Digital
Del smartphone como herramienta al smartphone como asistente creativo
Parte del cambio ya no parece estar únicamente en sumar especificaciones o aumentar cifras dentro de una ficha técnica, sino en cuánto logra un dispositivo facilitar esas pequeñas acciones cotidianas sin obligarte a pensar demasiado en él, pero que a la vez está siempre disponible.
Después de años probando teléfonos, hay algo que terminé aprendiendo: las mejores pruebas no ocurren en una mesa, leyendo una ficha técnica o revisando especificaciones. Ocurren cuando el teléfono deja de sentirse como un teléfono y empieza simplemente a acompañar lo que uno está haciendo.
Por eso me gusta probar los equipos en diferentes situaciones, ya sean cotidianas o bien esas que son ocasionales pero que lo ponen de verdad a prueba, ya sea porque voy a estar fuera de un enchufe por más de una jornada laboral o cuando el clima hace cuestionar si salir o no. Cuando hay polvo, agua o gritos eufóricos en conciertos o partidos.
Hace poco tuve la oportunidad de probar por varias semanas el HONOR 600 Pro en México, equipo que acaba de llegar a Chile y que durante largos traslados y escenarios naturales puse a prueba para conocer sus specs y como aquellas funciones que normalmente aparecen como protagonistas dentro de un lanzamiento, dejaron de sentirse como funciones separadas y comenzaron a integrarse de forma mucho más natural a la experiencia.
El dispositivo está siempre ahí
Está claro que hoy usamos el teléfono de una forma muy distinta a como lo hacíamos hace algunos años. Pasó de ser un dispositivo para llamar o enviar mensajes a convertirse en una cámara, una herramienta de trabajo, una forma de entretenernos y también una extensión de cómo nos comunicamos diariamente. Gran parte de nuestras conversaciones ocurre a través de redes sociales, fotografías, videos cortos, memes que compartimos durante el día o historias que muchas veces subimos casi de manera automática.
Quizás por eso hay una conversación interesante sobre hacia dónde está evolucionando la tecnología móvil. Parte del cambio ya no parece estar únicamente en sumar especificaciones o aumentar cifras dentro de una ficha técnica, sino en cuánto logra un dispositivo facilitar esas pequeñas acciones cotidianas sin obligarte a pensar demasiado en él, pero que a la vez está siempre disponible.
La batería suele ser una de esas cosas que uno nota solamente cuando empieza a fallar. Todos hemos estado ahí, mirando como francotirador por un enchufe, bajando el brillo de la pantalla, cerrando aplicaciones y revisando minuto a minuto como baja la batería. Las jornadas del lanzamiento del equipo incluyeron varias horas moviéndonos entre distintos lugares, fotografías, grabación de vídeo, navegación y pruebas constantes con herramientas de inteligencia artificial. Y en ningún momento apareció esa sensación de estar administrando recursos ya que HONOR 600 Pro incorpora una batería de 7.000 mAh junto con carga rápida cuando se utilizan los accesorios originales que vienen incluidos en la caja.
Más de una vez terminamos el día y el teléfono todavía conservaba sobre un 50% de batería. Puede sonar como un detalle pequeño, pero cuando una pasa bastante tiempo probando equipos, empieza a notar cuándo algo deja de transformarse en una preocupación y ahí pasa el acto más honesto de los smartphones, te dejas de preocupar de ellos.
Más allá del laboratorio
Una parte de mí siempre sospecha un poco de las certificaciones hasta que toca probarlas en situaciones reales.
Durante la experiencia norteña el teléfono pasó por agua dulce en el río San Marcos, polvo fino de arena blanca y brillante compuesta por cristales de sulfato de calcio en las dunas de yeso y temperaturas bastante altas durante recorridos en exteriores y en las minas de mármol. Para las fotos el escenario era perfecto, lo mismo que para probar esas certificaciones que agregan valor a los equipos. Acá teníamos IP68, IP69 e IP69K, las que ofrecen resistencia del equipo frente a agua y polvo, pero más allá de la nomenclatura técnica, lo interesante fue ver que el equipo siguió funcionando exactamente igual después.
No hubo problemas con el audio, tampoco aparecieron comportamientos extraños o advertencias relacionadas con temperatura. Y aunque probablemente no sea una invitación para comenzar a sumergir teléfonos por costumbre, sí genera cierta tranquilidad saber que existen márgenes mayores cuando el entorno deja de ser urbano y perfectamente climatizado.
Cuando la IA deja de sentirse como una función
La inteligencia artificial probablemente sea la palabra tecnológica más repetida de los últimos años. Está en teléfonos, computadores, buscadores y prácticamente cualquier lanzamiento nuevo.
Pero una cosa es verla en una presentación y otra muy distinta es usarla.
El HONOR 600 Pro llega con MagicOS 10 basado en Android 16, además incorpora un sistema fotográfico compuesto por una cámara principal de 200 megapíxeles con estabilización óptica, un teleobjetivo de 50 megapíxeles y una cámara ultra gran angular de 12 megapíxeles y sin embargo, lo que más me llamó la atención no fueron los números.
Durante las pruebas con Image to Video 2.0, función exclusiva de la línea number series, me pasó algo curioso: dejó de sentirse como una demostración tecnológica y comenzó a parecer una herramienta real. Poder tomar imágenes y transformarlas en pequeñas secuencias animadas de manera simple termina acercando herramientas creativas a personas que probablemente nunca abrirían un programa profesional de edición.
Claro, tiene limitaciones. La mayoría de estas funciones requieren conexión a internet y las secuencias siguen siendo breves, generalmente entre tres y cinco segundos. Pero después de usarlo varios días me di cuenta de que el punto interesante no pasa necesariamente por cuánto dura el resultado o por si puede reemplazar herramientas profesionales.
Muchas veces miramos este tipo de tecnologías y la primera reacción es pensar que son un simple “chiche” teki o algo entretenido para probar una vez y luego olvidar. Sin embargo, cuando uno baja un poco el ritmo y lo mira con más distancia, aparece algo que es mucho más interesante: varias de estas capacidades eran, hasta hace no tanto tiempo, herramientas reservadas para personas que trabajaban en áreas creativas, software especializado o servicios que muchas veces requerían pagos adicionales.
Hoy varias de esas posibilidades caben dentro de un dispositivo que llevamos todos los días en el bolsillo. Y quizás el hecho de que las demos por sentado es justamente una señal del momento tecnológico que estamos viviendo. Porque a veces los cambios más grandes no llegan cuando aparece algo completamente nuevo, sino cuando cosas que antes parecían complejas comienzan a integrarse con tanta naturalidad que dejamos de pensar en ellas.