Publicidad

Un mundo entrelazado

Publicidad


El Mostrador Fuente Preferida

Presentado por:

Patrocinante

¡Buenas tardes, estimados y estimadas tripulantes de este Universo Paralelo! 

En algún momento, hace unos 3.500 millones de años, la vida apareció en nuestro planeta. Este se había formado unos 1.000 millones de años antes y no se parecía en nada a lo que conocemos hoy: su atmósfera no contenía oxígeno, bombardeado por asteroides y volcánicamente violento. Hostil en casi todo sentido.

Sin embargo, en algún rincón de ese infierno rocoso surgió algo. Los biólogos lo llaman LUCA, el Último Ancestro Común Universal: el organismo del que, a lo largo de miles de millones de años de evolución, surgieron todos los seres vivos que han habitado la Tierra.

Se estima que hoy compartimos el planeta con entre 8 y 10 millones de especies. De las que conocemos –un 20% del total–, una cantidad pequeña se extingue naturalmente cada año, la llamada tasa de fondo (equivalente, en promedio muy grueso, a una especie por cada millón). Hoy, debido a la actividad humana, esa tasa es entre 1.000 y 10.000 veces mayor.

  • ¿Y por qué importa? Dejando a un lado lo estético y lo sentimental, por una razón muy pragmática: los ecosistemas funcionan como sistemas complejos donde cada pieza tiene una función, muchas veces desconocida para nosotros. Perder especies es como quitar tornillos al azar de un avión en vuelo.

Edward Osborne Wilson fue un célebre biólogo estadounidense que popularizó el término biodiversidad, para referirse a la variabilidad en las formas de vida del planeta. En sus últimos años propuso algo que sonaba a utopía: ceder la mitad del planeta a la naturaleza, sin intervención humana. Lo llamó el Proyecto Media Tierra, con una lógica ecológica sólida detrás: para detener la extinción masiva, hay que proteger al menos el 50% de la superficie terrestre y oceánica.

Hoy protegemos solo el 17% de los ecosistemas en tierra y el 10% en los océanos.

Para explorar las múltiples formas en que la biodiversidad sostiene la vida, en esta edición reunimos las miradas de M. Isidora Ávila-Thieme, doctora en Ciencias Biológicas con mención en Ecología por la Pontificia Universidad Católica de Chile, investigadora y docente de la Universidad Mayor, donde integra el Centro para la Resiliencia, Adaptación y Mitigación (CReAM), e investigadora del Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS); y de María del Pilar Fernández, doctora en Ecología Integrativa e investigadora postdoctoral ANID, especializada en biodiversidad de ecosistemas áridos y en el estudio de microorganismos que habitan los salares del norte de Chile y su relación con el entorno.

Y junto a ellas, nuestros conocidos de la casa: Camilo Sánchez, geólogo y académico de la Escuela de Geología de la Universidad Mayor; Ignacio Retamal, doctor en Ciencias; y la periodista Francisca Munita.

  • Gracias por acompañarnos en este número de Universo Paralelo. Comenta y comparte este link. Y si este newsletter te llegó gracias a alguien interesado en la ciencia, la biodiversidad y las sorprendentes conexiones que sostienen la vida en el planeta, inscríbete aquí. Desde microorganismos invisibles hasta especies capaces de transformar ecosistemas completos, la biodiversidad nos recuerda que la vida funciona como una inmensa red de relaciones, muchas de ellas tan esenciales como desconocidas.
1

SOMOS NATURALEZA: LA RED INVISIBLE QUE SOSTIENE NUESTRAS VIDAS

Crédito: Foto de Diego González.

Por M. Isidora Ávila-Thieme
Doctora en Ciencias Biológicas, mención Ecología

Cada vez que comemos, respiramos aire limpio, tomamos agua, caminamos por una playa, disfrutamos un paisaje, estamos recibiendo algo de la naturaleza. A veces lo llamamos servicios ecosistémicos, contribuciones que hacen posible nuestra vida cotidiana, aunque muchas veces no veamos directamente de dónde vienen ni todo lo que las sostiene.

Sin embargo, mientras buscamos mantener o mejorar nuestro bienestar, la naturaleza enfrenta una acelerada pérdida de biodiversidad. Las fuertes presiones antropogénicas asociadas al cambio global han producido una pérdida de más de un 70% de la biodiversidad de mamíferos terrestres, y en América Latina y el Caribe estas cifras son incluso más alarmantes. Por lo tanto, la capacidad del planeta para sostener la vida, incluida la nuestra, está fuertemente amenazada.

