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Fiestas de fin de año pueden gatillar estrés, ansiedad y decaimiento emocional

por 30 diciembre, 2021

Fiestas de fin de año pueden gatillar estrés, ansiedad y decaimiento emocional
Varias de esas emociones surgen porque culturalmente tendemos a asociar las celebraciones con la cercanía de nuestros seres queridos, lo que no siempre es posible o recomendable. “No debemos autoimponernos expectativas demasiado altas, ni sentir urgencia por estar feliz ni que todo salga perfecto”, dice especialista. Además, otro año en contexto de pandemia ha afectado la salud mental tanto de niños como adultos.
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Decaimiento emocional, melancolía, aislamiento social e incluso estrés ante las aglomeraciones, las fiestas, el ruido y la autoexigencia de ser feliz, son algunos de los estados emocionales que niños y adultos podrían sentir durante las celebraciones de fin de año.

Estas emociones emergen como resultado del desequilibrio entre las altas expectativas previas y la frustración de una realidad menos placentera, explica la psicóloga clínica y especialista en psicoterapia de la Universidad de Talca, Natalia Uribe.

Para la académica, durante estos días en algunas personas aparece un decaimiento producto de este clima emocional masivo, “porque culturalmente tendemos a asociar celebraciones con la cercanía de nuestros seres queridos. Entonces, muchas veces se sufre porque no podemos estar con ellos, ya sea porque han fallecido o porque están lejos y existe distancia geográfica o porque existen conflictos en la comunicación”.

La parte positiva de estas fechas, indica, es que se trata de situaciones temporales que pasan rápidamente, “lo que ayuda a que las personas puedan transitar y no permanecer en este estado emocional displacentero”.

Sin embargo, no se debe confundir decaimiento emocional con la depresión, ya que el primero está asociado a ciertas fechas del calendario, mientras que el segundo se describe más como una condición permanente del sujeto, “más compleja y multifactorial, que no se relaciona con eventos temporales”.

“Una persona no tiene porqué sentirse forzada a estar feliz. No porque estemos en un contexto de fiestas de fin de año, debemos forzarnos a sentir algo que no sentimos”, advierte Uribe.

Si la persona se siente estresada o sufre un decaimiento emocional, debe buscar ayuda. “El quedarse solo, sobre todo en situaciones de melancolía o decaimiento, genera aislamiento y agravamiento de estas emociones. El solo hecho de comunicarnos con un otro ya es muy saludable, ya sea comunicación física o virtual”, sugiere.

Según la psicoanalista, otro estado emocional que puede brotar en estas fechas es el estrés, que se vincula directamente con “las exigencias que nos autoimponemos, por ejemplo, para la compra de regalos de Navidad, las celebraciones que deben salir perfectas o el estado físico para lucir la nueva tenida”, enumeró.

El principal consejo es ser realistas, y recordar que estas fiestas no tienen por qué ser perfectas. “No debemos autoimponernos expectativas demasiado altas, ni sentir urgencia por estar feliz ni que todo salga perfecto. No se deben idealizar estas festividades ni depositar en ellas altas expectativas, como una forma de evitar la frustración posterior”, argumentó.

“Si sé, por ejemplo, que habrá personas que no me hacen bien en la reunión familiar, no tengo por qué sentirme obligado a ir. No querer ir es también un derecho como persona. Aprender a decir que no”, puntualizó.

Cuidado con el estrés

El estrés es una reacción psicológica y física normal ante las exigencias. Todas las personas pueden sentirse estresadas o ansiosas en algún momento de su vida, y esto puede ser un factor positivo cuando los motiva a desempeñarse bien. Sin embargo, cuando se mantienen altos niveles de estrés por un tiempo prolongado, puede afectar sus relaciones interpersonales, su salud y su calidad de vida2.

De acuerdo al estudio “Termómetro de la Salud Mental en Chile” realizado por la ACHS y la UC, durante 2021 un 45,9% de los chilenos presentó cambios en su estado de ánimo, asociados con el estrés. Mayo Clinic, explica que existen diversos factores que pueden desencadenar estrés, tales como presión laboral, problemas de pareja, preocupaciones económicas, casarse, cambiar de casa, entre otras.

Cualquier cambio en la vida puede ser un desencadenante de estrés y los efectos del mismo pueden presentarse de diversas maneras: físicos (tales como dolor de cabeza, tensión muscular, fatiga, problemas de sueño), emocionales (como la ansiedad, inquietud, irritabilidad, depresión y falta de motivación) y de comportamiento (consumo excesivo de comida, aislamiento social, sedentarismo, arrebatos de ira)2.

“Identificar los factores desencadenantes de estrés puede ayudar a pensar en estrategias para combatirlo y evitar sus efectos. Es fundamental incorporar hábitos saludables en el día a día que lo ayuden a aliviar el estrés y la ansiedad, ya que de esta forma estará cuidando su salud a largo plazo”, comenta la Dra. Lorena Galeotti.

El último trimestre del año es una época en que las personas están más agotadas y estresadas, algo que se acentúa en un contexto de pandemia, adaptación a nuevos formatos laborales y cambios sociales. Así lo complementa un estudio elaborado por Senda, que reveló que el consumo de tranquilizantes aumentó en un 40%.

