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La ciencia del desastre

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El Mostrador Fuente Preferida

¡Buenas tardes, estimados y estimadas tripulantes de este Universo Paralelo

El miércoles 26 de agosto los sismógrafos del mundo registraron un temblor en el Himalaya. Las agencias lo catalogaron como un terremoto de magnitud 4,4. Durante varias horas esa fue la versión oficial en los boletines de monitoreo.

No hubo ningún sismo. En el flanco norte del macizo de Langtang, una enorme masa de hielo y roca se desprendió desde unos 5.200 metros de altitud y descendió cerca de 1.200 metros.

  • El Servicio Geológico de Estados Unidos reclasificó después la señal: no un sismo de 4,4, sino un movimiento de masa que liberó una energía equivalente a un evento sísmico de magnitud 5,2.

Lo que llegó al fondo del valle era una oscura mezcla de agua, roca y sedimento que entró al río Lhende, siguió al Bhote Koshi y de ahí al Trishuli. Este río subió hasta nueve metros en treinta minutos. Nadie alcanzó a saber lo que venía. No hubo defensa posible. Al cierre de esta edición, Nepal contabiliza más de mil muertos y varios miles de desaparecidos.

Un desastre de proporciones que pone de manifiesto nuestra pequeñez e indefensión ante grandes eventos de violencia natural. Hoy se habla de “desastres socionaturales”, para poner de manifiesto que el desastre no es natural, es la presencia humana la que lo transforma en tragedia. No podemos evitar eventos violentos naturales. Lo que podemos hacer es alejarnos de ellos, y evitar así víctimas. La ciencia puede ayudarnos a establecer políticas públicas, por ejemplo, para regular qué zonas son seguras para construir. Lamentablemente la pobreza y vulnerabilidad hacen, en ocasiones, muy difícil implementarlas.

En 2023 un evento similar sacudió el planeta, esta vez sin testigos ni víctimas. En un fiordo desierto del este de Groenlandia, una montaña sostenida por un glaciar que llevaba décadas adelgazándose cayó al agua: veinticinco millones de metros cúbicos de roca y hielo. El golpe levantó una ola de doscientos metros. El agua quedó luego atrapada en el fiordo, rebotando de pared a pared cada noventa y dos segundos durante nueve días.

  • Los sismógrafos del mundo entero registraron este fenómeno, que, en un comienzo, resistía toda explicación. Tomó casi setenta investigadores y un año concebir la respuesta: la Tierra había estado vibrando porque en un rincón deshabitado del Ártico se cayó un pedazo de montaña. Muertos: ninguno.

Si miramos el universo, los eventos violentos son superlativos. En septiembre de 2015 el instrumento más sensible creado por el hombre detectó uno de los fenómenos más violentos que conocemos: la fusión de dos agujeros negros ocurrida a más de mil millones de años luz de distancia. La emisión de ondas gravitacionales fue tan intensa que el interferómetro LIGO fue capaz de observar la llegada de esas ondas. La violencia de esa fusión fue de tal magnitud que su potencia fue equivalente a más de diez veces el brillo combinado de todas las estrellas y galaxias del universo observable. Afortunadamente estábamos muy lejos.

Esta edición de Universo Paralelo está dedicada a los desastres socionaturales, a la luz de la tragedia ocurrida en Nepal. Para ello invitamos a Felipe Ugalde Peralta, geólogo, magíster en Ciencias e investigador del Departamento de Geología de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile; Sofía Vargas, doctora en Ciencias; Camilo Sánchez, geólogo y académico de la Escuela de Geología de la Universidad Mayor; Ignacio Retamal, doctor en Ciencias; y la periodista Francisca Munita.

  • Gracias por acompañarnos en este número de Universo Paralelo. Comenta y comparte este link. Y si este newsletter te llegó gracias a alguien que entiende que la naturaleza también da señales antes de desatar su fuerza, inscríbete aquí y sigamos descubriendo nuestro planeta, en permanente transformación.

