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Una edición mundialista

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El Mostrador Fuente Preferida

¡Buenas tardes, estimados y estimadas tripulantes de este Universo Paralelo! 

Por estos días hablar de algo que no sea fútbol parece una herejía. Incluso en este Universo Paralelo caímos en la inevitable pasión de ese deporte. Por supuesto, solo como una justificación para hablar de otra cosa. De ciencia.

Pensemos en universos paralelos, pero solo en aquellos donde este mundial se está jugando. Pensemos, por ejemplo, en cuántos mundiales distintos podríamos encontrar con los mismos equipos y las mismas reglas.

El Mundial 2026 tiene 104 partidos en total. En los 72 de la fase de grupos, cada uno puede terminar en victoria de un cuadro, empate o victoria del otro: tres resultados posibles. En los 31 de la fase eliminatoria no hay empate posible: ahí están los penales para desempatar, así que son solo dos resultados por partido. De este modo, el número de mundiales 2026 distintos que se podrían haber jugado con las 48 selecciones es de 372 x 231, o bien:

– 48.379.369.638.367.518.204.046.735.150.976.198.265.274.368

– Esto es del orden del número de moléculas de agua en el Golfo de México. Necesitamos todos esos universos paralelos para acomodar todos los mundiales posibles. En uno de ellos se cumplen todos tus anhelos de hincha del fútbol (o de ludópata deportivo).

Además de pensar en combinatoria y grandes números, el mundial nos permite hablar de tecnología. Aquella que permite fabricar ropa deportiva y estadios de fútbol. O un complejo sistema de cámaras, o un balón con un sensor que hace mediciones 500 veces por segundo, permitiendo capturar un offside con precisión milimétrica. También está la biomecánica de los jugadores y la neurociencia de los hinchas. Un desfile de maravillas científicas y tecnológicas.

Esta edición futbolera contamos con la participación de Eduardo Morgado, geólogo y doctor en Ciencias de la Tierra; Camilo Sánchez, geólogo y académico de la Escuela de Geología de la Universidad Mayor; Ignacio Retamal, doctor en Ciencias; y la periodista Francisca Munita.

  • Gracias por acompañarnos en este número de Universo Paralelo. Comenta y comparte este link. Y si este newsletter te llegó gracias a alguien interesado en observar los nexos que existen entre ciencia y nuestra vida cotidiana, inscríbete aquí y sigamos descubriendo juntos cómo el conocimiento transforma nuestra manera de ver el mundo.

 

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SOLO DE VEZ EN CUANDO: EL FÚTBOL, LA CIENCIA Y LA VIDA

Crédito: Foto de Mateo Franciosi.

Por Eduardo Morgado
Geólogo y doctor en Ciencias de la Tierra

Hasta el Mundial de Catar 2022 se habían disputado 22 campeonatos mundiales de la FIFA. Brasil, la selección más exitosa de la historia, ha levantado la copa en cinco ocasiones. Dicho de otro modo, incluso la selección más ganadora del planeta fracasa cerca del 80% de las veces.

  • Salvo contadas excepciones (como Bayern Múnich, Paris Saint Germain o Celtic en sus respectivas ligas locales), el hincha del fútbol vive en el fracaso. Cada temporada comienza con la esperanza del triunfo, pero la inmensa mayoría termina sin celebraciones. Quizás por eso los títulos quedan grabados con tanta fuerza en la memoria. Como hincha de Unión Española, recuerdo con especial cariño los campeonatos de 2005 y 2013, pero tampoco olvido las finales perdidas del 2009 y 2012.

Desde afuera, la investigación científica suele presentarse como una sucesión de éxitos. Los artículos publicados, los descubrimientos y los premios son los que aparecen en las noticias y en los currículums. Sin embargo, detrás de cada publicación existe una larga historia de intentos fallidos, hipótesis incorrectas, proyectos rechazados y críticas que obligan a replantear las ideas originales.

Los científicos proponemos hipótesis que deben sobrevivir a rigurosas pruebas. La mayoría de ellas no conduce a grandes descubrimientos. Gran parte de las postulaciones a proyectos no obtiene financiamiento. Muchos manuscritos son rechazados o requieren profundas modificaciones antes de convertirse en artículos científicos. Sin embargo, esos fracasos rara vez quedan registrados.

