Los Jaivas en su 50 aniversario: “Todo lo que teníamos que hacer, ya lo hicimos” - El Mostrador

Jueves, 14 de diciembre de 2017 Actualizado a las 01:53

Eduardo Parra repasa en primera persona los hitos del mítico grupo

Cultura - El Mostrador

Los Jaivas en su 50 aniversario: “Todo lo que teníamos que hacer, ya lo hicimos”

por 13 agosto, 2013

En una distendida entrevista, el músico relata los comienzos, anécdotas, frustraciones, pérdidas y varios de los hitos más intensos y conmovedores vividos por una de las bandas más relevantes no sólo de la historia de la música chilena sino también latinoamericana.

Nosotros habíamos hecho una promesa antes de empezar como grupo de animadores de fiestas. Nos habíamos comprometido a ser un grupo de jazz, porque para nosotros ésa era la creación, la improvisación... el desempeñarse como verdaderos artistas de la música. Sin embargo, nos traicionó un poco la realidad. Habíamos logrado un estatus tan interesante con las fiestas que nos fuimos olvidando de esa promesa.

Gato fue el que se acordó, nos conminó a volver a plantearnos esa idea original y nosotros tratábamos de convencerlo de que no, que estábamos bien así. Entonces Gato, yo creo que de modo intencional, como para darnos un coscacho, partió con su primera señora a recorrer Latinoamérica en el 67.

Cuando el Gato se fue, nosotros todavía seguíamos insistiendo en ser animadores de fiestas... No podíamos hacer otra cosa que seguir siendo lo que éramos, así que contratábamos a chiquillos que cantaban para suplir al Gato. Pero lo que empezó a pasarnos fue que nos pusimos tristes... No éramos los mismos. Nos dio mucha tristeza su ausencia. Fue tanto así que hasta la gente que bailaba con nosotros se dio cuenta. ¿Qué les pasa?, nos decían, ¡que están tan apagados! Y nosotros no decíamos nada, hasta que llegó el día en volvió el Gato y fue la alegría para todos. Entonces ahí nos dimos cuenta de que teníamos que hacer lo que habíamos prometido. Pero ya no podíamos ser un grupo de jazz, pues habíamos quedado muy marcados con la época de las animaciones de fiestas: podíamos tocar chachachá, bolero, bossanova, rock and roll. ¡Podíamos tocar la música que quisiéramos!... Entonces ser un grupo de jazz como que nos daba lata...y no sabíamos qué hacer, y esa es la época a la que yo le llamo la crisis".

Los energúmenos

Luego empezó a caérsenos el uniforme, a crecernos la barba. Empezamos a desordenarnos, a hacer improvisaciones, hasta que llegó el momento en que teníamos aspecto hippie y comenzamos a hacer improvisaciones absolutas... lo más antitodo. Se trataba de una ruptura total, a tal punto que entrábamos al escenario y le pegábamos patadas a las panderetas, tocábamos con plumavits, tirábamos objetos dentro del piano, le pegábamos al piano con palillos... Era una locura. Nos transformamos por un tiempo en unos energúmenos. Ésa fue la época del 68, 69. Y además en ese período llegamos a Santiago, puesto que casi todos en esos momentos nos habíamos casado con santiaguinas.

Ya en Santiago comenzamos a deambular por la ciudad y nos hicimos amigos de las bandas capitalinas, que en aquel tiempo eran muy pocas, y más encima estaba el movimiento hippie, y nosotros caímos justo al medio... y nos transformamos en hippies. Pero desde el principio, hasta que decidimos salir del país, éramos tratados por la prensa en las páginas rojas en vez de las culturales, ya que los hippies fumaban marihuana y desordenados...No podíamos quitarnos ese estigma.

El autoexilio

Antes de irnos, dejamos un disco que se llamó El volantín, que fue el primer disco, y más encima lo tuvimos que hacer nosotros porque los sellos no nos daban ni pelota. No nos resultó con ninguno, y eso que golpeamos muchas puertas, pero no pasó nada. Se hizo una edición de quinientos ejemplares.

Sin embargo, fue con ese disco que empezamos a mostrar los primeros atisbos de lo que iban a ser Los Jaivas inmediatamente después, con temas como “Que o la tumba será”, “Foto de primera comunión”... son temas que actualmente son clásicos de Los Jaivas.