  • Cuando pensamos en biodiversidad solemos imaginar una lista de especies, tales como aves, peces, mamíferos, algas, insectos o plantas. Pero la biodiversidad es mucho más que un inventario de nombres. Es también la red de relaciones que permite que esas especies existan, se alimenten, se reproduzcan y sostengan la vida de otras, incluida la nuestra. En otras palabras, vivimos dentro de sistemas socioecológicos, donde naturaleza y sociedad están profundamente interconectadas.

Aunque muchas veces asociamos la biodiversidad a bosques, montañas o animales terrestres, hablar de ella también implica mirar hacia el mar y avanzar hacia una sostenibilidad oceánica integrada. El planeta es principalmente océano y Chile es un país costero a lo largo de toda su extensión.

En estos ecosistemas, existen especies de macroalgas pardas que son los bosques del mar, conocidos como los huiros o kelps. Estos bosques crean hábitat, entregan refugio, alimento y zonas de reproducción para múltiples especies de peces e invertebrados –muchas de ellas con importancia comercial u fuertemente apetecidas, como el loco–, y sostienen actividades humanas como la pesca artesanal.

Chile es uno de los principales productores mundiales de huiros extraídos desde praderas naturales. De ellos se obtienen compuestos usados en la industria alimentaria, farmacéutica, cosmética y biomédica, presentes en productos cotidianos como pastas de dientes, cremas, alimentos o cápsulas de medicamentos. Sin embargo, la alta demanda internacional y sus altos precios han empujado una fuerte presión extractiva y prácticas ilegales sobre este recurso. Entonces, cuando un bosque de huiro se degrada, no desaparece solo un alga. Se altera una trama completa de interacciones ecológicas, económicas y sociales.

  • Entender estos procesos desde un enfoque socioecológico permite ver cómo la extracción de recursos, las variaciones ambientales y económicas, y las decisiones humanas sobre el uso de la naturaleza pueden propagarse a través de redes ecológicas y afectar especies que no estaban siendo intervenidas directamente.

Reconectar con la naturaleza y comprender que no estamos fuera de ella, sino que somos naturaleza y biodiversidad, es esencial para construir sociedades más sostenibles y resilientes. Para ello, el manejo y la conservación de la biodiversidad deben mirar más allá de cada especie por separado. Necesitamos comprender las interacciones que sostienen los ecosistemas, mejorar la información disponible, considerar los efectos indirectos de nuestras decisiones y reconocer el rol de las comunidades locales que habitan, conocen y dependen de esos territorios.

No es posible avanzar hacia una gestión integrada de la biodiversidad sin quienes viven diariamente conectados a ella.

2

¿POR QUÉ LOS ECÓLOGOS CONTAMOS ESPECIES?

Crédito: Foto de Miguel Alegría, Proyecto ANILLO ATE240004.

Por María del Pilar Fernández
Doctora en Ecología Integrativa

Ratones, aves, árboles, hongos, bacterias. Quienes trabajamos en ecología dedicamos una enorme cantidad de tiempo a registrar cuántas especies viven en un lugar. A simple vista, esta tarea podría parecer una curiosa obsesión por hacer listas. Sin embargo, detrás de cada conteo existe una pregunta mucho más profunda: ¿qué nos dicen las especies sobre el estado de los ecosistemas?

La biodiversidad es mucho más que un inventario de organismos. Funciona como un indicador de la salud ambiental. Así como un médico mide la presión arterial o la temperatura para evaluar el estado de una persona, los ecólogos observamos la biodiversidad para entender cómo están respondiendo los ecosistemas a los cambios de su entorno.

La razón es simple: las especies suelen reaccionar antes que nosotros. Muchas veces son las primeras en responder a cambios en la temperatura, la disponibilidad de agua, la contaminación o la alteración de los hábitats. Por eso, las variaciones en la biodiversidad funcionan como señales de alerta temprana.

  • Un ejemplo ocurre en las montañas. Diversos estudios han demostrado que numerosas especies de plantas están desplazándose hacia mayores altitudes a medida que aumentan las temperaturas. Lo que para nosotros puede parecer una cordillera inmutable es, para muchas especies, un paisaje en movimiento. Plantas que históricamente crecían en ciertos pisos altitudinales comienzan a aparecer cada vez más arriba, siguiendo las condiciones climáticas a las que están adaptadas.

Algo similar ocurre en el océano. En los fiordos de la Patagonia chilena habitan corales de aguas frías que forman complejos hábitats para numerosas especies marinas. Estos organismos son especialmente sensibles a la acidificación oceánica, un proceso provocado por la absorción de dióxido de carbono desde la atmósfera. A medida que cambia la química del océano, también cambian las condiciones que permiten a estos corales crecer y persistir. Su presencia o disminución puede transformarse en una señal temprana de los impactos que el cambio climático está generando en los ecosistemas marinos.