  • Lo que permanece visible es el resultado final, creando la falsa impresión de que la ciencia avanza mediante una sucesión continua de victorias protagonizadas por personas infalibles. El vínculo con el fútbol es evidente para quienes hemos vivido el proceso: algunos de los artículos científicos que más valoro tardaron años en completarse, mientras que otros esfuerzos quedaron en el camino. Lo que cambia es que, a diferencia de un campeonato perdido, esos fracasos no se publican.

Tanto fútbol como ciencia exigen convivir con la incertidumbre, tolerar la frustración y perseverar durante largos períodos sin recompensas evidentes. En ambas, el valor no reside únicamente en el resultado, sino también en el proceso que conduce a él.

Marcelo Bielsa lo expresó de forma memorable durante su paso por la selección chilena: los seres humanos “habitualmente desarrollan, combaten, se esfuerzan y ganan de vez en cuando… muy de vez en cuando”. Aunque hablaba de fútbol, bien podría haber estado describiendo la ciencia.

Y, probablemente, la vida.

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PELOTAS

Crédito: Wikipedia

Uno de los objetos más esperados en cada mundial es la pelota. El ícono del fútbol. Desde 1970 que el diseño del balón ha sido encargado por la FIFA a la compañía Adidas, que debutó en México con el legendario modelo Telstar, que probablemente sigue siendo la imagen que se nos viene a la cabeza cuando se habla de una pelota de fútbol. Su diseño elegante y memorable es difícil de superar.

Fabricar balones no es fácil. Debemos recurrir a trozos planos de material que al coserlos se tornen en un objeto lo más esférico posible. La solución más evidente es usar los llamados sólidos platónicos. Estos son volúmenes que tienen todas sus caras idénticas. El cubo es el caso más típico, formado por seis cuadrados idénticos (las seis caras de un dado). Si inflamos un cubo es más o menos evidente que no lograremos la esfericidad necesaria para jugar fútbol. Por eso buscamos un sólido con más caras.

  • Los griegos antiguos descubrieron que solo existían 5 sólidos platónicos: el tetraedro (4 caras), el cubo (6 caras), el octaedro (8 caras), el dodecaedro (12 caras) y el icosaedro (20 caras)

Por eso fue que Adidas tomó el icosaedro como base para su diseño. Como aún con 20 caras la pelota inflada no queda muy esférica, los ingenieros lo truncaron aplanando las puntas, como se ve en la figura:

Note que, al aplanar, producimos figuras de 5 lados (pentágonos negros), 12 en total. Además, los 20 triángulos originales se transforman en figuras de 6 lados. Deformándolas podemos convertirlas en 20 hexágonos. Esto sí conformó a los ingenieros. Con 12 parches pentagonales negros y 20 hexagonales blancos obtenemos una pelota Telstar como la de la figura.

  • Si contara los vértices del icosaedro truncado de la figura, verificaría que son 60. Existe una molécula compuesta por 60 átomos de carbón que se disponen exactamente de ese modo. Se conoce como Fullereno, en honor al arquitecto estadounidense Richard Buckminster Fuller, quien creó cúpulas geodésicas inspiradas en esta geometría.

Con el tiempo, los balones de fútbol se comenzaron a fabricar con menos parches, debido a que ya era posible fabricar directamente paneles curvos. Así se evitaban las costuras, obteniendo pelotas más lisas.

  • En el mundial de Sudáfrica de 2010 la Jabulani consistía en apenas 8 paneles termosoldados. Casi no tenía costuras. Fue un fracaso. Los arqueros reclamaban que la trayectoria de esos balones era errática e impredecible. Intuitivamente parecería que la esfericidad perfecta produce un mejor vuelo, pero no es así. Las imperfecciones generan turbulencias que estabilizan la trayectoria del balón. La pelota de golf con sus hendiduras es el mejor ejemplo de esto. Por esta razón en Brasil 2014, las pelotas Brazuca se fabricaron deliberadamente con costuras más profundas.

