Opinión
Créditos: El Mostrador.
Un proceso humano en la era digital
En la era de la inteligencia artificial, cuando pensamos que todas las mayores transformaciones en salud van a provenir de la tecnología, hay algo que dice lo contrario. La mirada de un médico y la simple presión sobre el dedo de un paciente puede cambiar uno de los principales cuadros que se viven en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI).
Se trata del shock séptico, cuando una infección grave desata una falla orgánica masiva. Normalmente existen apenas entre seis a ocho horas para actuar y restaurar la circulación sanguínea, antes de que el daño se vuelva irreversible. Cabe recordar que la mortalidad del shock séptico ronda el 40%, y quienes sobreviven tienen por delante un camino pavimentado con secuelas graves y dependencia.
Pero esto puede cambiar gracias a un protocolo que diseñamos y creamos dentro de la Universidad Católica, a partir de la mirada del llenado capilar. Al presionar la piel en el dedo índice del paciente, y contar los segundos que tarda en recuperar su color, el médico obtiene una ventana directa y en tiempo real al estado de la microcirculación. Si el color vuelve rápido, los tejidos están oxigenados; si se retrasa, el cuerpo sigue sufriendo.
Utilizar un signo tan simple como el llenado capilar para guiar la reanimación puede mejorar los resultados clínicos de los pacientes en shock. Para probar esta idea, diseñamos un estudio internacional que logró coordinar a más de 800 especialistas en 19 países -desde hospitales públicos en Chile hasta centros médicos en Kuwait-, y fue aplicado en 1.501 pacientes.
Los resultados clínicos de esta estrategia fueron los siguientes:
1) 24 horas menos de dependencia de un ventilador mecánico.
2) Día y medio menos de terapia de reemplazo renal (diálisis).
3) Un día menos en la UCI y dos días menos de hospitalización general.
En términos humanos, esto significa menos traumas, menos infecciones intrahospitalarias y un retorno más rápido a una vida digna. En términos económicos para los colapsados sistemas de salud globales, representa un ahorro de recursos monumental.
Este nuevo protocolo, llamado ANDROMEDA-SHOCK-2, acaba de ser galardonado como el “Mejor Ensayo Clínico” por la prestigiosa revista médica JAMA.
Mientras el mundo se obsesiona con la próxima frontera tecnológica, la verdadera vanguardia médica podría estar en refinar el arte del examen clínico básico. Curar, a veces, no es una cuestión de añadir más pantallas al cubículo del paciente, sino de acercar a los médicos a los pacientes, y saber mirar con precisión lo que la naturaleza ya nos está mostrando.
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