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Bioquímico estudia el azúcar de la frutas y verduras para la creación de un bioplástico nacional

por 24 marzo, 2021

Bioquímico estudia el azúcar de la frutas y verduras para la creación de un bioplástico nacional
La iniciativa está enfocada en las empresas de recipientes de packaging para exportaciones a Europa y Asia. Además, se  incorporarán propiedades antimicrobianas mediante nanopartículas de cobre.
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Chile es uno de los países que más plásticos consume en el mundo, generando cerca de 21.000 toneladas diarias y cada habitante es responsable de 1,1 kg de residuos al año, según el organismo Waste Atlas 2018. Cifras preocupantes que gatillan el desarrollo de un bioplástico a base del azúcar de materias primas desechadas de la agroindustria nacional.

El objetivo de la innovación, impulsada por la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) y ejecutada por la Universidad Católica del Maule, es crear envases de packaging para las frutas de exportación a los continentes de Europa y Asia.

Con apoyo además de la Fundación para el Desarrollo Frutícola (FDF) y San Jorge Packaging, los desechos que se están estudiando son pulpas y cáscaras de manzana, pera, uva, durazno, tomate, entre otros.

Residuos industriales

Cristián Valdés, bioquímico a cargo del proyecto, comenta que la primera etapa del proceso es extraer los nutrientes (azúcares reductores) de los residuos de las frutas y verduras para el crecimiento de una bacteria productora del precursor del bioplástico, “el cual será tratado químicamente de manera de generar el material como tal, al que se le agrega propiedades antimicrobianas”.

Luego, éste será transformado en bolsas biodegradables, dándole forma por medio de unas máquinas extrusoras. Finalmente, se optimizarán las propiedades del material para que sea compatible con el packaging.

Dada la situación de la pandemia en el país, añade Valdés, actualmente el proyecto está desarrollando el primero de sus tres objetivos, “relacionado con la generación y optimización de las condiciones necesarias para el proceso de hidrólisis de los distintos residuos industriales, que estamos estudiando, como la manzana, pera, uva, durazno, tomate, etc”.

La hidrólisis es el proceso donde se obtiene los azúcares reductores que se encuentran en la pulpa y cáscara de los alimentos.

Economía circular

Respecto a la sustentabilidad y el aporte a la gestión de residuos, “esta innovación genera economía circular ya que los mismos desechos de las frutas envueltas en el bioplástico puede ser utilizados como un sustrato para generar más bolsas biodegradables, las cuales a diferencia del plástico convencional se degradan en cortos períodos de tiempo, mientras que el plástico en base a petróleo puede tardar cientos de años”.

Como la idea es dar una utilidad a los desechos que abundan en una región que realiza una producción agrícola determinada, se quiere elaborar “un paquete tecnológico, el cual será entregado a las empresas del rubro de packaging del país. Principalmente porque ya existen países que están regulando el uso del plástico, por lo cual es necesario entregar alternativas de soluciones a posibles dificultades en los envíos internacionales de nuestro país”, cierra Valdés.

La propuesta tiene 4 grandes diferencias frente a un plástico convencional.  La generación del sustrato inicial a partir de desechos biológicos evitando su compra de manera externa; la producción de un bioplástico compatible con procesos de packaging; la utilización de nanopartículas de cobre para disminuir el crecimiento de microorganismos en el fruto, y finalmente, un método de preparación optimizable y compatible con futuros componentes que brindan otras propiedades al material.

En esa línea, el director ejecutivo de FIA, Álvaro Eyzaguirre, comenta que “ya está en vigencia la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor y Fomento al Reciclaje -Ley REP-, lo cual es muy positivo para nuestro sector pues Chile es el principal exportador de fruta del hemisferio sur, destacando las cerezas, que viajan entre 30 a 35 días para llegar al mercado asiático. Traslado donde el packaging es fundamental y por tanto es necesario que las empresas que generan estos plásticos comiencen a evaluar alternativas sustentables gracias a innovaciones que surgen desde el propio territorio productivo”.

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