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Atención domiciliaria de adultos mayores en centros de larga estadía: una necesidad que trasciende la pandemia

por 12 octubre, 2020

Atención domiciliaria de adultos mayores en centros de larga estadía: una necesidad que trasciende la pandemia
Frente al covid-19, el Instituto Nacional de Geriatría y el Servicio de Salud Metropolitano Oriente, comenzaron un plan de atención domiciliaria con enfoque geriátrico a los centros de larga estadía ubicados en las comunas que cubren. El fin es reducir los peligros del contagio en los adultos mayores que viven en estos lugares, ya que la mayoría cuenta con dificultades funcionales o cognitivas. Esta atención es necesaria frente a una normativa que no exige un enfoque clínico a los establecimientos, lo que hace que muchos de los cuidadores no cuentan con capacitaciones sanitarias ni llevan registros de los pacientes.
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Desde el 25 de mayo del 2020 y, a raíz de la pandemia por coronavirus, seis equipos de especialistas del Instituto Nacional de Geriatría (Inger) se encuentran realizando atenciones directas a los Establecimientos de Larga Estadía para Adulto Mayores (Eleam) -conocidos comúnmente como hogares de ancianos- para verificar la situación de los pacientes y la infraestructura con la idea de reducir las posibilidades de brotes de covid-19. 

Este plan de atención domiciliaria se ejecuta por medio de una alianza con el Servicio de Salud Metropolitano Oriente, cubriendo las ocho comunas del sector, y con la colaboración del Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama). El fin principal: reducir la cantidad de contagios en los Eleam. 

Además, sumado a la intervención en caso de posibles brotes y, a la capacitación sanitaria del personal, también se entrega atención a pacientes que tienen enfermedades patológicas que necesiten seguimiento. Esto, entendiendo que la mayoría de los residentes de los establecimientos tienen dificultades o limitaciones para movilizarse, más allá del contexto de coronavirus.

Hasta el momento estos equipos han visitado a 192 de los 261 establecimientos registrados del sector; en donde se han realizado 1.263 atenciones, entre las que se incluyen ingresos a establecimientos y controles a residentes. Desde el Inger especifican que han realizado 786 evaluaciones kinésicas, 901 de enfermeros/as, 377 atenciones médicas, 415 curaciones -“en apoyo de la APS (Atención Primaria de Salud)”- y han entregado 152 ayudas técnicas (equipos necesarios para el bienestar de las personas adultas). 

“¿Cuál es el gran problema de los Eleam? (...): no tienen ningún enfoque sanitario. No tienen, por ejemplo, la obligación de hacer control de signos vitales, ni de ver, en el fondo, el manejo de salud de la persona que tienen en su establecimiento, porque no tienen un enfoque sanitario”, mencionó Fernanda Rodríguez, enfermera supervisora de equipos Eleam Inger.

Salud especializada

Hay personas que son más autovalentes, otras son más frágiles y necesitan ayuda para realizar trámites o actividades más complejas y, finalmente, hay un grupo que es totalmente dependiente y que van a necesitar apoyo en las actividades diarias. Esto último no depende necesariamente de la edad, sino que, en la geriatría, la funcionalidad es “la carta magna” cuando se atiende a los pacientes. 

Sin lugar a duda, los adultos mayores suelen padecer varias enfermedades al mismo tiempo. Muchas de estas, las presentan con una sintomatología distinta a los otros grupos etarios, lo que explica por qué existe una rama de la medicina centrada específicamente en la atención de estas personas, permitiendo que esta sea personalizada.

“La medicina tradicional separa por trozos el cuerpo (...), lo que ha permitido que las tecnologías se han desarrollado y han hecho que las personas, por esas enfermedades en concreto, no fallezcan. Pero te encuentras con un perfil, que es el adulto mayor, que tiene varias enfermedades al mismo tiempo, por lo tanto, este sistema ya no es válido para ellos. Porque uno no puede hacer danza con profesionales y especialistas para que cada uno le arregle una cosa, y le dañe otra, porque no está enfocado en el contexto del cuerpo y de la persona, sino que está enfocado en el órgano”, aseguró Pablo Gallardo, médico geriatra y director del Inger.