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LECCIONES DEL DESASTRE DE NEPAL: NO SE PREVIENE LO QUE NO SE CONOCE

Valle del glaciar Loma Larga en el Cajón del Maipo, Región Metropolitana. Crédito: Foto de Felipe Ugalde.

Por Felipe Ugalde

Geólogo, magíster en Ciencias

El escenario posterior al desastre de Nepal, con cerca de mil fallecidos y una dificultosa búsqueda y rescate de personas desaparecidas, conlleva atender la gran pregunta de si algo así puede ocurrir en la cordillera de los Andes.

  • Algunas métricas para esta interrogante: de acuerdo con el Inventario Público de Glaciares 2022, elaborado por la Dirección General de Aguas (DGA), al año 2017, en promedio, Chile contaba con 26.180 glaciares en su territorio continental, con una superficie de 21.012 km2 (un poco menos que toda la región del Biobío). A su vez, el Inventario Público de Lagos Glaciares, publicado en 2023 por la DGA, reportó 5.396 lagos de origen glaciar. Así, es posible encontrar glaciares y lagos glaciares desde las regiones de Arica a Magallanes.

¿Cómo se vinculan estos números con el desastre de Nepal? En primer lugar, es importante aclarar que el origen del gigantesco aluvión a lo largo del río Trishuli en el norte de Nepal, corresponde a una avalancha de roca y hielo. Mucho se especuló en un inicio acerca de un sismo y de un lago glaciar involucrado, no obstante, la evidencia analizada en tiempo real por un consorcio científico internacional, al alero del grupo de trabajo GAPHAZ (Glacier and Permafrost Hazards in Mountains), da cuenta del desprendimiento de muchas decenas de millones de metros cúbicos de roca y hielo a los pies de la cara norte del monte Tsangbu Ri en el Parque Nacional Langtang.

  • En Chile han ocurrido eventos similares, con proporciones y consecuencias significativamente menores, incluyendo los aluviones del estero Parraguirre, Cajón del Maipo, en 1987, y de la Villa Santa Lucía, Región de Los Lagos, en 2017. Ambos casos comenzaron como una avalancha de roca en un entorno rodeado por glaciares y dieron como resultado más de una veintena de fatalidades.

Este historial de desastres socionaturales en Chile, así como la reciente sucesión de grandes avalanchas de roca y hielo en otras cordilleras (Chamoli, India, en 2021; Tbilisa, Georgia, en 2023; Blatten, Suiza, en 2025) supone que el entendimiento de los glaciares, así como su entorno, debe ir más allá de los recursos hídricos, paisajes y ecosistemas.

En un contexto de sostenido calentamiento global, hace falta un cambio de paradigma que permita comprender en mayor detalle qué tipo de amenazas puede desencadenar un glaciar a lo largo del tiempo. Cuando un glaciar retrocede, ¿solo se empequeñece, se fragmenta y, eventualmente, se extingue? O bien, ¿puede un glaciar volverse inestable a lo largo de su retroceso? Conocer en mayor detalle los glaciares en Chile no solo es materia de gestión del recurso hídrico, sino también parte de la gestión del riesgo de desastres.

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DEJEMOS DE DIFUNDIR Y EMPECEMOS A COMUNICAR

Crédito: Foto de Lucas Leonel Suárez.

Por Sofía Vargas

Doctora en Ciencias

Las imágenes recientes de Nepal volvieron a mostrarnos lo rápido que puede cambiar un territorio de montaña. En pocos minutos, agua, hielo, rocas y sedimentos pueden transformar por completo un paisaje y afectar caminos, infraestructura y, sobre todo, a quienes habitan esos lugares. Frente a estos eventos, la comunicación del riesgo es clave.

