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El Mundial 2026 es el más tecnológico de la historia. ¿Es algo bueno?
E desafío será encontrar un equilibrio entre dos elementos que muchas veces parecen opuestos: la precisión absoluta de las máquinas y la imprevisibilidad que convirtió al fútbol en el deporte más popular del planeta.
Durante décadas el fútbol ha estado rodeado de errores de árbitros que se han mantenido vigentes en la cultura popular, siendo algunos anécdotas y otros en cambio que cambiaban la historia.
La “Mano de Dios” de Diego Maradona en México 1986 es probablemente el ejemplo más famoso. Décadas después, el polémico “No era penal” que marcó la eliminación de México frente a Países Bajos en Brasil 2014 se transformó en un símbolo de frustración para millones de hinchas. Incluso hoy, años después, ambas jugadas siguen generando debates y memes.
Sin embargo, muchas de esas polémicas tendrían un destino muy distinto en la actualidad ya que la edición 2026 no solo será la más grande de la historia, con 48 selecciones y tres países anfitriones, sino que también será, probablemente, el torneo más tecnológico jamás organizado.
Y esta tecnología no estará únicamente en las transmisiones o en las aplicaciones para los aficionados. Estará dentro del juego mismo.
El ojo que todo lo ve
Desde hace varios años el VAR y el fuera de juego semiautomatizado forman parte del fútbol profesional. Sin embargo, para la Copa Mundial de 2026 FIFA está incorporando nuevas capas de tecnología que buscan reducir aún más el margen de error.
Durante cada partido, 16 cámaras de alta resolución seguirán permanentemente los movimientos de todos los jugadores sobre la cancha. El sistema será capaz de monitorear más de dos docenas de puntos corporales en cada futbolista para determinar su posición exacta en todo momento.

Fuente: Lenovo
Al mismo tiempo, la Trionda, la pelota oficial del torneo, incorporará sensores capaces de registrar movimientos, impactos y cambios de dirección cientos de veces por segundo.
La combinación de ambas tecnologías permitirá reconstruir cada jugada con un nivel de precisión que hace apenas algunos años parecía imposible. Y todo esto busca algo muy simple: reducir las decisiones subjetivas y entregar más información a los árbitros cuando enfrenten situaciones complejas.
Gemelos digitales para cada jugador
La innovación más llamativa del Mundial 2026 probablemente sea el uso de gemelos digitales.
Todos los futbolistas que participan en el torneo fueron escaneados mediante sistemas tridimensionales de alta precisión para crear una réplica virtual exacta de sus cuerpos. Estos modelos digitales incluyen medidas corporales, longitud de extremidades e incluso el tamaño del calzado.
Durante una revisión arbitral, esos gemelos digitales pueden incorporarse a una simulación tridimensional de la jugada para determinar con precisión la ubicación de cada jugador respecto del balón, las líneas del campo y los rivales.
En teoría, esto permitirá resolver situaciones extremadamente ajustadas, incluyendo fueras de juego donde apenas unos centímetros pueden marcar la diferencia entre un gol válido y uno anulado. Incluso existirá una función capaz de recrear el campo visual del arquero para determinar si un jugador en posición ilícita realmente interfirió en su visión durante una jugada.
La tecnología ha llegado a un punto donde no solo puede decir si un jugador estaba adelantado. También puede determinar si estaba bloqueando la visión del arquero, si tocó el balón antes que otro jugador o si un pie estaba apenas unos centímetros más adelante que la línea defensiva.