El experto pone énfasis en que, para que los pacientes se encuentren sanos, debe haber control o ausencia de enfermedad, además de bienestar social y psicológico. Muchas de las personas mayores, sobre todo en las que residen en un Eleam, tienen limitaciones de funcionalidad que les dificulta el acceso a los servicios de salud, por lo que una atención a domicilio puede permitir que los trabajadores de salud accedan a ellos.

Por otro lado, también es común la presencia de deterioros cognitivos, que implican que el adulto mayor dependa de otra persona para su día a día. Situación que incluso se ha visto agravada por la pandemia, debido al estricto aislamiento impuesto para protegerlos del virus. El geriatra afirma que este distanciamiento de la sociedad les ha generado efectos negativos a los pacientes, que incluso puede hacer que se aceleren procesos neurocognitivos.

La atención domiciliaria no es algo fuera de lo común en esta disciplina médica. En el 2014 desde el Inger comenzaron un programa con este fin; sin embargo, debido a problemas de presupuesto, tuvieron que detenerlo tras solo un año de funcionamiento. Este año, con la propagación del covid-19, se volvió a presentar de manera clara como una necesidad para este grupo, que forma parte de la población vulnerable frente al virus.

“Si tú te imaginas la situación de un Eleam, en el cual ¾ partes o más de la mitad, tienen deterioro cognitivo y, por otro lado, tiene limitación funcional, es un verdadero polvorín para la propagación de la enfermedad infecciosa. Porque tú le dices a una persona que tiene demencia, “por favor, lávese las manos”; en dos minutos se le olvida y va a tocar al paciente que está contagiado, etc. (...)”, indicó el director del Inger.

Plan de atención domiciliaria

Cada grupo cuenta con un chofer, kinesiólogo/a, enfermera/o y un TENS (Técnico/a en Enfermería Nivel Superior). Todos los especialistas fueron capacitados en el enfoque geriátrico y en el manejo sanitario en el contexto de la pandemia. “Lo que hacemos es llegar a los establecimientos, a los que ya ha llegado la atención primaria (APS), pero que tienen un nivel de dificultad un poco mayor, entonces ahí nosotros intervenimos”, especificó Fernanda.

En una primera visita al Eleam, se evalúa el establecimiento en términos de la infraestructura y de la normativa existente para infecciones. Esto permite revisar el manejo en caso de haber un caso de covid en el lugar, ya sea por la existencia de barreras sanitarias, el uso de los equipos de protección personal (EPP), el distanciamiento social, etc.

Luego, en otra visita, se comienza a hablar con el encargado del Eleam -y otros cuidadores, en caso de haber-, para ver los antecedentes específicos de los pacientes y la situación general del lugar. El rango de residentes de un establecimiento va desde cuatro hasta 100, según indica la enfermera. En base a esta información se mide la necesidad de cuidado de cada paciente, lo que determina si es que se requiere de seguimiento -presencial o por correo electrónico-. 

“Entonces, por ejemplo, de estas 1.263 evaluaciones que se han realizado, tenemos evaluaciones de ingreso, donde se ingresa al residente, y tenemos evaluaciones de seguimiento, porque podemos ver al paciente una vez, como lo podemos ver doce veces al mes, ya que hay pacientes que requieren procedimientos que se mantienen en el tiempo como las curaciones”, explicó Fernanda Rodríguez.

Todo este proceso ha implicado apoyo entre los distintos actores del sistema de salud. Ambos expertos consultados aseguran que la coordinación entre todos es constante. Por ejemplo, el servicio de salud tiene la información de los Eleam y avisa al Inger cuando hay necesidad de una atención más específica o posible contagio de covid-19. A su vez, los equipos apoyan a la APS en caso de no poder realizar ciertos procedimientos, como las curaciones.

