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Cumplir con todo no siempre significa estar bien: las señales que suelen ignorarse Salud Crédito: Cedida.

Cumplir con todo no siempre significa estar bien: las señales que suelen ignorarse

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Dormir mal, sentir cansancio persistente, estar irritable o perder el interés son señales que pueden pasar inadvertidas. La psicóloga Verónica Aliaga explica cuándo estos cambios pueden indicar la necesidad de buscar apoyo.


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Cumplir con el trabajo, los estudios, las tareas de cuidado o las responsabilidades cotidianas no necesariamente significa que una persona se encuentre bien. En algunos casos, el malestar puede mantenerse durante meses mientras se vuelve parte de la rutina y deja de ser reconocido como una señal que requiere atención.

La psicóloga y docente de Adipa, Verónica Aliaga, advierte que algunas manifestaciones como los problemas de sueño, el cansancio que no mejora con el descanso, la irritabilidad, las dificultades para concentrarse o la pérdida de interés por actividades que antes resultaban agradables pueden normalizarse con el tiempo.

“Muchas veces el malestar se vuelve parte de la rutina y dejamos de reconocerlo como una señal de que necesitamos apoyo. Nos acostumbramos a dormir mal, a estar irritables, a sentir un cansancio que no mejora con el descanso o a vivir con la sensación de que nunca podemos bajar la guardia”, señala.

Cumplir con las responsabilidades no siempre significa estar bien

Una de las dificultades para reconocer el malestar emocional es que este no necesariamente impide que una persona continúe con su vida cotidiana. Es posible seguir trabajando, estudiando, cuidando a los hijos y respondiendo a distintas obligaciones mientras internamente existe un desgaste que se mantiene en el tiempo.

Por eso, la especialista plantea que “alguien puede responder a todas sus responsabilidades y, al mismo tiempo, estar dejando de descansar, disfrutar o sentirse conectado con su propia vida”.

En este sentido, más que preguntarse solamente si una persona sigue funcionando, Aliaga recomienda observar qué ha cambiado respecto de cómo se sentía habitualmente, cuánto tiempo llevan esas modificaciones y cuánto esfuerzo implica sostener el día a día.

Si los cambios persisten, aumentan o generan sufrimiento, plantea que es momento de considerar la búsqueda de apoyo.

La soledad también puede existir estando acompañado

El malestar emocional también puede relacionarse con la manera en que se experimentan los vínculos. De acuerdo con el Termómetro de Salud Mental de la Pontificia Universidad Católica, una de cada cuatro personas entre 30 y 39 años en Chile se siente sola.

Para la especialista, esta experiencia no depende exclusivamente de la cantidad de personas que rodean a alguien. Una persona puede tener pareja, familia o una vida social activa y, aun así, experimentar una falta de conexión emocional.

La soledad persistente puede aumentar el malestar emocional. A la vez, quienes atraviesan ansiedad o depresión pueden tender a aislarse, dejar de buscar compañía o experimentar mayores dificultades para conectar con otras personas.

Por ello, Aliaga plantea que también es necesario observar la calidad de los vínculos: si existe la posibilidad de sentirse escuchado, expresar lo que ocurre sin temor a ser juzgado y recurrir a alguien cuando se necesita apoyo.

¿Por qué cuesta pedir ayuda?

Reconocer que algo no anda bien no siempre se traduce inmediatamente en una consulta. La vergüenza, el temor a ser juzgado o la creencia de que pedir ayuda significa no tener la suficiente fortaleza para enfrentar los problemas pueden convertirse en obstáculos.

También es frecuente minimizar lo que se siente mediante pensamientos como “hay personas que están peor”, “seguro se me va a pasar” o “no es nada grave”. El problema es que estas ideas pueden contribuir a desatender un malestar que ya lleva tiempo presente.

A estas dificultades se suman barreras concretas, entre ellas el costo de la atención, la disponibilidad de profesionales, la falta de tiempo y las responsabilidades laborales o de cuidado.

“Postergar la ayuda no siempre refleja falta de interés por estar mejor. A veces necesitamos que alguien nos escuche, nos ayude a encontrar opciones o facilite ese primer contacto”, plantea la psicóloga.

Escuchar antes que diagnosticar

En este contexto, el lema del Día Mundial de la Salud Mental 2026, “Experiencias vividas escuchadas: voces reales, cambios reales”, pone el foco en la importancia de considerar aquello que las personas están experimentando.

Para Aliaga, acompañar a alguien que atraviesa un momento de malestar no implica necesariamente contar con respuestas o soluciones y agrega que “lo más importante es escuchar. No necesitamos tener respuestas ni soluciones. Una pregunta simple como ‘¿qué necesitas?’ o ‘¿cómo te puedo ayudar?’ suele ser más útil que cualquier recomendación”.

La consulta con un profesional resulta especialmente importante cuando el malestar se mantiene o se intensifica y comienza a afectar el sueño, el trabajo, los estudios o los vínculos. También cuando aparecen cambios importantes en la forma de relacionarse o consumo de alcohol u otras sustancias para aliviar lo que se siente.

¿Cuándo buscar ayuda de inmediato?

Existen situaciones en las que no se recomienda esperar a que el malestar desaparezca por sí solo. Ante expresiones de hacerse daño, no querer vivir o desaparecer, la recomendación es buscar ayuda de inmediato.

En Chile está disponible la línea de prevención del suicidio *4141, además de los servicios de urgencia.

El objetivo, plantea la especialista, es no esperar hasta que la situación se vuelva insostenible para tomar en serio las señales que aparecen en la vida cotidiana. “Esperar a no poder más no nos hace más fuertes. Solo hace más largo el camino de vuelta”, concluye la especialista.

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