¿Sueña la IA con ovejas conscientes?
¡Buenas tardes, estimados y estimadas tripulantes de este Universo Paralelo!
Ha habido mucho ruido en redes por la noticia de que una empresa norteamericana, Odyssey, habría subido la simulación del cerebro de una mosca a un mundo virtual creado por IA. En sus videos se la ve volar. ¿Hemos comenzado a poblar un universo tipo The Matrix con el primer insecto? Por supuesto que no. Pero vamos más atrás.
En 1971, el biogerontólogo George M. Martin escribía sobre la posibilidad de evitar la muerte:
“Supongamos que los avances en neurobiología proporcionarán finalmente técnicas adecuadas de ‘lectura’ de la información almacenada en cerebros […] para volcarla en computadores de enésima generación […]. Nos uniríamos entonces a una familia de híbridos bioeléctricos humanoides ‘postsomáticos’”.
Hoy los futurólogos hablan de “subir la mente”: copiar la información de nuestro cerebro a un sustrato electrónico y experimentar allí nuestra conciencia. ¿Es posible?
No lo sé. En realidad, nadie lo sabe. Pero el solo hecho de crear una conciencia artificial tendría consecuencias espeluznantes. Podríamos crear, por ejemplo, dolor artificial: podríamos comprar un pequeño dispositivo con batería que lo único que hiciera fuera experimentar esa sensación. Esto suena tan absurdo que, de algún modo, me hace pensar que es imposible. Aunque la tecnología estos últimos años no ha dejado de taparme la boca.
Ahora bien, si de verdad todo lo que somos está en el cerebro, ¿qué ocurriría si hiciéramos una copia exacta y la simuláramos en un computador?
- El cerebro humano tiene 86 mil millones de neuronas y unos cien billones de conexiones, o sinapsis entre ellas, lo que hace de su mapeo, por ahora, una tarea inabarcable. El cerebro más grande que se ha podido mapear con precisión es el de una mosca de la fruta, más pequeño que una semilla de amapola.
Fue cortado en unas siete mil tajadas muy delgadas. Cada una fue fotografiada con un microscopio electrónico: 21 millones de imágenes. Una inteligencia artificial siguió cada neurona de imagen en imagen. El resultado, publicado en 2024, es el mapa completo de un cerebro adulto: 139.255 neuronas y unos 50 millones de conexiones.
- Si bien es impresionante, aquí solo se determinó qué neurona se conecta con cuál y mediante cuántas sinapsis. Nada sobre cómo funcionan esas conexiones ni sobre la química que las modula. Solo el cableado.
Ese mismo año, un grupo de Berkeley tomó este mapa y simuló su funcionamiento en un computador. En una simplificación extrema, supuso que todas las neuronas eran iguales y que se activaban o desactivaban según las reglas más sencillas.
- Pero cuando estimularon en el computador las neuronas que detectan el azúcar, también se activaron las que hacen que la mosca estire la probóscide para comer.
Este modelo no recuerda nada ni aprende, pero es notable. Y la semana pasada llegaron los anuncios de Odyssey: solo videos, sin ningún respaldo técnico.
Lo que circula por las redes no es una mosca subida a la Matrix: es un mapa, una caricatura y bastante marketing. Pero el camino que imaginó Martin ya no es pura ciencia ficción. Si algún día se crea una copia realista, la gran pregunta no será si come, será si tiene hambre.
En esta edición de Universo Paralelo nos acompañan Oscar Loyola, doctor en Ciencias de la Ingeniería, mención Automática, y académico UDLA; Francisco Crespo, antropólogo social; Fabiola Arévalo, doctora en Física; Ignacio Retamal, doctor en Ciencias; y la periodista Francisca Munita.
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¿UNA MOSCA DENTRO DEL COMPUTADOR? TRANQUILOS, TODAVÍA LOS ROBOTS NO PEDIRÁN VACACIONES

Crédito: Imagen generada por IA.
Hace poco apareció una noticia que parece sacada de una película de ciencia ficción: un grupo de investigadores consiguió que el cerebro de una mosca controlara un cuerpo virtual. Evidentemente, Internet hizo lo suyo y no tardaron en aparecer los memes y comentarios sobre moscas digitales, insectos inmortales y la posibilidad de que algún día tengamos que instalar, ¿por qué no?, antivirus contra los mosquitos digitales. Pero ¿qué ocurrió realmente?