En caso de haber un posible brote de coronavirus, se ve el traslado inmediato de las personas del lugar a las residencias sanitarias coordinadas por el Senama. Este cuidado frente al covid-19 ha permitido reducir el riesgo de los adultos mayores -como grupo de riesgo- que viven en los Eleam. Entre los establecimientos visitados por el Inger, un 18% presentó casos de covid luego de la atención; el otro 82% no volvió a tener. 

“A medida que va a llegando la información, se va generando una hoja de ruta, valga la redundancia, porque es una verdadera hoja de ruta, ya que van de lugar en lugar y comuna en comuna, generando los distintos mecanismos tanto de educación, de intervención, incluso aislamiento si es necesario: si hay un brote, sacarlos de ese Eleam y llevarlos a una residencia transitoria”, afirmó Pablo Gallardo sobre el plan el médico geriatra. 

La periodicidad de las visitas va dependiendo de la situación de cada centro, tanto de la preparación del lugar para prevenir el covid-19, como de la presencia de pacientes con enfermedades importantes que requieren de seguimiento por parte de los profesionales. Lo primero significó que al principio eran mucho más constantes, debido a que se necesitaban tomar medidas urgentes en un momento de mayor presencia del virus. 

Cuando el espacio ya contaba con las medidas sanitarias, la periodicidad también se fue reduciendo. Siempre con la posibilidad de comunicarse con el equipo que asistió al lugar. Sin embargo, si había contagios, “el seguimiento es prácticamente diario”. En caso de haber un paciente crítico -por covid o por otra enfermedad- se ve el traslado al mismo Inger. 

Decreto 14 y establecimientos de larga estadía

El principal problema de los Eleam del país es la falta de enfoque sanitario de los lugares. Esto se ve plasmado en que los encargados de los lugares muchas veces no tienen capacitación sanitaria o en que en muchos lugares no hay registro del historial médico de los residentes. 

“Por eso ha sido tan complejo -y tan importante a su vez- acudir a estos establecimientos, porque muchas veces no saben lo que es un signo vital, no saben cuáles son los valores normales o anormales de presión arterial, cuál es el valor de los niveles de azúcar en la sangre, (...). Entonces muchas veces es puro amor, pero no existe el conocimiento de base de cómo se debe manejar una persona mayor”, mencionó la supervisora de los equipos Eleam Inger.

Eso se debe a que la normativa que los rige actualmente -decreto 14 (reglamento de los Eleam)- los obliga a tener una ficha, pero no especifica lo que debe incluir esta o cada cuánto debe ser actualizada. Lo que ha hecho que muchas veces los equipos de atención sanitaria hayan llegado a centros donde no había mayor conocimiento de la situación sanitaria de los residentes y tenían que partir atendiéndolos desde cero. 

“La mayoría de los Eleam responden a una lógica -que por eso todavía se sigue mal llamando hogares de ancianos- en donde todavía (...) la persona que establece un lugar de estas características cree que es una casa para que la gente vaya a estar ahí. Pero el contexto de realidad es que la gran mayoría de las personas adultas mayores que terminan en un Eleam, es porque tienen dificultades médicas”, aseguró el Dr. Pablo Gallardo.

Por otro lado, para revisar la funcionalidad de los pacientes, se aplican índices que permiten medirla en una escala. El decreto 14 da cuenta de una escala de funcionalidad que ya no se usa en la APS, que es el índice de Katz: 

“Las personas adultas mayores muchas veces tienen cambios pequeños que esa escala no logra detectar. Por ejemplo, hace un mes atrás se vestía solo y hace dos semanas pide que le traigan la ropa. Eso significa que algo pasó en esa persona que ya no se viste sola y pide que le traigan la ropa. El Katz no logra evidenciar esos cambios tan sutiles, entonces ahora la APS o los establecimientos de salud en el servicio público aplicamos una escala que se denomina índice de Barthel, que es un poco más fina”, explicó Fernanda Rodríguez.