La pelota del mundial 2026, Trionda, tiene solo 4 paneles. De hecho, se basa en el tetraedro, la pirámide de 4 lados de la figura de arriba. Allí en lugar de agregar caras, se deforman los triángulos en figuras curvas que parecen hélices. Las costuras, como en la Brazuca, son profundas e intencionalmente toscas. Estéticamente para muchos, deja bastante que desear. Pero quizás no importe demasiado. Quedémonos con nuestra vieja y querida Telstar, con las matemáticas y la ingeniería de los balones, busquemos algo para tomar y disfrutemos el partido.

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 NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA

Esta ilustración representa a la estrella TOI-791, similar al Sol, y a dos planetas gigantes que el telescopio espacial TESS de la NASA descubrió en su órbita. Crédito: NASA / Daniel Rutter.

Por Francisca Munita
Periodista

Mientras el mundo celebra goles, la ciencia también sigue marcando los suyos. Esta semana desafió al cáncer, al cosmos y a los límites de la tecnología, entre otros descubrimientos fascinantes.

  •  Crean células inmunes inagotables contra el cáncer

Científicos de USC Stem Cell desarrollaron un nuevo método para crear un suministro renovable de precursores de células inmunes llamados GMP, capaces de producir macrófagos, esos “patrulleros” que detectan amenazas y coordinan defensas. La gracia es que estas células pueden crecer por largo tiempo y ser modificadas genéticamente para reconocer tumores. En estudios con animales, atacaron células cancerosas, reforzaron la respuesta inmune y abrieron la puerta a futuras terapias listas para usar.
Dato curioso: macrófago significa “gran comedor”, porque estas células literalmente devoran restos, microbios y células dañadas.
Publicado el 29 de junio de 2026.  Conoce MÁS.

  •  La IA sale a cazar energía oscura

Un nuevo sistema de inteligencia artificial, llamado CIGaRS, promete mirar las supernovas Tipo Ia con ojos mucho más finos. Estas explosiones estelares sirven para medir distancias cósmicas, pero no todas brillan exactamente igual. El modelo analiza imágenes, galaxias anfitrionas, polvo y otros factores para estimar distancias con precisión casi espectroscópica, justo cuando el Observatorio Vera C. Rubin se prepara para detectar millones de supernovas.
Dato curioso: gracias a estas explosiones se descubrió que el universo no solo se expande, sino que lo hace cada vez más rápido.
Publicado el 29 de junio de 2026.  Conoce MÁS.

  •  Planetas más livianos que el algodón de azúcar

La misión TESS de la NASA encontró dos mundos que parecen salidos de una confitería cósmica: TOI-791 b y TOI-791 c. Tienen tamaños parecidos al de Júpiter, pero apenas una fracción de su masa, con densidades comparables al algodón de azúcar. Orbitan una estrella similar al Sol, a mil 113 años luz, y su rareza podría ayudar a entender cómo se forman planetas gigantes tan inflados.
Dato curioso: TESS no los fotografió directamente; los detectó midiendo pequeñas caídas en el brillo de su estrella.
Publicado el 24 de junio de 2026.  Conoce MÁS.

  •  ¿Y si no hace falta la energía oscura?

Una propuesta publicada en Physical Review Letters mira la gravedad desde un lugar inesperado: la termodinámica. El modelo plantea que esta podría emerger de procesos térmicos y, al aplicarlo al universo, reproduce su expansión acelerada sin recurrir a energía oscura ni constante cosmológica. Es una idea teórica y aún debe enfrentarse a datos de precisión, pero abre una pregunta fascinante: ¿y si falta una pieza en nuestra forma de entender la gravedad?
Dato curioso: la teoría se inspira en el ciclo Otto, el mismo principio de los motores a gasolina.
Publicado el 25 de junio de 2026.  Conoce MÁS.

ÓRBITAS PARALELAS

El primer dinosaurio de la Antártida llevaba 40 años esperando
Un pequeño fragmento de vértebra, recolectado en 1985 y confundido durante décadas con un reptil marino, fue identificado como el primer fósil de dinosaurio hallado en la Antártida. Pertenecía a un titanosaurio que vivió hace unos 70 millones de años, cuando el continente era un bosque templado habitado por una sorprendente diversidad de dinosaurios.
Más información.