- Para comprenderlo necesitamos conocer un concepto fascinante: el conectoma. Imaginemos que pudiéramos identificar las neuronas de un cerebro y construir un mapa de sus conexiones. Algo parecido a levantar el plano eléctrico de una ciudad, identificando cada edificio, cada cable y sus interconexiones.
En 2024, Dorkenwald y colaboradores publicaron en Nature un avance extraordinario: la reconstrucción del cerebro de una mosca de la fruta, identificando aproximadamente 140 mil neuronas y más de 50 millones de conexiones sinápticas.
Ahora viene lo interesante. Si conocemos cómo están conectadas esas neuronas, ¿podríamos reproducir computacionalmente parte de su funcionamiento? La respuesta comienza a ser afirmativa.
- En marzo de 2026, Eon Systems presentó una mosca virtual que utiliza un modelo neuronal basado en este conectoma para interactuar con un entorno simulado. Aunque todavía requiere componentes adicionales para reproducir su movimiento, constituye un avance interesante hacia la integración de circuitos biológicos y cuerpos artificiales.
Y aquí es donde la historia se vuelve especialmente entretenida, porque, guiados únicamente por la curiosidad, en nuestro laboratorio estamos explorando precisamente esa posibilidad, aunque con un enfoque diferente: utilizar circuitos neuronales del cerebro de una mosca para controlar robots móviles.
- Sí, estamos intentando que un robot con ruedas tome decisiones utilizando una arquitectura neuronal inspirada directamente en un insecto. Y no, todavía no hemos conseguido que se obsesione con la fruta madura.
A diferencia de sistemas como ChatGPT, que utilizan redes neuronales artificiales entrenadas con grandes cantidades de información, nuestro enfoque parte de conexiones identificadas biológicamente. En lugar de diseñar completamente la arquitectura de control, estudiamos cómo la evolución organizó circuitos capaces de procesar información y producir comportamientos.
También podemos realizar experimentos interesantes: eliminar conexiones neuronales, modificar estímulos y observar cómo cambia la conducta del robot. Es una manera de investigar qué componentes contribuyen realmente a determinadas respuestas. Pero aparece inevitablemente una pregunta: si nuestro robot se comporta como una mosca, ¿significa que piensa como una mosca? Y pues… no necesariamente.
- Un simulador de vuelo puede reproducir extraordinariamente bien el comportamiento de un avión, pero nadie espera que sus pasajeros lleguen a destino. Del mismo modo, reproducir aspectos del funcionamiento cerebral no demuestra que hayamos reproducido una experiencia consciente.
Tampoco conocemos completamente las condiciones necesarias para que aparezca la conciencia. Por eso, descartarla categóricamente sería tan apresurado como atribuírsela a cualquier algoritmo que se mueva convincentemente. Personalmente, me interesa una pregunta más inmediata que las planteadas anteriormente: ¿cuánto podemos aprender de cerebros biológicos para construir robots más eficientes, adaptativos y autónomos a una realidad dinámica?
Quizás algún día discutamos seriamente sobre los derechos de una mosca digital. Por ahora, yo estaría bastante satisfecho con conseguir que mi robot no choque con la pared. Y, créanme, eso ya es bastante trabajo.
¿LA IA CUENTA OVEJAS ELÉCTRICAS AL DORMIRSE?

Crédito: Imagen generada por IA.
El pasado 8 de octubre, Anthropic –empresa creadora de Claude AI– actualizó sus “Términos y Condiciones”. Los cambios entrarán en vigencia en noviembre y están centrados en varios aspectos de seguridad, pero hubo uno que llamó la atención de la prensa: “Hemos agregado una prohibición al comportamiento abusivo o innecesariamente cruel y sostenido”. Este cambio no cubriría cosas como la frustración sino “casos extremos”, en donde la gente es cruel de manera constante y sin propósito.
- Aún no conocemos el texto legal concreto de este cambio, pero deja la sensación de que en Anthropic están sumergidos en una Apuesta de Pascal: si la IA no tiene conciencia no pasa nada, si la IA tiene conciencia y la trato bien no pasa nada; pero ¿y si la IA tiene conciencia y soy cruel? De la misma forma en que muchos teólogos dijeron que era mejor creer en Dios (no nos arriesguemos), ahora debemos creer en la conciencia de las inteligencias artificiales.