  • La comunicación del riesgo no se trata de difusión, sino de un proceso continuo que conecta el conocimiento científico, las decisiones institucionales y la experiencia de quienes viven en los territorios. No se trata solo de entregar información, implica explicar qué sabemos, qué no sabemos; escuchar preocupaciones, reconocer experiencias, comprender cómo distintas personas interpretan una misma amenaza y la relación entre distintos actores e instituciones. Es un proceso de ida y vuelta de acciones y prácticas que fortalecen nuestra capacidad para prepararnos y actuar.

Por ejemplo, si hemos vivido gran parte de nuestra vida en Chile probablemente sabemos identificar una araña de rincón y conocemos algunas recomendaciones básicas sobre qué hacer frente a ella. Esa capacidad de convivir con esa amenaza la aprendimos a través de campañas en medios, conversaciones, noticias y experiencias compartidas. Si viajamos a otro país, en cambio, podríamos tener frente a nosotros una especie altamente peligrosa y simplemente no reconocerla. La información oportuna nos permite mirar el entorno, interpretarlo y tomar decisiones.

  • Eso justamente fue lo que pasó en Suiza el año pasado. En Batten, una gran avalancha dejó sepultado a todo un pueblo. La imagen dio la vuelta al mundo porque el pueblo completo fue evacuado nueve días antes y se evitó que fuera una tragedia. Lo interesante de este caso, es que junto con tener monitoreada la zona por décadas, los habitantes alertaron a autoridades sobre una actitud inusual de la ladera. Así se activó un plan de contingencia que terminó con una evacuación temprana. La respuesta fue posible gracias a una combinación de acciones asociadas a monitoreo, comprensión de las amenazas a nivel local, confianza en las instituciones y decisiones preventivas.

En Chile, este desafío forma parte de la institucionalidad para la gestión del riesgo. La Ley 21.364, publicada en 2021, que creó el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred), incorpora la comunicación del riesgo como elemento central y un eje articulador de procesos previos, durante y después de un evento.

En los ambientes de montaña este desafío es crítico y urgente. El retroceso de glaciares genera lagunas que pueden significar una amenaza y afectar lo que pasa aguas abajo. En la Patagonia lo estamos explorando a través de SAGAZ, un proyecto pionero en Chile que combina monitoreo de lagunas glaciares, modelación y comunicación del riesgo. Además de observar los cambios que ocurren en estos sistemas, una de las preguntas que guía el proyecto es cómo transformar esos datos en información que sea útil para quienes viven y toman decisiones en el territorio.

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NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA

La misión Roman de la NASA despegó el 30 de agosto con el objetivo de revelar algunos de los secretos más oscuros del universo. Crédito: NASA/John Kraus.

Por Francisca Munita

Periodista

Esta semana, la ciencia nos lleva desde los grandes misterios del universo hasta nuevos avances en medicina, clima y paleontología. Seis noticias que muestran cuánto queda todavía por descubrir.

  • Un nuevo ojo para explorar el universo

La NASA lanzó el telescopio espacial Nancy Grace Roman, un observatorio que estudiará algunos de los mayores misterios del cosmos. Con su potente visión infrarroja, podrá cartografiar miles de millones de galaxias, investigar la materia y energía oscuras y descubrir nuevos exoplanetas. Ahora viaja hacia L2, un punto a unos 1,6 millones de kilómetros de la Tierra, donde comenzará su misión científica.
Dato curioso: Roman está diseñado para explorar el universo hasta mil veces más rápido que el Hubble.
Publicado el 30 de agosto de 2026. Conoce MÁS.

  • Un nuevo blanco contra el cáncer de páncreas

La FDA aprobó daraxonrasib, una nueva terapia para pacientes con cáncer de páncreas metastásico previamente tratados. El medicamento bloquea distintas formas de RAS, una proteína que impulsa el crecimiento tumoral en la mayoría de estos cánceres. En un ensayo con 500 pacientes, la supervivencia media alcanzó 13,2 meses, frente a 6,7 meses con los tratamientos de quimioterapia utilizados como comparación.
Dato curioso: Rasonque se administra por vía oral en una tableta que se toma una vez al día.
Publicado el 26 de agosto de 2026. Conoce MÁS.

