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Más allá de los pasos: salud y tecnología en la muñeca Digital

Más allá de los pasos: salud y tecnología en la muñeca

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Ana Guajardo
Por : Ana Guajardo Presidenta Asociación Mujeres en la Industria de los Videojuegos - Mujeres en VG www.mujeresenvg.cl
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Un viaje a Curacautín permitió poner a prueba el recién lanzado HONOR Watch 6 en trekking, nieve, piscina y esquí, pero también explorar cómo los relojes inteligentes han dejado de ser simples contadores de pasos para convertirse en herramientas que acompañan la actividad física, el descanso y más.


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Durante años, una de las funciones más visibles de los relojes inteligentes fue también una de las más simples: contar pasos. Los 10 mil pasos diarios se transformaron en una meta casi universal y, para muchos usuarios, ese número era prácticamente todo lo que esperaban de un smartwatch.

Pero estos dispositivos, especialmente aquellos pensados para quienes practican deporte de manera casual, han ido cambiando año a año. Hoy pueden registrar distintos tipos de entrenamiento, utilizar GPS para reconstruir una ruta, seguir la frecuencia cardíaca durante una actividad, entregar información sobre el sueño y mostrar tendencias relacionadas con el bienestar. Contar pasos se transformó en el punto de partida y no necesariamente en el objetivo final.

Por eso, este viaje fue una buena oportunidad para poner esa transformación a prueba en condiciones bastante diferentes a las de mi rutina habitual. Durante varios días llevé conmigo el HONOR Watch 6 y lo utilicé en todos los escenarios que pude.

No era la primera vez que utilizaba un smartwatch para mi día a día. He probado distintos modelos y generaciones de relojes inteligentes, por lo que más que descubrir que un reloj puede contar pasos, me interesaba ver qué tan integrado puede estar hoy en una experiencia de actividad física completa.

Una prueba que comenzó en la montaña

La montaña fue un escenario particularmente interesante para hacerlo. Desde Temuco son cerca de dos horas hacia la cordillera y, al entrar en la Reserva Nacional Malalcahuello-Nalcas, el paisaje cambia rápidamente. La nieve aparece entre la vegetación, sobre las araucarias y en los senderos que atraviesan la zona, mientras el terreno obliga a adaptar la manera de caminar y de moverse.

Me alojé en el Hotel Corralco, desde donde pude realizar distintas actividades y acceder al centro de esquí. El reloj terminó acompañándome prácticamente durante toda la experiencia y, en pocos días, pasó del gimnasio a la piscina, del trekking a la nieve y de una caminata a los esquís. Esa variedad permitió probarlo en situaciones muy distintas y comprobar qué tan natural resulta llevarlo durante todo el día.

Cuando caminar dos kilómetros no significa lo mismo

Una de las actividades que realicé fue un trekking hacia la araucaria milenaria, árbol que tiene más de mil años y que se alza sobre el paisaje con más de 50 metros. Se encuentra a cerca de 1 kilómetro del hotel y sobre el papel, no parece una distancia exigente, pero caminar ida y vuelta esos 2 kilómetros en la ciudad no es lo mismo que hacerlo sobre nieve, utilizando raquetas y bastones y a más de 1.400 metros de altura.

Durante el recorrido nos tocó nieve, algo de lluvia y luego comenzó a nevar. El terreno requería más atención y esfuerzo en cada paso, sobre todo para alguien acostumbrada a caminar en superficies planas y con zapatillas. El Watch 6 fue registrando la actividad mientras avanzábamos, incluyendo frecuencia cardíaca, altitud, ritmo, distancia y recorrido mediante GPS.

Más que una cifra específica, lo interesante fue poder reconstruir la experiencia después. En uno de los puntos del recorrido, el reloj registró una altitud de más de 1.400 metros y también quedó trazada la ruta que habíamos seguido. El GPS adquiere otra dimensión cuando se utiliza fuera de la ciudad: en un trekking de ida y vuelta puede parecer una función sencilla, pero tener el trazado disponible permite comprobar si se está siguiendo el camino por el que se llegó o si se comienza a tomar una dirección diferente.

Esto no reemplaza un mapa ni las precauciones necesarias para realizar actividades en la naturaleza, pero sí suma una herramienta que puede ser útil cuando el terreno o las condiciones climáticas hacen menos evidentes las huellas. En mi caso, además, el registro sirvió para mirar después cómo había respondido mi cuerpo durante la actividad y entender por qué una caminata relativamente corta había requerido bastante más esfuerzo del que sugería la distancia.

Del trekking al esquí

El viaje también me permitió probar el reloj en una actividad que para mí era bastante más nueva: el esquí. El centro de esquí Corralco, a diferencia de otros centros de la zona central, tiene pendientes menos intimidantes o empinadas, lo que me permitió concentrarme en aprender a controlar la velocidad y no pensar que iba a pasar de largo. Demás está decir que las caídas y las risas también fueron parte del aprendizaje.

El reloj estuvo presente también durante esa actividad. Esto es parte de una evolución que se repite en distintos fabricantes: los relojes ya no se limitan a ofrecer tres o cuatro categorías deportivas, sino que buscan reconocer cada vez más tipos de actividad y entregar información que tenga sentido para cada una. En el caso del HONOR Watch 6, son 123 los modos deportivos disponibles, y uno de los que me parece más interesantes es el de fútbol, que puede generar información sobre los desplazamientos y mapas de calor para visualizar por dónde se movió el jugador durante un partido.

