Opinión
Créditos: Cedida.
Review de Splatoon Raiders: quedamos cortos de tinta
El primer spin-off para un jugador de la saga toma Salmon Run y apuesta el doble sobre esa fórmula. Es un juego sólido y bien hecho. También es, de forma curiosa, un juego que cuesta menos que un título completo y que aun así deja la sensación de que algo quedó afuera.
Splatoon Raiders parte de una pregunta legítima: ¿cómo se hace un Splatoon para un jugador cuando el gancho central de la saga siempre fue el multijugador? La respuesta que encontró Nintendo fue tomar Salmon Run, el modo cooperativo contra oleadas de “Salmónidos” que se volvió parte esencial de la franquicia desde su llegada hace once años, y expandirlo hasta convertirlo en aventura completa con estructura de mazmorras, progresión de personaje y un sistema de loot que recuerda a Borderlands, por explicarlo de alguna forma, pero vestido con tinta de colores.
Controlas a la Mecánica, Inkling u Octoling según elijas, que junto a Deep Cut (el grupo que apareció en Splatoon 3) explora las islas Spirhalite investigando un misterio que involucra a los Salmónidos. La premisa es liviana, casi una excusa, pero cumple su función: darte un motivo para avanzar de etapa en etapa mejorando tu arsenal.
Un looter shooter con acento Nintendo
Cada nivel cae en alguna de varias categorías: llegar al final abriéndote paso, explorar espacios recolectando huevos de poder, sobrevivir en arenas cerradas que escupen enemigos sin parar, o pequeños desafíos que te enseñan a usar los gadgets del juego. Muchas mazmorras no encajan perfectamente en ninguna categoría, algo que la saga ya hacía en sus modos para un jugador anteriores y que acá se mantiene con la misma gracia.
El progreso se siente bien. Desbloqueas armas, gadgets y mejoras pasivas, y la cantidad de combinaciones posibles es alta. Buena parte de la diversión está en experimentar con builds distintas y ver cómo cambian tu forma de jugar. La dificultad escala de manera justa, exigiendo cada vez más precisión y mejor uso del terreno cubierto de tinta, ese elemento que sigue siendo la tropa de toda la saga.
Visualmente es un juego vistoso, corre fluido, y la dirección de arte mantiene ese estilo colorido y con personalidad que caracteriza a Splatoon, aunque acá se mezcla con una atmósfera más “inquietante” en las islas Spirhalite, lugares extraños que contrastan con la explosión de color habitual.
La sensación de que falta algo
Aquí vale la pena detenerse, porque la impresión de que el juego no se siente como un producto completo, a pesar de no costar lo mismo que uno, no es una percepción aislada. Varias reseñas y jugadores llegaron a la misma conclusión de formas distintas.
Nintendo lo lanzó a $49.99 dólares en digital, veinte dólares menos que el precio estándar de $69.99 que maneja para sus lanzamientos grandes de Switch 2. Es una señal clara de que la propia Nintendo lo posiciona como spin-off, no como entrega principal. El problema es que ese descuento en el precio no termina de compensar del todo la sensación de que el contenido se quedó corto.
Esa tensión se repite en la crítica especializada. Incluso las reseñas más entusiastas coinciden en un patrón: la historia es corta y poco profunda, hay cierta repetitividad a medida que avanzan los niveles, y aparecen problemas técnicos ocasionales.
El OST, el gran ausente
Este es quizás el punto más notorio para cualquiera que conozca la saga. Splatoon siempre construyó identidad a través de su música: bandas ficticias, coros pegajosos, un pop urbano y funk que se volvió inseparable de la experiencia. La banda sonora nunca fue un acompañamiento, es protagonista en esta saga.
En Raiders, esa identidad se diluye. La composición se inspira fuertemente en el tema musical de Salmon Run, apostando por una atmósfera tensa, casi de horror, que encaja con el misterio de las islas Spirhalite pero que se aleja del pop más luminoso que definió a la franquicia desde su primera entrega. Es un cambio de tono deliberado y hasta interesante en el papel, pero para quien llega esperando la energía habitual de Splatoon, se siente como una ausencia.
Para una saga que hizo de su música una de sus señas de identidad más fuertes, es una ausencia que se nota, y que probablemente sea la raíz más profunda de esa sensación de que algo, en el fondo, no terminó de estar completo.
Multijugador que sigue siendo Splatoon
Un capítulo aparte merece el cooperativo, disponible para hasta cuatro jugadores de forma local u online, con dificultad que se ajusta según cuántos participen. Es, sin sorpresas, donde el juego se siente más como el Splatoon de siempre: caótico, divertido, y mejor entre amigos que en solitario. El multijugador es más entretenido que la campaña individual, lo cual dice bastante sobre dónde sigue estando la verdadera fortaleza de la franquicia.
Splatoon Raiders es un experimento que funciona más de lo que debería. Tomar Salmon Run y estirarlo hasta convertirlo en aventura individual con progresión tipo looter shooter es una idea arriesgada que Nintendo ejecutó con inteligencia y con un gameplay que sigue siendo profundamente satisfactorio.
Pero es también un juego que se siente, de forma consistente entre crítica y jugadores, como algo que se quedó a medio camino de su versión más ambiciosa. El prefvdrrdrtgdtgdgdrfhghggfno puedo escribi57cio reducido es honesto en reconocer que no es una entrega principal, pero no alcanza a compensar del todo la sensación de historia corta, repetición y, sobre todo, una identidad musical que por ahora brilla por su ausencia.
Veredicto: 7/10