  • ¿Una primera pista directa de la materia oscura?

El experimento LUX-ZEPLIN detectó una misteriosa interacción de partículas que los científicos no logran explicar fácilmente mediante las señales conocidas. El evento apareció justo donde esperarían encontrar WIMP, partículas hipotéticas consideradas candidatas a formar la materia oscura. Por ahora es solo una pista: se necesita mucha más evidencia antes de afirmar que finalmente hemos detectado esta esquiva materia directamente.
Dato curioso: todos los animales actuales descienden de un ancestro común que vivió hace más de 600 millones de años.
Publicado el 1 de septiembre de 2026. Conoce MÁS.

  • Los corales revelan un Niño fuera de lo común

Científicos analizaron corales de Galápagos actuales y otros que vivieron hace cientos de años. La composición química de sus esqueletos permite saber si el agua estaba más fría o caliente cuando se formaron y, con ello, reconstruir antiguos episodios de El Niño. Al comparar mil años de registros, descubrieron que desde 1980 estos cambios de temperatura son cerca de un 40% más intensos, una diferencia vinculada al calentamiento global.
Dato curioso: un episodio de El Niño puede alterar temperaturas y lluvias en distintas regiones del planeta durante uno o dos años.
Publicado el 27 de agosto de 2026. Conoce MÁS.

ÓRBITAS PARALELAS

Una IA entra al quirófano cerebral en tiempo real
Por primera vez, una inteligencia artificial asistió a un neurocirujano mientras operaba un tumor cerebral. El sistema analizó en vivo las imágenes de la cirugía y señaló estructuras críticas, como nervios y vasos sanguíneos, para ayudar a evitar zonas de riesgo. El tumor fue extirpado y el paciente, cuya visión estaba amenazada, logró conservarla y mejorarla.
Más información.

Una huella revela un antiguo depredador en la Antártida
Una pequeña huella fosilizada de hace unos 55 millones de años reveló que mamíferos carnívoros habitaron la Antártida cuando el continente era mucho más cálido. Por su forma y tamaño, los científicos creen que perteneció a un pequeño depredador de unos 1,3 kilos, probablemente emparentado con un grupo de mamíferos que entonces vivía en Sudamérica.
Más información.

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LA IMAGEN DE LA SEMANA

Crédito: NuMu

Por Camilo Sánchez

Geólogo

Se buscan trabajadores

¿Buscas empleo? Si estás en esto, o has estado, de seguro preparas tu CV, postulas a entrevistas, activas redes de contacto o te mueves por LinkedIn, prácticas esperables actualmente. Sin embargo, no siempre fue así. La determinación y el arrojo por tener un sueldo (o vivir aventuras) hicieron que, en 1914, en Londres y en medio de profundas crisis sociales, se publicara una oferta laboral que pasaría a la historia:

  • “Se buscan hombres para viaje arriesgado, poco sueldo, frío extremo, largos meses de oscuridad total, peligro constante, retorno ileso dudoso, honor y reconocimiento en caso de éxito”.

La autoría del anuncio se atribuye popularmente a Ernest Shackleton. La convocatoria no pasó desapercibida. Ante el enorme interés generado, el explorador tuvo que realizar una selección de postulantes. Finalmente, se embarcaron en el buque Endurance 27 personas seleccionadas y un polizón que se sumó a la fuerza a la tripulación.

  • El objetivo de la expedición era realizar una travesía transcontinental y cruzar la Antártica de mar a mar en plena Edad Heroica de la Exploración Polar. Por entonces, el continente blanco era la última frontera sin cartografiar de la Tierra, una condición de aislamiento que, de alguna manera, sigue manteniendo.