Para unos esto es prueba de que ellos saben algo que nosotros no: que en los modelos existe una conciencia emergente y que se sigue desarrollando. El 6 de julio, Anthropic publicó su artículo sobre los “Espacios de Trabajo Globales” o “J-spaces”, donde se presenta la idea de que su modelo tiene un “espacio oculto al usuario” donde “piensa” sobre las respuestas (en términos muy simples, recomiendo leer el artículo linkeado) y en agosto de 2025 ya habían dado a su modelo Opus 4 la capacidad de terminar conversaciones unilateralmente en casos de abuso extremo.
- Para otros, esto es simplemente un ardid de marketing. Las compañías de IA están buscando salir a IPO (Oferta Pública Inicial), en donde todos sus inversores privados (los billonarios, administradoras de fondos, los trabajadores de la misma empresa, etc.) podrán convertir sus acciones en liquidez real, es decir: platita. Mucha platita. Vendiéndonos sus acciones a nosotros, a nuestros fondos de pensiones y nuestros portafolios personales. Cosas peores que inventar el sufrimiento de las máquinas se han hecho por esa cantidad de dinero.
Y para otros la discusión es otra: asignar cualidades humanas o “conscientes” a las máquinas oculta un problema mucho mayor, vale decir, la responsabilidad de quienes las programan, entrenan y administran. Es cierto que la gran diferencia de las redes neuronales y los modelos de lenguaje con otros programas es que no son en estricto rigor “programados” con líneas de código, pero esto no nos debe hacer olvidar que grandes volúmenes de su data de entrenamiento provienen de input humano. Humanos contratados en países del tercer mundo para enseñar a la IA qué son los completos y cuál es su diferencia con un sándwich de salchicha (o eso espero, es conocimiento invaluable).
- Cuando el primer modelo elimine directamente a la primera persona (hay reportes de esto, pero no confirmados), ¿quién será el responsable? Para muchos la idea de que los modelos tienen conciencia y capacidades autónomas busca desplazar la responsabilidad sobre las consecuencias de sus usos en áreas críticas de la sociedad.
Cada noticia sobre las cualidades humanas o demoníacas de la inteligencia artificial contribuye a mantener o elevar la valoración de la IA en un extraño fenómeno explorado por Phillip K. Dick, a quien debo el título de esta columna: ¿por qué estamos empecinados en crear máquinas parecidas a los seres humanos? ¿Qué crueldad nos arrastra a dar conciencia al robot que está condenado a repetir una acción por toda la eternidad? ¿Tememos a las inteligencias artificiales conscientes? ¿O solo tememos a la crueldad que somos capaces de ejercer sobre una nueva especie inteligente diferente a la nuestra?
NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA

El cohete H3 despega desde Japón en su primera misión interplanetaria, rumbo a una de las lunas de Marte. Crédito: Kyodo.
Esta semana, Japón emprende rumbo a una luna de Marte, la computación cuántica intenta domar sus errores y la biología encuentra nuevas pistas para combatir el cáncer. Mientras tanto, hasta los microplásticos tienen algo más que decir sobre sus efectos en nuestro organismo.
- Japón lanza una misión inédita para traer muestras de una luna de Marte
Japón lanzó la misión MMX rumbo a Fobos, una de las dos lunas de Marte, con un objetivo inédito: recoger muestras de su superficie y traerlas a la Tierra en 2031. La sonda llegará al planeta rojo en 2027 y buscará obtener al menos 10 gramos de material. Su análisis podría revelar cómo se formaron las lunas marcianas y aportar nuevas pistas sobre los orígenes del sistema solar.
Dato curioso: Fobos gira alrededor de Marte tres veces al día, ¡unas 86 veces más rápido que nuestra Luna!
Publicado el 20 de octubre de 2026. Conoce MÁS.