Pero quizás algunos de los indicadores más sorprendentes son invisibles a nuestros ojos. En los salares del norte de Chile viven comunidades de bacterias, arqueas y otros microorganismos adaptados a algunas de las condiciones más extremas del planeta: alta radiación solar, escasez de agua y elevadas concentraciones de sal.

Aunque no los vemos, estos organismos sostienen procesos esenciales para el funcionamiento de los ecosistemas, como el reciclaje de nutrientes y la formación de biocostras. Estudios recientes han demostrado que pequeñas variaciones en la disponibilidad de agua pueden modificar rápidamente la composición de estas comunidades microbianas, convirtiéndolas en excelentes centinelas de cambios ambientales.

Lo interesante es que muchos de estos procesos pasan inadvertidos. Un ecosistema puede parecer exactamente el mismo durante años e incluso décadas. La montaña sigue en su lugar. El océano conserva su apariencia. El salar continúa siendo una extensa superficie blanca en medio del desierto. Sin embargo, las especies que habitan esos ecosistemas pueden estar cambiando silenciosamente.

  • Por eso los ecólogos contamos especies. No lo hacemos únicamente para completar catálogos o describir la naturaleza. Lo hacemos porque cada especie representa una pieza de información sobre el funcionamiento de un ecosistema. Cuando las comunidades biológicas cambian, nos están enviando un mensaje.

En un planeta sometido a transformaciones cada vez más rápidas, aprender a interpretar esas señales es fundamental. Porque antes de que los ecosistemas colapsen, antes de que los cambios sean evidentes para todos, las especies suelen advertirnos que algo está ocurriendo. Y contar especies es, en esencia, una forma de escuchar lo que la naturaleza intenta decirnos.

3

NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA

Columnas de basalto de Giant’s Causeway (Irlanda del Norte), una formación que se originó en millones de años menos de lo que se estimaba. Crédito: Foto de Andrea Pucci.

Por Francisca Munita
Periodista

Esta semana, China dio un paso clave para resolver uno de los grandes misterios del universo: por qué existe más materia que antimateria. También descubrimos secretos del cerebro bilingüe, un beneficio oculto del Ozempic y otras historias sorprendentes que nos regala la ciencia.

  •  China da un paso clave para resolver uno de los mayores enigmas del universo

Con apenas 59 días de datos, el gigantesco observatorio subterráneo JUNO, en China, logró las mediciones más precisas hasta ahora de ciertas propiedades de los neutrinos, partículas diminutas que atraviesan la Tierra y nuestros cuerpos sin dejar rastro. El experimento marca un avance decisivo para determinar el orden de masas de los neutrinos, uno de los mayores misterios de la física. El hallazgo podría ayudar a explicar por qué el universo está dominado por materia y no por antimateria.
Dato curioso: dada la dificultad para detectar los neutrinos, los científicos construyen observatorios bajo montañas o kilómetros de roca.
Publicado el 12 de junio de 2026.  Conoce MÁS.

  •  ¿Dos idiomas? Tu cerebro usa el mismo motor

Un estudio de la Universidad de Nueva York descubrió que las personas bilingües no utilizan sistemas gramaticales separados para cada idioma. Mediante magnetoencefalografía, una técnica que registra la actividad cerebral en tiempo real, los investigadores observaron que el mismo circuito neuronal procesa la gramática tanto en inglés como en español. El estudio ayuda a entender mejor cómo aprendemos idiomas y cómo el cerebro organiza el lenguaje.
Dato curioso: diversas investigaciones han asociado el bilingüismo con mejores funciones ejecutivas, como la capacidad para ignorar información irrelevante.
Publicado el 15 de junio de 2026.  Conoce MÁS.

  •  El secreto volcánico detrás de una maravilla natural

Las famosas columnas de basalto de Giant’s Causeway, en Irlanda del Norte, se formaron durante un intenso episodio volcánico que duró unos 5,5 millones de años, mucho menos de lo que se creía. La nueva data también reveló que este proceso estuvo ligado a un gran evento volcánico registrado en regiones tan lejanas como Groenlandia. El hallazgo ayuda a reconstruir con mayor precisión la historia geológica del planeta.
Dato curioso: Giant’s Causeway está compuesto por cerca de 40 mil columnas de roca encajadas entre sí.
Publicado el 15 de junio de 2026.  Conoce MÁS.