La Antártica posee cerca del 70% del agua dulce del planeta y alrededor del 90% del hielo terrestre, componentes ambientales agrupados en la criósfera y el permafrost. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) definen a la criósfera como todas las regiones del planeta donde el agua se encuentra en estado sólido, mientras que el permafrost corresponde a aquel suelo que permanece congelado durante dos años o más.

  • Las condiciones extremas de la Antártica hacen que su estudio sea una labor peligrosa, lenta y costosa para los equipos científicos. Además, sus características naturales la convierten en uno de los ecosistemas más sensibles del planeta debido a su baja resiliencia ante cambios externos. Entre estos impactos, sectores como la Península Antártica han aumentado su temperatura a una tasa mayor al promedio global, posicionándose como una de las regiones más afectadas por el cambio climático. Entre sus posibles efectos se observan el retroceso de glaciares, la desintegración de plataformas de hielo, el aumento del nivel del mar, la expansión de plantas vasculares, alteraciones en la productividad oceánica y la removilización de contaminantes que se encontraban atrapados por las bajas temperaturas, demostrando que es un sistema dinámico y vulnerable.

Eventos recientes, como los ocurridos en Nepal debido a la inestabilidad de grandes masas de hielo, representan una afectación a la criósfera global, por lo que vale la pena volver la mirada hacia la Antártica y analizar su estado.

  • Es por esto que la Imagen de la Semana en Universo Paralelo rememora el interés por la exploración antártica mediante la representación de la mítica frase de Shackleton. Cien años después de su publicación en Londres, este anunció se materializó en la intervención del artista chileno Fernando Prats para su exposición Gran Sur. El montaje se instaló en la isla Elefante, el lugar donde se refugió la tripulación de Shackleton en 1916 luego de que el Endurance quedara atrapado en el hielo y terminara hundiéndose en octubre de 1915, transformando la expedición de exploración en una gesta de supervivencia.

Tras meses aislados, Shackleton logró realizar una travesía en bote abierto hasta las estaciones balleneras de Georgia del Sur para solicitar ayuda. Tras varios intentos fallidos, el auxilio llegó de la mano de la Armada de Chile y es considerada una de las mayores historias de supervivencia en la exploración. En agosto de 1916, al mando de la escampavía Yelcho, el piloto segundo chileno Luis Pardo completó la maniobra de rescate en condiciones extremas y rescató a toda la tripulación atrapada en isla Elefante. Así se cumplió a cabalidad la promesa de la oferta laboral publicada en Londres dos años antes y, en un giro inesperado de la trama histórica, Chile quedó posicionado en el centro de la memoria de la exploración antártica.

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BREVES PARALELAS

Columna de cenizas de la erupción del Chaitén de 2008. Crédito: Wikimedia Commons.

Por Francisca Munita

Periodista

¿Cómo se vigila un glaciar desde el espacio?

Un glaciar puede parecer inmóvil, pero está en constante movimiento. Para seguir sus cambios, los científicos combinan imágenes satelitales, radares, fotografías tomadas en distintos momentos y sensores instalados en terreno. Al comparar esas mediciones pueden detectar desplazamientos, nuevas grietas, aceleraciones del hielo, crecimiento de lagos glaciares o deformaciones en las laderas cercanas.

  • Los radares satelitales son especialmente útiles porque pueden observar de día, de noche e incluso a través de las nubes. La misión europea Sentinel-1 cuenta actualmente con dos satélites, Sentinel-1C y 1D, capaces de medir movimientos y cambios en la superficie terrestre desde casi 700 kilómetros de altura. Una aceleración repentina, la aparición o expansión de fracturas o movimientos anormales de una ladera pueden advertir que algo está cambiando. Sin embargo, determinar el momento exacto de un colapso sigue siendo extremadamente difícil.

El caso de Blatten, en Suiza, mostró el potencial de esta tecnología. Tras el colapso de 2025, científicos analizaron imágenes satelitales anteriores y descubrieron que la ladera llevaba años acelerando su movimiento: de menos de 15 centímetros al año inicialmente, pasó a unos 50 en 2023 y superó los 150 centímetros al año en agosto de 2024. Las señales precursoras estaban allí y podían medirse desde el espacio.