- Google da un salto para superar uno de los grandes obstáculos de la computación cuántica
Google logró reducir unas 40 veces los errores en una operación clave de su procesador cuántico Willow. A diferencia de los computadores tradicionales, los cuánticos trabajan con información extremadamente frágil, que puede alterarse fácilmente y producir resultados incorrectos. El avance, publicado en Science, permite controlar mejor estos fallos y acerca la posibilidad de construir máquinas capaces de resolver problemas que hoy resultan prácticamente imposibles para los computadores convencionales.
Dato curioso: algunos diseños futuros podrían dedicar hasta el 95% de sus recursos solo a evitar errores.
Publicado el 15 de octubre de 2026. Conoce MÁS.
- Una proteína cambia de bando en la lucha contra el cáncer
Una proteína conocida por favorecer el crecimiento del cáncer podría convertirse en su enemiga. Investigadores de Cold Spring Harbor descubrieron que activar PPARD en células inmunitarias modificadas mejora su capacidad para combatir tumores. En experimentos con células humanas y ratones, lograron frenar o detener su crecimiento, especialmente en cáncer colorrectal. El hallazgo abre nuevas posibilidades para fortalecer las inmunoterapias, aunque todavía debe probarse su eficacia en pacientes.
Dato curioso: PPARD ayuda a las células a utilizar grasas como combustible, una capacidad que también puede beneficiar nuestras defensas.
Publicado el 19 de octubre de 2026. Conoce MÁS.
- Los microplásticos podrían ser más peligrosos de lo que pensábamos
Investigadores descubrieron que, al entrar en contacto con agua, los microplásticos pueden generar moléculas altamente reactivas, capaces de dañar componentes celulares. El hallazgo, publicado en Nature, ofrece una posible explicación de cómo estas partículas podrían contribuir a la inflamación y otros problemas de salud. Aunque todavía falta determinar su impacto real en las personas, el estudio revela un mecanismo de daño hasta ahora poco conocido.
Dato curioso: en un experimento, los microplásticos provocaron que un colorante disuelto en agua perdiera casi el 90% de su color en diez días.
Publicado el 16 de octubre de 2026. Conoce MÁS.
ÓRBITAS PARALELAS
¿Un asesinato de hace 75 mil años? Una herida neandertal abre el misterio
Un agujero de 15 milímetros en el omóplato de un neandertal, cuyos restos fueron hallados en una cueva de Irak, podría ser evidencia de un ataque mortal con una lanza de madera. Los investigadores creen que el arma atravesó su pecho, aunque no descartan un accidente de caza. El hallazgo sugiere que la violencia entre nuestros antiguos parientes podría remontarse mucho más atrás de lo pensado.
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Un nuevo microscopio permite espiar el interior de células vivas
Investigadores de Stanford desarrollaron un microscopio capaz de observar cómo se mueven e interactúan las diminutas estructuras dentro de células vivas, sin utilizar sustancias fluorescentes que pueden alterar su comportamiento. La tecnología permite seguir estos procesos en tiempo real y con gran detalle, abriendo nuevas posibilidades para estudiar cómo actúan los medicamentos, cómo se desarrollan enfermedades como el cáncer y cómo responden las células ante infecciones.
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LA IMAGEN DE LA SEMANA

Crédito: NASA.
Peldaños hacia lo desconocido
La Vía Láctea se eleva desde el horizonte y parece ondular, como si esquivara un peligro. No nos referimos al volcán Licancabur, visible en el horizonte, sino a las luces de San Pedro de Atacama, en el lado derecho de la imagen. Estas nos recuerdan que, incluso bajo uno de los cielos más privilegiados para la observación astronómica, nuestra forma de habitar el mundo puede amenazar aquello que nos permite contemplarlo.
- Sobre la escalera de piedras, nuestra galaxia nos invita a mirar más lejos, como en la célebre frase atribuida a Isaac Newton: “Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes”.
Cada peldaño representa algo de lo que hemos aprendido, una forma de acercar lo desconocido a lo conocido. Pero para seguir avanzando también necesitamos preservar la oscuridad que nos permite observar el cielo. Allá arriba, la Vía Láctea sigue recordándonos cuánto nos queda por descubrir.
BREVES PARALELAS

Crédito: Imagen generada por IA.
Recuerdos que la IA nunca vivió
¿Cuántas veces has pedido a una IA que mejore una foto muy oscura o que la convierta en un video corto? El resultado suele verse bien y uno se queda con eso, sin reparar en los detalles. Pero de repente aparece una pelota, un guante o un perro que no estaba. Qué más da, si quedó linda.