Fuente: Lenovo
Cuando los centímetros importan
Como alguien que sigue el fútbol desde chica, mi primera reacción al leer sobre todas estas optimizaciones tecnológicas fue bastante simple: ¿realmente necesitamos llegar a este nivel de precisión?
Porque parte de la magia del fútbol siempre estuvo asociada a la discusión. A la repetición infinita de una jugada polémica, a la conversación de sobremesa sobre un penal dudoso o a la eterna pregunta sobre qué habría pasado si el árbitro hubiese tomado otra decisión. Muchas de las historias más recordadas del deporte nacieron precisamente de esos errores.
Sin embargo, FIFA parece convencida de que el camino es otro. Para el organismo, incluso los centímetros importan. Una posición adelantada por la punta del botín puede alterar el desarrollo de un partido y, eventualmente, de todo un Mundial.
Mientras algunos celebran la posibilidad de eliminar errores históricos, otros sienten que el fútbol pierde parte de su espontaneidad cuando una celebración debe esperar la confirmación de una sala llena de pantallas, sensores y algoritmos.
Y aunque todavía tengo sentimientos encontrados con el VAR, también es difícil ignorar que muchas de las injusticias que antes parecían inevitables hoy pueden corregirse en cuestión de segundos.
El fútbol también se convirtió en datos
Curiosamente, la parte de esta revolución tecnológica que menos resistencia genera no tiene relación con el arbitraje, tiene relación con los datos.
Hace apenas algunas décadas, las estadísticas disponibles se limitaban a goles, tarjetas y posesión de balón. Hoy podemos saber cuántos kilómetros recorrió un jugador, cuáles fueron las zonas donde tuvo mayor influencia, cuántas veces recuperó el balón, la velocidad máxima que alcanzó durante un pique o incluso la probabilidad estadística de que un remate fuera en gol.
Los mapas de calor, las métricas avanzadas y los modelos predictivos se transformaron en una extensión natural del jueg y quizás ahí está la diferencia fundamental con el VAR.
Mientras la asistencia arbitral suele generar discusiones porque interviene directamente en el resultado, la información adicional no reemplaza al fútbol ni modifica lo que ocurre dentro de la cancha, simplemente nos permite entenderlo mejor y para una que disfruta estos datos, incluso lo hace hasta más entretenido, ya que si tengo que elegir una tecnología que llegó para quedarse, probablemente sea esa. Porque conocer cuánto corrió un jugador, dónde se movió durante el partido o cómo cambió la posesión a lo largo de los 90 minutos no le quita magia al fútbol. Al contrario, ayuda a descubrir detalles que antes simplemente no podíamos ver. La tecnología, en ese sentido, no reemplaza al deporte. Lo explica.
El partido fuera de la cancha
Pero la tecnología del Mundial no termina cuando rueda el balón, la organización de un evento que espera recibir millones de visitantes también enfrenta desafíos crecientes en materia de ciberseguridad.
La venta de entradas, las plataformas de alojamiento, los sistemas de pago y las aplicaciones oficiales se han convertido en objetivos atractivos para grupos criminales que buscan aprovechar el interés de los aficionados.
Según especialistas en ciberseguridad, los grandes eventos deportivos suelen provocar un aumento significativo en campañas de phishing, sitios falsos de venta de entradas, estafas relacionadas con alojamientos y promociones fraudulentas asociadas al torneo.

Meta lleva meses trabajando en formas de poder mantener seguras las transacciones asociadas a la venta de entradas durante esta copa del mundo. Fuente: META.
“El Mundial ya no se juega solo en la cancha; también se juega en el ecosistema digital que rodea al evento. Los ciberdelincuentes aprovechan la alta expectativa de los fanáticos para desplegar fraudes asociados a entradas, viajes, alojamientos, transmisiones falsas, sorteos y promociones demasiado atractivas. A eso se suma un riesgo creciente: sitios y mensajes que imitan casas de apuestas, donde el usuario puede terminar entregando datos personales, credenciales o medios de pago”, explica Benjamín Mera, director comercial de CronUp Ciberseguridad.
Mera agrega que la digitalización de los grandes eventos deportivos exige una mirada preventiva. “Mientras más conectada es la experiencia del hincha, mayor es la superficie de ataque. La recomendación es simple: comprar solo en canales oficiales, verificar la legitimidad de los sitios, desconfiar de ofertas urgentes o excesivamente convenientes y evitar ingresar datos en enlaces recibidos por mensajería, redes sociales o correos no solicitados”.
En un Mundial donde prácticamente todo estará conectado, la seguridad digital también formará parte del espectáculo.
¿Menos errores o menos magia?
Es difícil encontrar una respuesta definitiva. El fútbol siempre estuvo construido sobre historias humanas. Algunas heroicas. Otras polémicas. Muchas de ellas nacieron precisamente de los errores.
Sin embargo, también es cierto que la tecnología ha permitido corregir situaciones que durante décadas generaron injusticias evidentes.
Quizás la discusión ya no sea si la tecnología debe formar parte del fútbol. Esa batalla parece resuelta.
La verdadera pregunta es cuánto protagonismo queremos darle.
Porque mientras la pelota corre durante el Mundial 2026, el desafío será encontrar un equilibrio entre dos elementos que muchas veces parecen opuestos: la precisión absoluta de las máquinas y la imprevisibilidad que convirtió al fútbol en el deporte más popular del planeta.
Y tal vez ahí esté la respuesta. No en reemplazar el fútbol por la tecnología, sino en utilizarla para que el juego siga siendo el protagonista.