A dichos datos, se suma una encuesta elaborada por LinkedIn a más de 5.000 trabajadores, cifrando que el 74% de las mujeres y el 61% de los hombres se sienten estresados.  De hecho, del total de licencias médicas electrónicas emitidas en los primeros 8 meses del año, "Trastornos mentales y del comportamiento" alcanza casi el 30%.

La médico psiquiatra y Gerenta General de Grupo Cetep, Claudia Barrera explica que “el estrés es la tensión que, manteniéndose prolongadamente en el tiempo, o que, siendo muy intensa, o ambas cosas a la vez, rebasa las disponibilidades energéticas fisiológicas y psíquicas de la persona, y conduce al agotamiento”, quien también señala que “cabe destacar que, todas las personas tienen diferentes formas de afrontar el estrés de fin de año, por lo mismo es importante sobrellevar el este problema, para reducir los síntomas a tiempo”.

Síntomas de estrés en el cuerpo

Dolor de cabeza, músculos y sentir que los ojos te tiritan de manera constante, son algunas de las señales que nos avisan de podríamos estar viviendo un cuadro de estrés. Síntomas que con el cierre de año, aumentan cada vez más.

El temblor en el ojo no se asocia a una causa concreta, pero puede producirse por estrés o ansiedad, en momentos determinados de la vida. “Es recomendable dormir más. Reducir la ingesta de cafeína. Hidratar los ojos
con colirios o gotas oftálmicas”, comenta la médico psiquiatra.

El dolor de cabeza es el síntoma más común del estrés y es provocado por la tensión muscular que ejercemos sobre la cabeza, la mandíbula y el cuello, entre otros. “Controlar la respiración, estirar el cuello y los hombros; estira brazos y cabeza; estira la espalda y muñecas e inclina la cabeza y barbilla. Darte una pausa y practicar estos ejercicios por 5 minutos te aliviará la tensión
y el malestar”, explica la Dra Barrera.

Cuando nos estresamos, lo que ocurre es que pensamos de forma automática los músculos de la mandíbula, los que rodean
los ojos y la boca, así como los músculos del cuello y la espalda. Se trata de una reacción refleja para protegernos. Y, de hecho, no es mala, excepto cuando el estrés se convierte en algo permanente en nuestra vida. “Es recomendable aplicar compresas de calor en el área afectada para facilitar la relajación muscular. También el mindfulness es un método excelente para combatir la tensión muscular por estrés debido a que incrementa la conciencia emocional, facilitando la gestión de los estados emocionales”, añade.

La psicóloga de Nueva Clínica Cordillera, Patricia Canales, explica que la pandemia generó una situación excepcional que “ha provocado una profunda incertidumbre respecto del futuro en medio de una crisis sanitaria, a su vez, como también sobre aspectos fundamentales cómo lo son las relaciones y la situación económica”.

Esto sumado al aislamiento social y el aumento de la carga de trabajo, a causa de la conciliación de la vida con el teletrabajo o las clases virtuales, han alterado los estilos de vida y el resguardo de los momentos de recreación.

Canales también destaca que cuadros de estrés permanentes podrían ocasionar “diversos síntomas físicos que pueden llegar a inhabilitar y complicar la vida de las personas, y que, de no ser tratados oportunamente, pueden derivar en trastornos más complejos, como los son lo son los trastornos del sueño, trastornos alimenticios, síntomas depresivos y episodios de crisis de pánico” que según la especialista son las que más se han presentado durante pandemia y la actual readaptación.

Respecto a la óptima percepción del padecimiento de estrés, la profesional sugiere prestar atención a cambios en la conducta habitual y “funciones cognitivas básicas de concentración, que disminuyen e impactan en la memoria”, dado que a través de ellas es posible percibir que se “dificulta el interactuar en el diario vivir en diferentes contextos como lo son el laboral, social o académico”.

El estrés podría alterar nuestro sistema inmune y procesos tan importantes como a la neuroplasticidad, que corresponde a “la capacidad del cerebral para cambiar y adaptarse a nuevas experiencias”, algo que según la sicóloga resulta fundamental ante la continuidad de una pandemia y en medio de un contexto político polarizado que tendrá incidencia en el futuro de los chilenos y que “por el alcance de las actuales elecciones presidenciales y los eventuales cambios que estas podrían generar en la vida de los ciudadanos, es natural que aumente el sentimiento de incertidumbre y ansiedad, frente a dos posibilidades tan distintas entre sí”.

Por lo anterior, la especialista recalca que es justamente gracias a la neuroplasticidad que “somos capaces de adaptarnos, aprender de las nuevas situaciones y hacer frente a circunstancias nos podrían parecer adversas”, por lo que en el caso de los adultos el estrés tiene un efecto “directo y debilitador sobre el sistema inmunitario”, aumentando la irritabilidad, desmoralización, inseguridad y desconfianza.

Por otra parte, en el caso de los niños, este puede afectar “pensamientos, emociones y conductas asociadas a un impacto negativo en la seguridad, confianza, establecimiento de relaciones interpersonales, autoimagen y autoconcepto”, puesto que los niños no sólo se han visto limitados a asistir a sus colegios, sino que se han constreñido respecto a actividades al aire libre, en un contexto en que el “el jugar no sólo tiene una función de entretener, sino que también sirve para socializar, pues a través del juego, los niños aprenden las reglas y saben cómo interactuar para alcanzar alguna meta”.

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