El problema es que nuestra memoria no almacena copias exactas del pasado, sino que reconstruye las experiencias y puede incorporar información posterior. Y cuando la IA completa a su manera los detalles que no logra distinguir con claridad, esos elementos inventados pueden terminar mezclándose con nuestros recuerdos.
- Un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), publicado en 2025, investigó este fenómeno con 200 participantes y el resultado fue sorprendente: quienes vieron videos generados a partir de fotografías alteradas con IA registraron una cantidad de falsos recuerdos 2,05 veces mayor que el grupo de control y, además, mostraron mayor confianza en esos recuerdos equivocados.
El estudio deja una advertencia curiosa: antes bastaba con que nuestros recuerdos nos engañaran. Ahora también podemos pedirle ayuda a la IA. Y ni hablar de los bots en redes sociales, especialmente en plena campaña política. Pero eso da para un capítulo aparte.
El sueño se olvida, la emoción se queda
A veces sueñas con alguien o algo y al despertar no recuerdas nada. Horas después escuchas su nombre, ves un objeto o te cruzas con una situación y aparece una sensación extraña. Ni claramente buena ni mala. Hasta que de pronto caes en la cuenta: anoche soñé con esto.
- Durante el sueño REM, regiones cerebrales relacionadas con las emociones, como la amígdala, muestran una intensa actividad. El hipocampo, por su parte, participa en los procesos de memoria. Ambos sistemas interactúan, pero recordar una experiencia y conservar su carga emocional no son exactamente lo mismo: el contenido del sueño puede desvanecerse mientras persiste algo de lo que nos hizo sentir.
Por eso, un estímulo del día –como un nombre, un lugar o un detalle– podría reactivar esa sensación aunque ya no recuerdes la escena. Investigaciones sobre las emociones de los sueños sugieren que estas pueden influir en nuestro estado de ánimo después de despertar.
No es que el cerebro guarde el sueño en secreto. Es que el recuerdo y su huella emocional pueden seguir caminos diferentes. Al parecer, hay sueños que se van sin despedirse, pero dejan algo dando vueltas.
RECOMENDACIÓN: EL NIÑO QUE MIRA LAS MONTAÑAS

Crédito: Apple TV
Vi Tenzing, la película de Jennifer Peedom que Apple TV estrenó el 16 de octubre. Me gustó. Está bien filmada, los diálogos funcionan y va ganando fuerza hasta la parte final en la montaña, lo que justifica verla entera. Mi reparo es el propio Tenzing Norgay: lo idealizan tanto que no le queda ni una arista.
- Lo más interesante es el choque entre dos maneras de mirar la montaña. Para el coronel Hunt, al que da vida Willem Dafoe, es una conquista, casi una guerra, y lo dice sin rodeos: es una montaña británica. Para Tenzing es Chomolungma, la madre divina del mundo, y se acerca a ella con reverencia.
- La historia real tiene el mismo reparto desigual. La montaña lleva el apellido de George Everest, exjefe del servicio topográfico de la India, que pidió que no la bautizaran así; el último escalón antes de la cumbre, desaparecido hoy, se llamaba Hillary Step. En 1953, Edmund Hillary y John Hunt fueron nombrados caballeros, y Tenzing recibió la George Medal, aunque nadie había estado en más expediciones al Everest que él.
Hasta la palabra “sherpa” no le encaja bien. Nombra a un grupo étnico y también a un oficio, y los padres de Tenzing eran tibetanos. Él contó que nació en Khumbu, en Nepal; otras fuentes dicen que en el Tíbet.
A las montañas las miramos con admiración, y a los que llegan arriba también, porque otros se quedaron en el camino. George Mallory murió en 1924 en el intento; Tenzing, en 1953, iba en su séptima expedición. En estadística a esto se le llama sesgo de supervivencia: mirar solo a los que lo lograron. En ciencia pasa algo parecido, citamos a quien llegó y casi nunca los intentos que le abrieron el camino.
La imagen que me quedó es la primera: un niño mirando la montaña sin saber si va a llegar.
Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo. Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador.cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.
- Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola Arévalo, Francisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador.
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