  •  Ozempic podría tener un beneficio inesperado

Un análisis de casi 60 mil personas con diabetes tipo 2 encontró que quienes recibieron semaglutida –el principio activo de Ozempic y Wegovy– presentaron un 15% menos de fracturas óseas que quienes usaron otros tratamientos, pese a una mayor pérdida de peso. Los investigadores advierten que serán necesarios más estudios para confirmar el efecto protector observado.
Dato curioso: la semaglutida imita una hormona intestinal que ayuda a regular el apetito y los niveles de azúcar en sangre.
Publicado el 14 de junio de 2026.  Conoce MÁS.

ÓRBITAS PARALELAS

Oxford crea una versión aun más extraña del gato de Schrödinger
Físicos de la Universidad de Oxford desarrollaron un nuevo tipo de superposición cuántica inspirada en el famoso experimento mental del gato de Schrödinger. A diferencia de versiones anteriores, estas superposiciones se construyen a partir de estados cuánticos que no tienen equivalente en la física clásica, lo que podría ayudar a crear computadores cuánticos más resistentes a errores y ofrecer nuevas pistas sobre los límites entre el mundo cotidiano y el universo cuántico.
Más información.

 Descubren que las bacterias pueden aprender y transmitir recuerdos
Investigadores demostraron que bacterias como E. coli pueden aprender de experiencias pasadas, almacenar información sobre cambios en su entorno y transmitir parte de esa “memoria” a generaciones posteriores. El hallazgo sugiere que estos microorganismos no solo reaccionan al presente, sino que también utilizan experiencias previas para adaptarse mejor, incluso sin poseer cerebro ni sistema nervioso.
Más información.

4

 LA IMAGEN DE LA SEMANA

Crédito: Colaboración de ONG Cenotes Urbanos.

Por Camilo Sánchez
Geólogo

A finales del período Cretácico, hace unos 66 millones de años, un asteroide de aproximadamente 10 kilómetros de diámetro impactó la actual Península de Yucatán, en México, formando el cráter de Chicxulub. Este evento es considerado el principal detonante de la extinción masiva que puso fin al dominio de los dinosaurios (no aviares), que se extendió durante cerca de 165 millones de años: unas 500 veces más que la historia de Homo sapiens.

Más allá de lo fascinante que resulta la historia evolutiva del planeta, no deja de ser inquietante que la actividad humana esté modificando la Tierra a tal escala que algunos investigadores propongan que ya constituye una fuerza geológica.

  • La ONU advierte que enfrentamos una triple crisis planetaria: cambio climático, contaminación y pérdida de biodiversidad. En este contexto, el paleobiólogo Anthony Barnosky, de la Universidad de California, propuso que la biosfera podría estar aproximándose a un cambio de estado a escala planetaria impulsado por la acción humana (Barnosky et al., 2012). La teoría de los cambios de estado plantea que los sistemas biológicos pueden pasar abruptamente desde una condición estable a otra radicalmente distinta cuando sobrepasan ciertos umbrales críticos.

Para Barnosky, factores como el crecimiento poblacional, el consumo de recursos y el cambio climático están ocurriendo a velocidades comparables, o incluso superiores, a las que caracterizaron grandes transiciones del pasado geológico, como el inicio del Holoceno hace unos 11.700 años.

La pérdida y transformación de ecosistemas locales constituye uno de los principales motores de este proceso. La expansión urbana, la construcción de infraestructura y la fragmentación del hábitat empujan a la biosfera hacia posibles puntos de inflexión. Según la ONU, cerca del 75% de los ecosistemas terrestres y dos tercios de los marinos han sido significativamente alterados por la actividad humana.

  • La Imagen de la Semana en Universo Paralelo refleja parte de estos procesos. La fotografía, obtenida por la ONG Cenotes Urbanos, muestra uno de los pilotes del Tren Maya, infraestructura que atraviesa la Península de Yucatán. Debido a la geología calcárea de la región, las fundaciones penetran sistemas de cuevas y cenotes conectados al acuífero regional.
  • Los cenotes son cavidades formadas por la disolución del carbonato de calcio durante miles de años y constituyen la principal reserva de agua dulce de la región.

Según la Dra. Mitzi Ayala, investigadora de la UNAM y miembro de la ONG Cenotes Urbanos, las megaobras sin una planificación ambiental estricta pueden generar fragmentación del hábitat, pérdida de biodiversidad y contaminación de los sistemas subterráneos. Esto amenaza especies endémicas que no existen en ninguna otra parte del mundo, como la dama blanca (Typhlias pearsei) y la anguila ciega (Ophisternon infernale).