 China vuelve a liderar la supercomputación mundial
El supercomputador chino LineShine, desarrollado íntegramente con chips nacionales, fue clasificado como el más rápido del mundo al alcanzar el primer lugar del ranking TOP500, desplazando al estadounidense El Capitan. Su enorme capacidad de cálculo permitirá acelerar investigaciones en inteligencia artificial, medicina, modelación climática y otras áreas que requieren procesar cantidades gigantescas de datos. China no lideraba este ranking desde 2017.
Más información.

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LA IMAGEN DE LA SEMANA

Crédito: @mcfc_lads.

Por Camilo Sánchez
Geólogo

MÁS QUE UN DEPORTE

Para hablar de fútbol no es necesario saber de fútbol.

Bueno, quizás no de alineaciones, esquemas tácticos o estadísticas. Esos son, probablemente, los aspectos más visibles. Pero el fútbol también puede entenderse desde la historia, la sociología, la economía, la arquitectura, la psicología o las neurociencias. Como preguntaba el escritor argentino Osvaldo Bayer: “¿Por qué el fútbol no puede ser un tema para un historiador, un sociólogo o un politólogo?”

  • La evidencia parece darle la razón. Hoy el fútbol constituye uno de los campos más prolíficos de las ciencias del deporte. Su estudio evoluciona junto con la tecnología, el financiamiento y las transformaciones del propio juego (Kirkendall, 2020). No es extraño: con más de 265 millones de jugadores distribuidos en más de 200 países, continúa siendo el deporte más practicado y seguido del planeta (Barbosa et al., 2020).

Las preguntas científicas son sorprendentemente diversas. Existen investigaciones que desarrollan algoritmos para mejorar el seguimiento computacional de los jugadores mediante el patrón de corte del césped (Cuevas et al., 2022), otras buscan disminuir lesiones analizando el equilibrio corporal o la biomecánica del movimiento (Rodriguez et al., 2026); algunas estudian los procesos perceptivos y cognitivos que permiten tomar decisiones en apenas fracciones de segundo (Rominger et al., 2021); y otras que analizan la transformación de los futbolistas desde trabajadores de los clubes hacia actores económicos y culturales con creciente influencia pública (Cashmore & Dixon 2026).

En este contexto, la Imagen de la Semana en Universo Paralelo retrata la pasión colectiva en una celebración conocida como El Poznań, popularizada por la hinchada del club polaco Lech Poznań y posteriormente adoptada por aficionados de distintos equipos alrededor del mundo. La escena es sencilla: miles de personas se abrazan, dan la espalda a la cancha y saltan al unísono mientras continúan alentando a su equipo. Lo que nació como una forma de protesta terminó convirtiéndose en una expresión colectiva de identidad.

  • Pero ¿qué ocurre en nuestro cerebro cuando vivimos el fútbol? La Dra. Mitzi Ayala, investigador de la UNAM y seguidora de los Pumas, comentó a Universo Paralelo que diversos estudios muestran que la celebración de un gol activa regiones asociadas al procesamiento de la recompensa y el placer, como la corteza cingulada anterior y el putamen (McLean et al., 2009). Estas mismas redes participan en la anticipación emocional, explicando por qué un partido puede generar niveles tan altos de tensión, euforia o frustración. En algunas personas, la intensidad emocional reduce la capacidad de autorregulación, favoreciendo reacciones impulsivas que, en ocasiones, pueden derivar en violencia.

El fútbol, entonces, difícilmente puede reducirse al marcador final. Es un fenómeno biológico, psicológico, económico, político, científico y cultural que atraviesa buena parte de la sociedad contemporánea. Basta recordar experiencias como la Democracia Corinthiana en Brasil o la fundación del club Arturo Fernández Vial, ligada al movimiento obrero chileno. Incluso este deporte está variando, al punto de que escritores como Juan Pablo Meneses lo describen como la era del post fútbol.

Al final, el fútbol no termina con el pitazo final. Continúa en los laboratorios, en las universidades, en la política, en la economía y en la memoria colectiva. Quizás por eso sigue siendo una pasión de multitudes, porque el fútbol nunca se ha tratado solamente de fútbol.

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BREVES PARALELAS

Crédito: Imagen generada por IA.