En la actualidad se está revisando la modificación de la normativa. Varios grupos de especialistas poseen iniciativas para esta actualización. La supervisora del plan del Inger aseguró haber enviado -junto a un grupo de enfermeras del área de geriatría- una propuesta en donde se daba el enfoque sanitario al decreto.

Atención domiciliaria más allá del covid

Al ser una estrategia de la geriatría, lo ideal es que esta atención domiciliaria se extienda más allá de la crisis actual y de este sector de la Región Metropolitana. Durante estos meses, el Senama ha contado con funcionarios en otras regiones que han revisado la situación sanitaria de los establecimientos, sobre todo, con respecto al aislamiento en caso de haber un posible contagio y a la capacitación de los encargados. Pero al considerar que “la vulnerabilidad en estos establecimientos es transversal”, se requiere de mayor presencia.

En caso de pacientes dependientes, la APS se suele encargar de su atención. El Dr. Pablo Gallardo aseguró que es necesario que nos demos cuenta de que todos llegaremos a ser adultos mayores y que es un desafío a nivel país mejorar la calidad del envejecimiento. De esta manera, habría un seguimiento geriátrico constante, que evitaría el agravamiento de enfermedades que pueden ser prevenidas o tratadas, por ende, el ahorro para muchas familias que deben hacerse cargo de los tratamientos y cuidados.

La semana pasada el presidente Sebastián Piñera firmó el proyecto de ley de envejecimiento positivo que busca promover el cuidado de los adultos mayores y entregar más recursos que permitan fomentar esto. Dentro de los objetivos se incluye aumentar el número de geriatras a nivel nacional, entregar más recursos a proyectos para este grupo etario y mejorar la calidad de los Eleam. 

Por otro lado, el plan de hospitalización domiciliaria promovido por el ministerio también tiene un enfoque de seguimiento similar, que “responde a la lógica de bienestar” para los pacientes con enfermedades agudas. Esto aportaría a la mejora de la entrega del servicio de salud a las personas que cuentan con limitaciones funcionales. Sin embargo, la atención domiciliaria con foco geriátrico permitiría extender esto a todos los adultos mayores con complejidades para asistir al servicio de salud.

Este aporte lo han visto desde el equipo del Inger mediante una encuesta de satisfacción realizada a los lugares que visitaron. Hasta el 7 de agosto, el 97% de los encargados o cuidadores de los Eleam consideraban que el plan de atención domiciliaria había generado un impacto positivo en ellos. Un 96% lo atribuía a los conocimientos entregados para manejar el covid y otro 86% consideró que fue por las mejoras en el manejo de brotes de covid.

En general la recepción fue buena. Pero los equipos también se han encontrado con establecimientos reticentes al momento de recibir personal de salud externo, por diversas razones. En algunos casos han logrado poder ingresar, pero en otros simplemente no han podido.

“Sería ideal que se pudiera seguir contando con una atención que nos permita poder llegar a la comunidad, poder tener este nivel de atención, ya sea a través de visitas domiciliarias o a través de una hospitalización domiciliaria. Contar con este nivel y contar con los equipos. Para esto por supuesto que se requiere de un mayor presupuesto, porque para nosotros significa levantar un nivel de atención más que el Inger no tenía previo a la pandemia”, afirmó Fernanda Rodríguez.

La supervisora aseguró que estos meses han sido gratificantes y agotadores a la vez, ya que no cuentan con el personal suficiente como para hacer turnos y reemplazos, por lo que el trabajo es constante, sobre todo cuando recién estaban implementando la estrategia. Ahora también se suma a esto, el hecho de que los hospitales han retomado las atenciones presenciales.

Sin embargo, entregar compañía a las personas que están en los Eleam -cuidadores y pacientes- y, ver que cuentan con más herramientas para el bienestar de sus residentes, como el registro clínico o la actualización de la escala de funcionalidad, ha sido gratificante para ella.

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