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El Carmenere chileno y la diversidad de sus terroirs conquistan nuevos reconocimientos mundiales Vinos

El Carmenere chileno y la diversidad de sus terroirs conquistan nuevos reconocimientos mundiales

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El reconocimiento internacional a Extinto Carmenere 2024, de Viña Undurraga, como mejor vino tinto chileno en el International Wine Challenge refleja el potencial de una industria que busca diferenciarse a través de sus territorios, variedades y nuevas interpretaciones de cepas emblemáticas.


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La calidad de los vinos chilenos continúa encontrando reconocimiento en los principales escenarios internacionales. Detrás de estos resultados hay una industria que, más allá de su tradición exportadora, ha profundizado en la exploración de sus territorios, la identificación de parcelas singulares y la búsqueda de una identidad capaz de expresar la diversidad geográfica del país.

Uno de los ejemplos recientes es Extinto Carmenere 2024, de Viña Undurraga, distinguido en el International Wine Challenge (IWC) de Londres con medalla de oro y dos trofeos: Carmenere Trophy y Chilean Red Trophy, este último correspondiente al mejor vino tinto chileno del certamen. El concurso, reconocido por su proceso de evaluación mediante catas a ciegas, situó a este Carmenere del Valle de Cachapoal entre los vinos destacados de Chile.

La viña sumó otros reconocimientos con T.H. Syrah Leyda 2024, que obtuvo medalla de oro y el Chilean Syrah Trophy, además de las medallas de oro para Altazor 2023 y T.H. Syrah Cauquenes. Los resultados reflejan el trabajo de una bodega que ha buscado desarrollar distintos perfiles de vino a partir de la diversidad de los valles y las condiciones de cultivo.

A estos galardones se suma la nominación de Rafael Urrejola, enólogo jefe de Viña Undurraga, al Red Winemaker of the Year, distinción internacional que ya obtuvo en 2023. En aquella ocasión se convirtió en el primer chileno y latinoamericano en recibir el premio, después de haber sido nominado en 2014 y 2022.

«El premio de 2023 fue una gran sorpresa para la viña y para mí: siempre había recaído en enólogos europeos y uno que otro australiano, por lo que se veía difícil de obtener. Esta nueva nominación la tomo como un reconocimiento verdadero y consistente al trabajo que venimos haciendo como equipo en Viña Undurraga y como generación en la enología chilena», señala Urrejola.

Carmenere: una cepa emblemática que sigue revelando su potencial

El caso de Extinto representa también una nueva aproximación al Carmenere, variedad que se ha convertido en uno de los símbolos del vino chileno. Su desarrollo en distintos valles ha permitido explorar expresiones diversas, vinculadas a los suelos, el clima, la edad de las plantas y las decisiones de vinificación.

El vino nació de la búsqueda de pequeñas parcelas y lugares con características particulares, una filosofía que ha marcado la trayectoria de Urrejola y que dio origen a la línea Terroir Hunter. Durante una de esas exploraciones, el equipo encontró un viñedo de Carmenere de viñas viejas en el Valle de Cachapoal y decidió vinificar sus uvas por separado, con el propósito de expresar la identidad de ese lugar.

«Extinto es un gran vino de lugar, de viñas viejas del Valle de Cachapoal, donde el Carmenere es la cepa que mejor se adapta a esos suelos profundos y a ese clima de días calurosos en verano. Gracias a este vino me he reencantado con el Carmenere y creo que hoy podemos salir con orgullo y seguridad a mostrar estos vinos al mundo», afirma el enólogo.

La exploración de parcelas específicas responde a una tendencia que ha ganado espacio en la vitivinicultura chilena: comprender cada vez mejor las particularidades de los lugares de origen y trasladarlas a vinos con identidad propia. En lugar de limitarse a destacar una variedad, esta mirada busca poner en valor la relación entre cepa, suelo y clima.

La diversidad territorial como fortaleza del vino chileno

Chile cuenta con condiciones geográficas que permiten desarrollar estilos muy distintos en distancias relativamente acotadas. La influencia del océano Pacífico, la cordillera de los Andes, los valles transversales y las diferencias climáticas entre el norte y el sur abren posibilidades para variedades y expresiones diversas.

En esa búsqueda, Urrejola identifica oportunidades en los Pinot Noir, Riesling y Syrah de la costa de San Antonio, así como en el Valle del Limarí. También destaca la posibilidad de seguir profundizando en variedades tradicionales, como el Cabernet Sauvignon del Alto Maipo y sus mezclas, el Cabernet Franc y los Carmenere de Cachapoal y Apalta.

La combinación entre territorios reconocidos y zonas que todavía tienen espacio para desarrollar su potencial es parte de los desafíos de una industria que compite en mercados internacionales cada vez más exigentes. La caída del consumo mundial añade presión, pero también refuerza la necesidad de comunicar con mayor claridad el origen, la calidad y las características de cada vino.

Para Urrejola, los reconocimientos internacionales adquieren sentido cuando contribuyen a fortalecer la percepción de los vinos nacionales más allá de una bodega en particular.

«Me encantaría que este reconocimiento fuera un aliciente para que los consumidores y distribuidores de vino vuelvan a confiar en la calidad y distinción de los vinos de Chile. Si eso pasara en alguna medida, me sentiría profundamente gratificado», señala.

Viña Undurraga: tradición y búsqueda de nuevas expresiones

Fundada en 1885, Viña Undurraga celebró en 2025 sus 140 años de historia. Su trayectoria permite observar parte de la evolución de la industria vitivinícola chilena, desde una tradición centrada en variedades y estilos consolidados hasta una etapa en que la exploración de terroirs y la diferenciación de los vinos adquieren un papel cada vez más relevante.

«Por esta casa han pasado generaciones de familias que han dedicado su vida a esta viña, y enólogos que marcaron cada uno una etapa importante. Me llena de orgullo ser parte, junto a mi equipo, de una etapa especialmente exitosa en la calidad y consistencia de los vinos y espumantes de esta última década», agrega Urrejola.

En un escenario internacional competitivo, los premios contribuyen a dar visibilidad al trabajo de productores y enólogos chilenos. Sin embargo, el desafío de largo plazo va más allá de acumular medallas: consiste en consolidar una identidad reconocible, capaz de expresar la diversidad de los territorios y de demostrar que el vino chileno ofrece mucho más que una buena relación entre precio y calidad.

La búsqueda de nuevas interpretaciones del Carmenere, el desarrollo de variedades en zonas costeras y la recuperación de cepas tradicionales muestran algunos de los caminos que la industria está explorando. Una evolución que busca mantener la presencia de Chile en los mercados internacionales y, al mismo tiempo, profundizar el valor de su origen.

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