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Erosión costera en Chile: el cambio que está transformando las playas del litoral Medioambiente Crédito: Cedida.

Erosión costera en Chile: el cambio que está transformando las playas del litoral

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La erosión costera está reduciendo la superficie de distintas playas chilenas, según el Atlas de Riesgos Climáticos del Ministerio del Medio Ambiente. Marejadas más frecuentes, intervenciones humanas y cambios en el aporte de sedimentos desafían la protección del litoral.


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Las playas de Valparaíso, Viña del Mar y Algarrobo muestran señales de una transformación que va más allá de los efectos visibles de una marejada. La reducción de las franjas de arena y la exposición de estructuras que antes quedaban junto al borde costero evidencian un proceso de erosión que plantea nuevos desafíos ambientales, urbanos y turísticos para Chile.

De acuerdo con el Atlas de Riesgos Climáticos del Ministerio del Medio Ambiente, diversas playas del país experimentan una reducción progresiva de su superficie. El fenómeno responde a una combinación de factores naturales y humanos que está alterando la dinámica del litoral.

Catherine Tapia, ingeniero civil en Obras Civiles con especialidad en Obras Marítimas y gerente de Operaciones de GHD en Chile, explica que “Lo ocurrido este invierno en sectores como Valparaíso, Viña del Mar y Algarrobo no es un episodio aislado, sino la expresión visible de una transformación que lleva años avanzando”.

¿Por qué las playas chilenas están perdiendo arena?

Durante años, las playas mantuvieron un ciclo estacional en el que el mar retiraba arena durante el invierno y la devolvía en verano. Este proceso permitía que parte de la superficie perdida se recuperara con el cambio de estación.

Sin embargo, las marejadas ocurren hoy con mayor frecuencia e intensidad y ya no se limitan a los meses de invierno. Como consecuencia, algunas playas no alcanzan a recuperar la arena perdida antes de enfrentar un nuevo evento.

A esta dinámica se suman intervenciones humanas que alteran el equilibrio natural de la costa. La urbanización del borde costero, la canalización de ríos, los cambios en las cuencas y la intervención de dunas han reducido el aporte natural de sedimentos que contribuye a mantener las playas.

Así, el problema no consiste únicamente en la pérdida de arena durante las marejadas, sino también en la disminución de los mecanismos naturales que permiten reponerla.

Valparaíso, Viña del Mar y Algarrobo entre las zonas afectadas

En la Región de Valparaíso, los estudios muestran distintas tasas de erosión según la playa y el período analizado.

En sectores como Caleta Portales se han registrado retrocesos superiores a un metro anual, mientras que Algarrobo y Santo Domingo presentan situaciones aún más críticas, de acuerdo con los antecedentes entregados. Las consecuencias también se observan en el paisaje: franjas de arena más estrechas, accesos expuestos y estructuras que antes llegaban hasta la playa y que ahora parecen quedar suspendidas sobre el borde costero.

Estas modificaciones dan cuenta de un proceso que no afecta a todas las playas de la misma manera, pero que plantea interrogantes sobre la capacidad de recuperación de distintos sectores del litoral.

El impacto de la erosión va más allá del medioambiente

La pérdida progresiva de superficie de playa no es solo un problema paisajístico o ecológico. También puede afectar la seguridad de las personas, ejercer presión sobre infraestructuras críticas y tener consecuencias para la actividad turística.

A ello se suma el desafío para la planificación de ciudades y comunidades costeras, que deben considerar un litoral cuyas condiciones pueden cambiar con el tiempo.

La erosión costera obliga, por tanto, a observar la relación entre el mar y los territorios desde una perspectiva más amplia. Las playas, las dunas, las cuencas y las zonas urbanizadas forman parte de un mismo sistema, por lo que las intervenciones en uno de estos espacios pueden influir en el funcionamiento del conjunto.

Crédito: Cedida.

Adaptarse a un litoral que seguirá cambiando

Frente a este escenario, una de las preguntas centrales es cómo gestionar las costas ante cambios que podrían continuar modificando su configuración.

“Quizás la pregunta ya no sea cómo recuperar las playas que se están perdiendo, sino cómo convivir con costas que inevitablemente serán distintas a las conocidas hasta ahora. Esto exige avanzar hacia una gestión integrada del borde costero, entendiendo que playas, dunas, cuencas y ciudades forman parte de un mismo sistema interconectado”, comenta Catherine.

Plantea así la necesidad de considerar el litoral como un sistema interdependiente, en lugar de abordar cada playa o intervención de manera aislada.

Aunque las playas han experimentado cambios a lo largo de la historia, la diferencia actual está en la velocidad con que ocurren y en la presión creciente de origen humano. Ignorar esta transformación puede reducir la capacidad de anticipar sus efectos y preparar respuestas de adaptación.

El desafío para las próximas décadas no será únicamente conservar la arena, sino definir cómo las ciudades y comunidades costeras se relacionarán con un litoral cuyas condiciones están cambiando.

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