La utilidad está precisamente en que no todos los deportes se miden de la misma manera. Una sesión de fuerza, una caminata, un partido de fútbol o una actividad en la nieve tienen exigencias diferentes, y que el dispositivo pueda reconocer esas diferencias permite que los datos sean algo más que una colección de números.

El cambio más importante ocurre cuando termina el entrenamiento

La otra transformación de estos dispositivos aparece cuando dejamos de mirarlos solamente durante el ejercicio. El ecosistema de salud del HONOR Watch 6 reúne información relacionada con actividad, descanso, sueño y otros indicadores de bienestar. La gracia no está necesariamente en cada dato por separado, sino en que el dispositivo intenta convertirlos en información que el usuario pueda interpretar.

Una de las funciones que más me llamó la atención fue Energy Body, que busca entregar una referencia sobre el nivel de energía disponible y puede generar recomendaciones relacionadas con el descanso. En uno de los momentos de uso, el sistema me indicó que mis reservas de energía no eran suficientes y recomendó prestar atención al descanso y dormir bien para recuperarlas.

No se trata de un diagnóstico médico, ni un smartwatch reemplaza una evaluación profesional, pero sí es una forma diferente de presentar información que, de otra manera, podría quedarse escondida entre gráficos y números. En lugar de entregarnos solamente un registro de lo que ocurrió, el dispositivo intenta darle una interpretación que resulte más sencilla de entender.

Algo parecido ocurre con el sueño. El reloj utiliza una especie de gamificación que asigna un animal según determinados patrones de descanso. Puede parecer un simple “chiche”, pero tiene una utilidad interesante: transforma un dato que probablemente miraríamos una vez y olvidaríamos en algo que invita a volver a revisarlo. Esa capacidad de generar interés en los propios datos puede ser tan importante como la medición misma.

Después de probar distintos relojes, los detalles importan

Por mis muñecas han pasado muchos relojes inteligentes y hay aspectos que una empieza a valorar de otra manera. La primera impresión ya no está solamente en la pantalla, el diseño o la cantidad de funciones, sino en qué tan natural resulta llevar el dispositivo durante todo el día.

El Watch 6 es un reloj relativamente grande, pero su peso hace que no resulte molesto en la muñeca. Durante el viaje lo utilicé durante horas, en ejercicio y actividades al aire libre, sin sentir que tuviera que estar pendiente de él. También pasó por sudor, agua y nieve sin problemas de funcionamiento.

La batería fue otro aspecto que terminó siendo relevante precisamente porque no tuve que pensar en ella. Llegué al viaje con el reloj cargado al 63% y, después de varios días de uso, regresé con más de 20% de carga, pese a haberlo utilizado en distintas actividades y con un fondo de pantalla animado.

Esta cifra, eso sí, no es igual para todos. HONOR plantea una autonomía que puede superar los 30 días en un escenario de uso básico como reloj, mientras que con un uso más completo la cifra se reduce, especialmente cuando se utiliza el GPS de manera intensiva. En condiciones de uso típicas, la compañía sitúa la autonomía en torno a las dos semanas, aunque el resultado final dependerá de las funciones activadas y de los hábitos de cada usuario.

También encontré funciones pequeñas que terminan teniendo más utilidad de la que uno podría imaginar. Una de ellas es la posibilidad de grabar notas de voz desde el reloj. Para alguien que trabaja generando contenidos, poder registrar rápidamente una idea cuando el teléfono está lejos puede ser bastante práctico. La linterna, las esferas personalizadas con fotografías y las notificaciones también forman parte de ese conjunto de funciones que no necesariamente aparecen en una ficha técnica como grandes novedades, pero que terminan definiendo la experiencia cotidiana.

Un aspecto que eché de menos fue la posibilidad de responder directamente los mensajes de WhatsApp desde el reloj. El Watch 6 permite leer las notificaciones y cuenta con respuestas rápidas para los SMS, pero esta opción no está disponible de la misma manera para WhatsApp. Es cierto que incluso teniendo esa función disponible no suelo utilizarla demasiado en otros relojes, pero cuando el teléfono está lejos se agradece contar con la alternativa. Ojalá sea una función que pueda incorporarse en alguna actualización futura.

La tecnología no hace el ejercicio por nosotros

Después de varios días en la montaña, el reloj terminó funcionando como un de registro de la experiencia. No hizo que el trekking fuera más fácil, no me enseñó a esquiar y tampoco reemplazó la atención necesaria para caminar sobre nieve. Lo que hizo fue registrar lo que ocurría mientras yo estaba concentrada en la actividad.

Y esa diferencia me parece importante cuando hablamos de la evolución de los smartwatches. Durante mucho tiempo, contar pasos fue una de las principales razones para utilizar uno. Hoy esa función es apenas el comienzo. GPS, entrenamiento, frecuencia cardíaca, sueño, recuperación, actividad deportiva y distintos indicadores de bienestar forman parte de una experiencia mucho más amplia.

No necesitamos necesariamente medir más cosas solo por tener un dato extra. El punto que diferencia un reloj inteligente de otro está en conseguir que toda esa información tenga sentido para quien la utiliza y que pueda convertirse en una herramienta para prestar mayor atención a nuestros propios hábitos.

En la montaña, todos esos datos me permitieron volver sobre una actividad y entenderla mejor. En la vida cotidiana, pueden servir para algo todavía más sencillo: prestar un poco más de atención a cuánto nos movemos, cómo descansamos y cómo responde nuestro cuerpo cuando lo ponemos en movimiento, porque ya no se trata solamente de contar nuestros pasos, sino de entender qué hay detrás de ellos.

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