectamente esa manera de recorrer la Patagonia. En “El Manual de Carreño de la Patagonia Aysén”, desarrollado por el dibujante Nelson Huenchuñir y el reconocido y recientemente fallecido periodista Patricio Segura, se lee: “El que se apura en la Patagonia, pierde el tiempo”. Porque en Aysén apurarse no tiene demasiado sentido: el clima siempre tiene la última palabra.

La ruta se encuentra actualmente en plena transformación. El Plan Ruta 7 contempla una inversión total cercana a los $800 mil millones, financiada por el Ministerio de Obras Públicas y el Fondo Nacional de Desarrollo Regional. Entre las iniciativas se contempla la intervención de 244 kilómetros desde el límite regional hasta Lago Juncal, nueva pavimentación y siete nuevos miradores en diferentes puntos de la ruta.

Pero para quienes planean viajar por Aysén durante la temporada 2026-2027, estas obras no significan dejar de recorrer la ruta. La plataforma Planifica tu Viaje de Sernatur Aysén incorporará un mapa interactivo con información sobre las rutas troncales y un planificador que integrará horarios de cortes y pasos diferidos asociados a los trabajos.

El objetivo es mejorar la conectividad sin perder de vista algo fundamental: aquí el camino también es parte del atractivo.

Cerro Castillo bajo la nieve

La ruta nos lleva hasta Parque Nacional Cerro Castillo, que durante nuestra visita aparece prácticamente transformado por la nieve. Mágico e idílico. La naturaleza nos regala un lago completamente congelado o el avistamiento de una familia de huemules.

Aquí, conservación y turismo tienen además un componente especialmente interesante: la participación de las comunidades.

La red de senderos funciona bajo un modelo en que los recursos generados por las visitas quedan directamente en la localidad. Parte de las utilidades permite incluso apoyar iniciativas locales, como su fiesta costumbrista.

El trabajo de mantención de los senderos y la coordinación con la Corporación de Turismo han permitido también avanzar en seguridad y disminuir accidentes.

Entre sus recorridos se encuentra La Horqueta, una travesía que puede extenderse durante cuatro días y que recibe alrededor de 1.800 visitantes. Existen tickets para diferentes duraciones y cierta flexibilidad para adaptarse a las condiciones —y al clima— de quienes recorren el parque.

Aysén tiene, además, una relación extraordinaria con la conservación: alrededor de la mitad de las áreas protegidas del país se encuentra en esta región.

La temporada de mayor visitación comienza a tomar fuerza entre octubre, noviembre y diciembre, continúa durante el verano y puede extenderse hasta marzo y abril.

Puerto Río Tranquilo: vivir frente al General Carrera

Llegar a Puerto Río Tranquilo significa encontrarse con otra escala.

Durante la temporada baja, la localidad cuenta con alrededor de 700 habitantes, pero en los meses de mayor actividad turística puede recibir una población flotante cercana a las 2.000 personas.

Frente al pueblo se extiende el Lago General Carrera, el más grande de Chile y uno de esos paisajes que cambian constantemente dependiendo de la luz, el viento y el clima. Desde ahí visitaremos el Glaciar Exploradores.

Glaciar Exploradores: observar un territorio vivo y en constante transformación

El Glaciar Exploradores se encuentra al noreste de Campo de Hielo Norte, dentro del Parque Nacional Laguna San Rafael.

Esta enorme masa de hielo desciende desde el monte San Valentín, la montaña más alta de la Patagonia, con 4.058 metros de altura.

El glaciar alcanza aproximadamente 23 kilómetros de longitud, de los cuales unos 12 son visibles, y cerca de tres kilómetros de ancho.

Durante nuestra visita nos recibe Andrea Carretta, guardaparque del Parque Nacional Laguna San Rafael, alpinista de alta montaña italiano originario de Trento, quien lleva aproximadamente una década viviendo en Chile.

Buena parte del año permanece prácticamente solo en el parque y durante el verano se incorporan jóvenes que apoyan las distintas labores del área protegida.

Su trabajo implica cuidar la flora y fauna, recorrer el territorio y participar de la vigilancia de los glaciares.

Aquí el cambio climático deja de ser una conversación distante. Es palpable cada día y modifica paisajes.

Actualmente, la Dirección General de Aguas trabaja en un proyecto destinado a mejorar las condiciones de visitación del sector, que considera cinco kilómetros adicionales de senderos, pasamanos, escaleras y plataformas, además de un refugio y un punto de observación ubicado en una zona de mayor estabilidad.

El desafío es evidente: permitir que las personas conozcan este paisaje sin poner en riesgo a los visitantes ni al ecosistema que vienen a observar.

Parque Exploradores: 30 años protegiendo el bosque

Muy cerca del área administrada por CONAF aparece otra forma de conservación.

Parque Exploradores es un proyecto privado y familiar que en junio cumplió 30 años y protege un territorio que incluye buena parte de la morrena frontal del Glaciar Exploradores.

Nos recibe Francisco Croxatto, propietario y guía de Parque Exploradores, en un espacio cálido con una estufa a leña donde compartimos productos de la zona mientras conocemos la historia del proyecto.

Afuera espera un bosque siempreverde periglaciar.

El parque nació como una iniciativa familiar y actualmente se sostiene principalmente a través de las entradas de quienes lo visitan. Junto con la conservación, desarrolla charlas, talleres y actividades de educación ambiental.

Cuenta con tres senderos autoguiados que permiten internarse en el bosque nativo, recorrer sectores de la morrena y alcanzar puntos desde donde observar el Glaciar Exploradores.

