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“El trópico de la llama” será temática curatorial de la decimotercera edición de la Bienal SACO CULTURA Crédito: Archivo (referencial)

“El trópico de la llama” será temática curatorial de la decimotercera edición de la Bienal SACO

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El texto, concebido por la directora y curadora de Bienal SACO, Dagmara Wyskiel, plantea una reflexión poética, geográfica, histórica y política sobre América del Sur a partir de la línea imaginaria del Trópico de Capricornio, transformándola en un símbolo de conexión, intercambio y reencuentro.


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El trópico de la llama es la temática curatorial de la decimotercera edición de la Bienal SACO, que se llevará a cabo entre septiembre y noviembre de 2027, informó la entidad.

Esta nueva propuesta se articula desde una mirada profundamente sudamericana, invitando a reflexionar sobre los orígenes del sur global y las formas en que los territorios han sido configurados en lógicas anticuadas heredadas del primer mundo.

El texto, concebido por la directora y curadora de Bienal SACO, Dagmara Wyskiel, plantea una reflexión poética, geográfica, histórica y política sobre América del Sur a partir de la línea imaginaria del Trópico de Capricornio, transformándola en un símbolo de conexión, intercambio y reencuentro entre los pueblos del continente.

Texto curatorial

“El trópico de Capricornio es una latitud astronómica, situada aproximadamente a 23° al sur del ecuador. Marca el punto más meridional donde los rayos del sol caen verticalmente al mediodía durante el solsticio de diciembre, dividiendo la zona tropical de la zona templada del hemisferio sur. En América este anillo une por tierra firme dos aguas infinitas. A lo largo de la historia el hombre aprendió a cruzar los maritorios construyendo vehículos con remos, velas y motores. Desde las costas del oeste, empezó a llevar las mercancías por el Pacífico hacia Asia. Desde el este a Europa, cruzando el Atlántico”, señala.

“Cuando el Norte dividió el mundo en sur y norte, aquí los puertos escupieron riquezas naturales y, de vuelta, recibieron emigrantes, enfermedades y algo de tecnología. Los que quedaron sin boca al océano —Paraguay y Bolivia— se quedaron sin voz. Pero las ciudades puerto son la boca y el ano a la vez. Santos, Valparaíso, Callao, Antofagasta y Guayaquil huelen a pescado; por eso no son para todos”.

“En los países del sur global las capitales suelen tener los ojos rojos por la alta presión arterial y expanden los caminos en forma de tentáculos, o de venas abiertas. ¿Qué pasa en el vientre del continente? ¿Qué suena en las tripas de América del Sur? Si lográramos girar las dos caras del Cono Sur –la del este y del oeste– para que empiecen a mirar hacia adentro y entre sí, al interior de su barriga verde y fértil. El viaje hacia adentro es a la vez el viaje hacia atrás. Conocerse por tierra, por desierto, pampa, selva, humedal. Reconstruir la senda de las culturas, siguiendo las conchas en collares de la Amazonía o las plumas de papagayos en las ofrendas fúnebres del altiplano. Escuchar el cielo sin temor a la oscuridad”.

“En el Cono Sur la mayoría de las líneas postcoloniales son verticales, mientras que los dibujos horizontales corresponden a la naturaleza, como los ríos Amazonas, Biobío u Orinoco. La ruta de Antofagasta a Santos se extiende por 3.400 kilómetros y pasa por el océano más grande, el desierto más árido, las montañas más largas y la selva aún más extensa del mundo. Ofrece en sus paraderos una infusión de coca, un mate, una gaseosa de guaraná, para terminar con un reponedor café brasileño”.

“Este camino es el oxígeno entre los dos océanos. Hay que tocar el suelo para comprender dónde estás. En el nuevo mundo la naturaleza opera a otra escala, nos enseña a ubicarnos y acordarnos de dónde salimos. La montaña, el árbol, el río, el calor, la roca, el cielo, aquí y allá tienen otro significado. Menos mal que existen cosas que no son robables, vendibles, ni exportables: lo intangible. El camino se proyecta como el antídoto al flujo comercial de una vía que cortará Sudamérica en dos, conectando el Atlántico con el Pacífico y viceversa, como lo hace el canal de Panamá arriba y el estrecho de Magallanes abajo.

“Pero la posición del trópico de Capricornio no es fija, sino que cambia constantemente debido a un ligero bamboleo en la alineación longitudinal de la Tierra en relación con su órbita alrededor del Sol. La inclinación axial del planeta varía a lo largo del tiempo. Este bamboleo significa que la imaginaria senda no tiene un ubicación estable, sino que se desplaza constantemente. Vamos por un camino que también está en movimiento”.

“Un animal de la constelación astrológica occidental nos abre el sendero. Pero miren bien, lo que los del Norte llaman Capricornio, también podría ser una llama caravanera que representa el intercambio con el otro. Es la llama que cruzará ahora Mato Grosso, la que nos reconectará y ayudará a encontrar la ruta de vuelta, por el cruce de las lenguas, pasadas y presentes, por lo originario y por lo legitimado, también por África y Australia. La llama corre de noche por el anillo, cruzando las tierras y los mares del sur global. La palabra trópico proviene del griego tropikós y significa giro. Cada vuelta son casi 37 mil kilómetros”.

“El Capricornio es una fusión europea de cabra y serpiente, sin descendencia, mientras que la llama junto con sus crías pinta en el cielo la Vía Láctea con su leche. Avancemos por esa línea imaginaria, por la horizontalidad rebelde detrás de las riquezas que nos esperan en este camino, no para extraerlas, sino para conocerlas y compartirlas entre todos los que habitamos de manera física o imaginaria este sendero”, concluye.

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