  • La evidencia científica indica que marcos de gobernanza robustos son esenciales para mantener la salud de los ecosistemas, especialmente cuando 196 países se han comprometido con las metas del Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal (Ovalle & Craven, 2026).

La imagen de esta semana es también una metáfora del Antropoceno, una época en la que la acumulación de cambios locales puede desencadenar transformaciones globales. Porque la biosfera y los ecosistemas no son algo externo a nosotros, también somos parte de ellos, y sus límites también son los nuestros.

5

 BREVES PARALELAS

Crédito: Foto de Denitsa Kireva.

Por Francisca Munita
Periodista

LA MAYOR BIODIVERSIDAD DEL PLANETA ESTÁ BAJO TUS PIES

Un simple puñado de suelo puede contener más microorganismos que personas en la Tierra. Bacterias, hongos, arqueas, protozoos y diminutos animales forman un universo oculto que sostiene gran parte de la vida terrestre.

  • Muchos reciclan nutrientes y ayudan a las plantas a crecer, pero otros cumplen funciones mucho más sorprendentes: algunas bacterias se comunican mediante señales químicas, ciertos hongos conectan árboles a través de redes subterráneas y numerosos microorganismos ayudan a capturar carbono de la atmósfera.

La diversidad del suelo es tan extraordinaria que el organismo más grande conocido del planeta no es una ballena ni un árbol, sino una gigantesca red de hongos subterráneos que se extiende por cientos de hectáreas en Estados Unidos. Sin embargo, gran parte de esta biodiversidad sigue siendo desconocida para la ciencia.


LOS ARQUITECTOS SECRETOS DE LA NATURALEZA

Algunos animales transforman el mundo que los rodea de maneras sorprendentes. Los castores construyen diques para crear estanques donde refugiarse de los depredadores, pero al hacerlo transforman arroyos en humedales capaces de albergar peces, anfibios, aves e insectos.

Los corales construyen arrecifes al acumular durante siglos los esqueletos de carbonato de calcio que dejan generaciones sucesivas, formando estructuras de las que depende cerca del 25% de las especies marinas conocidas. Los elefantes derriban árboles, abren espacios en la vegetación y dispersan semillas a grandes distancias, ayudando a renovar los bosques.

Por eso los científicos los consideran “ingenieros de ecosistemas”. Su influencia puede extenderse a cientos de organismos distintos. Cuando desaparecen, el impacto suele ir mucho más allá de una sola especie: también se alteran los hábitats y las relaciones que ayudaban a sostener.

6

RECOMENDACIÓN: LA TIERRA O LA DERIVA

Crédito: Netflix.

Por Ignacio Retamal
Dentista y doctor en Ciencias

Nuestro Planeta es una serie de 2019, producida por Netflix con la WWF y Silverback Films –el equipo de Planeta Tierra–, rodada durante cuatro años en cincuenta países. Su narrador, David Attenborough, cumplió cien años el pasado 8 de mayo, con concierto en el Royal Albert Hall y felicitación incluida del rey Carlos III.

  • Que una producción de semejante escala termine gratis en el canal de YouTube de Netflix dice algo sobre el lugar que hoy ocupa la naturaleza en nuestra atención. La vemos, si la vemos, en la misma pantalla y entre las mismas distracciones con las que despachamos todo lo demás.

A diferencia de los documentales contemplativos con los que crecimos quienes nos formamos mirando National Geographic, la serie insiste en el costo. No se limita a exhibir la fauna: muestra el desequilibrio, desde el deshielo y el blanqueamiento de los corales hasta la morsa que se despeña por un acantilado. Esa última secuencia, cabe señalarlo, le valió a Netflix el reparo de haber montado imágenes de episodios distintos, entre otras polémicas por la crudeza del capítulo. Lo que la serie filma, en el fondo, es la trama que conecta los ecosistemas y la facilidad con la que estamos limitando la biodiversidad.

  • De Chile aparece poco: ese timelapse del desierto de Atacama, el rincón más árido y más parecido a Marte que tenemos. La elección resuena con el poema del sueco Harry Martinson y su adaptación al cine de 2018, en la que la humanidad huye de una Tierra arruinada rumbo a Marte y termina en el vacío.

Vale la pena ver Nuestro Planeta, aunque sea por contraste: pocas producciones tan cuidadas admiten con esta franqueza el deterioro que documentan y la relevancia de que no terminemos a la deriva.


Presentado por:

Patrocinante

 Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo. Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador.cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.

  • Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola ArévaloFrancisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador.

Inscríbete en el Newsletter Universo Paralelo de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad donde el físico Andrés Gomberoff te llevará por un viaje fascinante a través del mundo de la ciencia.

Publicidad