La entrada informada durante nuestra visita es de $10.000 para adultos y $5.000 para niños y adultos mayores.

Pero existe otra experiencia que cambia completamente la escala del recorrido.

Caminar 400 metros durante dos horas

Se llama Sendero con Lupa y la propuesta parece contradecir todo lo que normalmente entendemos por avanzar.

Durante aproximadamente dos horas se recorren apenas 400 metros.

La idea es detenerse.

Con una lupa es posible descubrir el denominado microbosque: musgos, líquenes, hongos, pequeños organismos y formas de vida que suelen quedar eclipsadas frente a la inmensidad de los glaciares y montañas.

La experiencia tiene un valor informado de $25.000 y pueden participar niños desde los seis años.

El parque ofrece además Canopy Exploradores, una actividad orientada a familias cuyo valor informado es de $30.000 e incluye el acceso a los tres senderos.

Las experiencias funcionan principalmente entre octubre y abril.

Aunque el verano concentra buena parte de la demanda, aquí también recomiendan mirar con otros ojos la primavera y el otoño: flores y nuevos brotes en una; hongos y transformaciones del bosque en la otra.

Un parque donde también se hace ciencia

Hay además una dimensión de Parque Exploradores que no siempre resulta evidente a primera vista.

La investigación científica.

Actualmente se desarrollan estudios geológicos sobre las variaciones de temperatura y su efecto sobre el Glaciar Exploradores; investigaciones entomológicas sobre especies de moscas nativas y endémicas y pequeños escarabajos asociados a musgos; y monitoreos de mamíferos mediante cámaras trampa y avistamientos realizados por el equipo de guardaparques.

Por eso, durante algunos recorridos pueden observarse cámaras o instrumentos científicos instalados entre la vegetación.

El bosque también permite comprender la historia humana de Aysén.

El ciprés de las Guaitecas, por ejemplo, fue utilizado históricamente para calefacción y construcción y adquirió especial relevancia en localidades como Caleta Tortel.

De pronto, caminar 400 metros puede convertirse en una clase completa sobre biodiversidad, historia, ciencia y conservación.

Puerto Bertrand: donde nace el río Baker

Para cerrar la jornada, nos desplazamos aproximadamente una hora hasta Puerto Bertrand, localidad ubicada en el inicio del río Baker.

Y aquí el paisaje vuelve a cambiar.

Nos embarcamos junto a Franco Gómez, guía y vocero de la Agrupación de Turismo Local de Puerto Bertrand, para navegar por las aguas de uno de los grandes íconos de la Carretera Austral.

El Baker impacta inmediatamente por sus tonos azules y turquesas.

Pero para quienes viven aquí es mucho más que una fotografía.

Puerto Bertrand nació estrechamente relacionado con la conectividad y la actividad maderera. Actualmente existen alrededor de 74 viviendas legalmente constituidas y buena parte de la actividad turística gira en torno al río.

El rafting se encuentra entre las experiencias más demandadas y existen seis agencias dedicadas a esta actividad.

También está la pesca con mosca, cuya temporada se extiende aproximadamente desde el segundo fin de semana de octubre hasta comienzos de mayo.

Viajeros provenientes de Chile y distintos países de Sudamérica llegan hasta este punto de la Patagonia atraídos por un río que se ha convertido en uno de los grandes símbolos de Aysén.

Dormir junto al Baker

Después de navegar llega el momento de detenerse.

Nos alojamos en Parador, un espacio que lleva alrededor de ocho años funcionando y cuya historia está relacionada con el desarrollo turístico regional y la empresa Loberías del Sur.

El concepto se aleja del gran hotel.

Las habitaciones son cómodas, la calefacción se agradece y el servicio mantiene esa cercanía que aparece repetidamente durante el viaje por Aysén.

La Patagonia también llega a la mesa. Nos esperan con una cena donde destaca un risotto con morillas, ingrediente profundamente asociado a los bosques del sur, servido en un ambiente cómodo y hogareño donde los detalles no se descuidan.

Pero probablemente una de las experiencias más memorables ocurre después.

Durante la noche se puede escuchar el río Baker desde la habitación.

Y a la mañana siguiente, al abrir las cortinas, aparece nuevamente frente a nosotros.

Aysén, un viaje que todavía continúa

Después de varios días recorriendo esta parte de la Carretera Austral, comienza a hacerse evidente que Aysén no se comprende únicamente a través de sus paisajes.

El turismo se ha convertido en uno de los ejes de desarrollo de la región y proyectos como el nuevo Aeropuerto de Balmaceda, el Plan Ruta 7, los nuevos miradores y la plataforma Planifica tu Viaje buscan hacer más accesible un territorio cuya principal riqueza sigue siendo, paradójicamente, aquello que permanece salvaje.

Pero nuestro recorrido por Aysén todavía no termina.

Desde las aguas del Baker, la Carretera Austral continúa hacia Cochrane, donde el territorio vuelve a cambiar y aparecen nuevas historias, paisajes y formas de vivir la Patagonia. Y cerraremos el recorrido seis horas al norte, en Coyhaique, mostrando una dimensión diferente de la región y cerrando un viaje en el que cada kilómetro parece tener algo que contar.

Quizás por eso, después de nieve, bosques, glaciares, caminos y ríos, volvemos inevitablemente a aquella frase:

“El que se apura en la Patagonia, pierde el tiempo”.

Y todavía nos queda Aysén por recorrer.

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