Por Francisca Munita
Periodista

UN GOLAZO CIENTÍFICO

Te quiero remontar a esa inolvidable tanda de penales contra Argentina en 2015, que le dio el título de la Copa América a la Roja y que, dicho sea de paso, este sábado 4 de julio cumple 11 años. Específicamente al primer tiro. El de Matías Fernández. El que desafió los límites de la biología y la física.

  • Desde una perspectiva físico-geométrica, un portero de élite cubre gran parte del espacio de un arco de 7,32 x 2,44 metros. Pero existen las llamadas “zonas de imposibilidad física”. El “Mati” clavó el balón exactamente ahí, en la mítica escuadra superior derecha, rozando los postes.

La combinación de un ángulo tan cerrado, la velocidad de un “fierrazo” seco con el empeine (superando los 100 km/h) y una trayectoria tan corta hizo que la resistencia del aire apenas alterara el recorrido del balón, creando una línea recta casi pura hacia el arco. Para el arquero (Sergio Romero), la física fue implacable: el tiempo que le toma a su cuerpo desplazarse y saltar cerca de 4 metros en diagonal, hace que sea mecánicamente imposible llegar a esa esquina si el balón viaja a alta velocidad. Es el punto de no retorno para cualquier arquero.

El medio estadounidense SB Nation lo catalogó como el penal perfecto: una precisión milimétrica donde la física anuló al arquero, uniendo potencia, geometría y una belleza estética insuperable. Un auténtico golazo científico. Revívelo aquí.


ESTADÍSTICAS, ADRENALINA Y ALTURA EN EL FÚTBOL

Los datos demuestran que, en las tandas de penales, el equipo que patea primero tiene un 60,2% de probabilidad de ganar la definición, debido a un efecto psicológico. Pero ojo, si falla ese primer tiro, esa chance se desploma al 33,3%. El “Mati” asumió ese riesgo letal.

  • A eso súmale la adrenalina de una final, donde se pierde la motricidad fina y basta pegarle un milímetro más abajo al balón para mandarlo “a la Luna”. ¿Cómo no recordar el “pencazo” de Higuaín? En forma burlesca, los chilenos todavía esperamos que esa pelota vuelva a la Tierra.

Un fenómeno similar ocurre en la altura de La Paz: el aire menos denso hace que la pelota se sienta más “liviana”, vuele más rápido y no doble (no hace efecto chanfle). Un dolor de cabeza científico que los argentinos conocen muy bien. Pregúntenle por el 6-1 que se comieron en 2009 con Messi en la cancha y Maradona como DT. La física de la pelota los volvió locos.

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RECOMENDACIÓN: MÉXICO 86, EL MUNDIAL QUE SE NOS COLÓ DE OTRO UNIVERSO

Crédito: Netflix.

Por Ignacio Retamal
Dentista y doctor en Ciencias

Si todavía no lo vieron, México 86 (Netflix, de Gabriel Ripstein) es la película para acompañar este Mundial. Diego Luna encabeza una tragicomedia sobre cómo el país terminó organizando la Copa de 1986 después de que Colombia renunciara a ser sede: burócratas improvisando, sobornos de pasillo, un terremoto cruzándose en el camino y mucho ingenio. Visto hoy, ese Mundial parece habérsele colado a México desde otra línea de tiempo. Es ágil, divertida y, con el país de nuevo como anfitrión cuarenta años después, se siente más actual de lo que uno quisiera. Vale la pena.

  • Ya entramos en la fase de eliminación, y el torneo viene lleno de universos paralelos. Paraguay acaba de dejar fuera a Alemania en penales, y una tanda es, en realidad, una máquina para partir la historia en dos: en algún mundo el alemán no revienta su penal por encima del arco y hoy hablaríamos de otra cosa; en este, el que avanzó fue Paraguay. Y en ninguna de esas ramas, para nuestra pena, estaba Chile.

Esa pregunta, “¿Qué habría pasado si? es la misma que usamos en ciencia para hablar de causas. Tiene un límite que el estadístico Paul Holland describió justo en 1986: del mundo que no ocurrió, nunca vamos a tener el dato. Solo vivimos la rama que nos tocó y, a veces, como en el 86, la que se nos coló de otra.

 Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo. Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador.cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.

  • Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola ArévaloFrancisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador.

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