Después, con el golpe militar, vimos que el asunto se nos pondría más difícil para nosotros.

Nosotros no éramos políticos ni adheríamos a partido alguno. Las improvisaciones cuando éramos energúmenos nos habían liberado de muchas cosas, incluyendo las posiciones sociales, pero había una cosa que estaba clara: que después del golpe no iban a haber muchas fiestas, entonces nosotros nos sentimos muy tristes y dijimos: ¿Qué va a ser de nosotros? Aparte no estábamos afiatados como el mejor grupo chileno... Estábamos recién asomando la cabeza y no podíamos hacer nada a fin de cuentas.

Por lo tanto decidimos irnos, y no por una razón política... al final de cuentas somos autoexiliados. Y ahí empieza lo que yo siempre he dicho: una larga aventura que no terminó nunca más.

Alturas de Macchu Picchu

Hubo un momento en que comenzó un ataque de latinoamericanismo en Sudamérica. El famoso boom latinoamericano de los escritores como García Márquez y sus Cien años de soledad. De alguna forma Latinoamérica estaba en llamas. Eso a nosotros nos conmovió y empezamos a pensar no solamente en el aspecto político y revolucionario que existía entonces, sino que a profundizar verdaderamente en las culturas precolombinas. Eso fue lo que hace que nosotros empecemos a tomar naturalmente los elementos del folclore y adquirir una conciencia de que existía una cultura que había sido avasallada por nosotros mismos, que había sido avasallada por el europeo y que no se le daba tregua, ni posibilidad de expresarse ni de vivir siquiera... Por eso comenzamos a estudiar a estudiar su concepción del cosmos, su manera de vivir y muchos secretos que hasta el día de hoy no han sido revelados porque se perdieron en La Conquista. Fue ahí cuando nuestra música se ve tocada por la conciencia popular del folclor.

Cuando nos llega la posibilidad de hacer “Alturas de Macchu Picchu”, creo que fue la consagración de todo ese pensamiento, que curiosamente además fue con la poesía de Neruda. Al comienzo nos dio susto Neruda, porque nosotros no éramos nada. A lo mejor ahora me daría menos susto, pero en aquellos tiempos para nosotros era intocable, no nos considerábamos a su altura.

El tema “Sube a nacer conmigo hermano” es una de las canciones más largas escritas en lengua castellana, no creo que exista otra más larga que ésa. Y en el Festival de Viña del 83', cuando empezamos a tocar ese tema y veíamos que toda la Quinta Vergara cantaba y yo decía: “¿No nos estarán agarrando para el hueveo? Están moviendo la boca para puro condescender con nosotros”. ¡Y no lo podía creer!, miraba al Gato y miraba al público y cantaban igualito; se la sabían de memoria...y me puse a llorar, porque era demasiada la emoción... ¡Cuándo se nos iba a cruzar por la mente que justo esa canción se la iban a saber de memoria! Eso me hizo comprender muchas cosas, como por ejemplo, que el pueblo chileno había comprendido muy bien el mensaje, que adoraba esa música y que entonces a Neruda lo estábamos reivindicando ciento por ciento.

¡La pega ya se hizo!

A partir de ahí nos dedicamos a cultivar la propia música de Los Jaivas... porque considero que hay un trabajo entregado que suple todas nuestras necesidades a final de cuentas, como que de una u otra manera todo lo había que hacer ya lo hicimos... Y especialmente ahora que estamos sin Gabriel y sin Gato, menos se nos puede ocurrir hacer más cosas. ¡Pero la música de Los Jaivas yo creo que ya se hizo!

Sin embargo, queda una obra inédita todavía, que es la obra sinfónica. De hecho, en el disco Mamalluca dice “Obras Sinfónicas vol. 1”. Se supone que puede haber un número 2 y un número 3. También está Letanías por el azar, que es una obra que nunca se ha grabado en estudio, que fue registrada solamente como documento en Holanda. Ésa es una obra muy importante para nosotros, y que se ha estrenado en Buenos Aires y en Europa, pero que no se ha dado la ocasión de presentarla en Chile.

Pero todo este año en el fondo es una fiesta, una celebración, entonces no hemos tenido ni  tiempo de pensar en que si hacemos o no el álbum sinfónico... Si vamos a estar o si no vamos a estar... Yo creo que felizmente tenemos todavía esas posibilidades que pueden exaltar un poco los años próximos.

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