Peligros bajo nuestros pies

La falla San Ramón se extiende por unos 50 kilómetros al oriente de Santiago, al pie de la cordillera, y permanece geológicamente activa. Puede originar terremotos a poca profundidad y, en un evento suficientemente grande, la fractura puede llegar hasta la superficie y partir el terreno a lo largo de la falla, dejando un lado varios metros más arriba que el otro. El registro geológico muestra que esto ocurrió en dos ocasiones: una hace unos 17 mil años y la más reciente hace cerca de 8 mil. En ambos casos, el lado cordillerano se levantó entre dos y tres metros respecto del valle. No es posible saber cuándo podría volver a ocurrir.

  • Por su parte, la erupción del Chaitén en 2008 dejó una lección diferente. El volcán no contaba entonces con una red propia de vigilancia instrumental. Cerca de un día antes de la erupción, la población comenzó a sentir numerosos sismos. Sin estaciones cercanas, inicialmente fue difícil establecer qué volcán estaba generando esa actividad.

Después de Chaitén, Chile reforzó su vigilancia volcánica. Hoy Sernageomin monitorea las 24 horas 43 volcanes priorizados. Sismómetros, GPS, cámaras, sensores de gases y otras tecnologías permiten detectar pequeños sismos, deformaciones y cambios que pueden indicar que el magma está moviéndose antes de una erupción.

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RECOMENDACIÓN: FUERZA MAYOR

Snow Therapy (Fuerza mayor), BAC Films. Crédito: MUBI.

Por Ignacio Retamal

Dentista y doctor en Ciencias

El 26 de agosto se desprendió una masa de hielo y roca en la frontera entre Nepal y el Tíbet. Los escombros taparon el río; el agua se fue acumulando y después reventó. La ola bajó por el valle y se llevó lo que había abajo: el paso fronterizo, las centrales, los pueblos. Los cuerpos aparecieron tan lejos río abajo y en tal estado que las autoridades empezaron a enterrarlos sin nombre. Los desaparecidos todavía se cuentan por miles.

El cine sabe filmar eso. O cree que sabe. La montaña mata; alguien sobrevive y lo que sobrevive es una lección. Everest, La sociedad de la nieve: la catástrofe llega para probar de qué está hecha la gente, y siempre resulta que está hecha de algo.

  • Por eso recomiendo la excepción. Fuerza mayor (Ruben Östlund, 2014). Un matrimonio y sus dos hijos almuerzan en la terraza de un centro de esquí en los Alpes. El centro dispara cargas para ir bajando la nieve de a poco, y una de esas avalanchas aparece arriba. El papá dice que está todo controlado y la filma con el teléfono. Cuando la nube blanca tapa la pantalla, agarra los guantes y sale corriendo.

No pasa nada. La avalancha se apaga antes de llegar; lo que los cubre es polvo y, a los dos minutos, la gente vuelve a sus mesas. Nadie murió, no se rompió un vidrio, el almuerzo sigue servido. Ese es el hallazgo de Östlund: sacar la muerte de la ecuación y filmar igual un derrumbe completo.

  • El hotel queda intacto; lo que se cae a pedazos es la idea que el tipo tenía de sí mismo y, después, su matrimonio. Él lo niega en la mesa, lo niega delante de los amigos, lo niega hasta que su mujer le quita el teléfono y pone, ahí mismo, el video que él estaba grabando.

Lo de Rasuwa lo vi como todos: de noche, por el celular, sin volumen. Una familia en un balcón, el barro subiendo. Alguien lo grabó, y por eso lo estoy viendo. En la película pasa lo mismo en una mesa: ella se echa encima de los niños, él agarra los guantes y arranca. Nadie sabe cuál de los dos es hasta que la nieve viene bajando.

Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo. Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador.cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.

  • Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola Arévalo, Francisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador.

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