Medioambiente
Crédito: El Mostrador.
Aluviones en la zona central: las claves geológicas detrás de estos fenómenos
Los aluviones forman parte de la evolución natural de la cordillera y pueden repetirse por la combinación de factores geológicos y climáticos. Tras el evento en Las Condes, un especialista explica por qué ocurren y qué medidas requieren las ciudades.
El aluvión que afectó a Las Condes, en la Región Metropolitana, volvió a poner en discusión la preparación de las ciudades frente a estos eventos. Aunque pueden causar daños en zonas urbanas, los aluviones no son fenómenos aislados: forman parte de los procesos geológicos que han moldeado durante millones de años el territorio chileno. El desafío, según especialistas, está en comprender esa dinámica natural y planificar las ciudades considerando los riesgos que implica.
La erosión de la cordillera: una de las claves para entender los aluviones
Los aluviones están vinculados a la erosión de las montañas y al desplazamiento de grandes cantidades de sedimentos. Se trata de procesos que han ocurrido durante miles y millones de años y cuya huella permanece en el relieve de la zona central de Chile.
Así lo explica Cristóbal Ramírez de Arellano, director de Geología de la Universidad Andrés Bello (UNAB) y presidente de la Sociedad Geológica de Chile, quien sostiene que “los aluviones son procesos que normalmente ocurren, han ocurrido y van a seguir ocurriendo a los pies de la cordillera; tienen que ver con la erosión de las montañas. Si no hubiera erosión, tendríamos una pared vertical de roca de tres mil metros de altura al este de Santiago”.
El especialista agrega que la roca que hoy ya no se encuentra en las montañas ha sido removida por distintos procesos naturales, entre ellos los aluviones.
“Todo ese volumen de roca que no está -agrega- ha sido removido por procesos como el aluvión de Las Condes de esta semana o el aluvión de la Quebrada de Macul en 1993. Son miles de kilómetros cúbicos de roca, mucho más de lo que han extraído todas las minas de Chile, pero por procesos naturales en el transcurso de cientos de miles y millones de años, conjugándose factores geológicos, climáticos y las intervenciones que los humanos hemos hecho en la superficie”, señala.
¿Qué factores favorecen la ocurrencia de un aluvión?
Aunque la erosión es parte de la evolución natural del territorio, las condiciones meteorológicas pueden favorecer la ocurrencia de estos episodios. De acuerdo con Ramírez de Arellano, los aluviones suelen relacionarse con precipitaciones intensas en periodos breves y temperaturas más altas de lo habitual para una determinada época del año.
“Con las altas temperaturas, cae lluvia donde normalmente nieva y se encuentran acumulados los sedimentos. La nieve cae, se asienta por varias semanas o meses y se derrite lentamente; esto permite que se acumulen los sedimentos (la tierra, las arcillas)”, sostiene.
El académico también menciona fenómenos climáticos como El Niño, que pueden favorecer precipitaciones fuera de temporada. A esto se suman factores que pueden aumentar la vulnerabilidad del territorio, como la sequía prolongada y los incendios forestales.
La combinación de condiciones geológicas, climáticas y de intervención humana ayuda a explicar por qué estos eventos pueden repetirse y por qué sus efectos deben considerarse en la planificación de las ciudades.
Las quebradas y los depósitos que evidencian eventos anteriores
La historia geológica también permite comprender por qué los flujos de barro y sedimentos pueden alcanzar zonas urbanas. Según el especialista, los depósitos ubicados al pie de las montañas se formaron a partir de antiguos aluviones, algunos posiblemente de magnitud similar o superior a los que se observan en la actualidad.
El relieve y la presencia de grandes bloques de roca en sectores cordilleranos también entregan pistas sobre estos procesos.
Ramírez de Arellano explica que “cuando caminamos por los senderos cordilleranos y vemos bloque de roca de varios metros de diámetro, entendemos que también, en su tiempo, fueron movilizados por aluviones. Lo sabemos también por la forma de los cerros y sus quebradas. No es extraño que estos flujos de barro se abran paso por las calles, porque esas mismas calles en otro momento fueron los flujos de agua, la continuación de las quebradas”.
Prevención de aluviones: por qué no basta con monitorear las quebradas
La recurrencia de estos fenómenos plantea un desafío para la planificación urbana. Para el director de Geología de la UNAB, las ciudades deben prepararse no solo para responder a las emergencias, sino también para reducir los riesgos antes de que ocurran nuevos episodios.
Entre las medidas que plantea se encuentran las piscinas decantadoras, las vías aluviales y el reconocimiento de los cursos de agua en la planificación de las zonas urbanas. A su juicio, estas acciones no deberían limitarse a quebradas específicas, sino considerar el conjunto de estos espacios en el territorio.
El académico también apunta a que “debe existir una política pública que se fundamente en el conocimiento, que permita una prevención real ante los peligros geológicos y meteorológicos, con servicios públicos técnicos robustos que tengan la capacidad de hacer los estudios necesarios y que sus informes sean vinculantes para las decisiones de las autoridades”.
Ciudades preparadas para un fenómeno que seguirá ocurriendo
La posibilidad de que vuelvan a producirse aluviones obliga a considerar las características geológicas de Chile en las decisiones sobre el crecimiento urbano. Para Ramírez de Arellano, la prevención requiere una mirada de largo plazo y colaboración entre distintas disciplinas.
El especialista advierte que estos procesos continuarán ocurriendo y que las ciudades deben estar preparadas para enfrentar eventos de magnitud similar o incluso superior.
En ese escenario, el desafío no consiste en evitar un proceso natural que forma parte de la evolución de la cordillera, sino en reducir la exposición de las personas y la infraestructura mediante una planificación que considere los riesgos del territorio.
Y concluye: “en un país como Chile, con una cordillera que lo recorre de Sur a Norte, en un contexto geológico, al cual también se deben las riquezas del país, donde ocurren y seguirán ocurriendo eventos como el de Las Condes, debe existir una política de largo plazo que permita estar preparado para estos eventos. Debemos seguir preparando científicos y profesionales que colaboren interdisciplinariamente y den valor al conocimiento, para hacer que nuestras ciudades se vuelvan más resilientes, para un desarrollo sostenible, justo y armonioso para el contexto geológico en el que nos encontramos”.