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Soledad a ciegas: la urgencia que no entendemos Opinión

Soledad a ciegas: la urgencia que no entendemos

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Alan Mc Coll
Por : Alan Mc Coll Ingeniero Comercial FEN Universidad de Chile, practicante Dirección de Estudios IdeaPaís
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La soledad no deseada se ha convertido en una realidad cada vez más presente en Chile y el mundo. A nivel nacional, entre 2023 y 2025, la proporción de personas que declara haberse sentido sola aumentó de 42% a 48% (Encuesta Bicentenario UC, 2025). Los datos muestran que aún en un contexto de creciente conectividad digital, existen dificultades para sostener vínculos significativos y redes de apoyo estables.

La soledad no es un fenómeno aislado, sino un síntoma visible de una crisis de salud mental profunda y extendida. Según el Minsal, en Chile, el suicidio se encuentra entre las primeras causas de mortalidad para la población joven, y acorde a la OMS, el país lidera las tasas de depresión y ansiedad en la región. Estamos frente a una epidemia silenciosa cuyo problema es doblemente grave. Por un lado, existe un urgente desafío de salud pública, pero, por otro, carecemos de un diagnóstico claro porque contamos con poca información para entender sus dinámicas y actuar al respecto.

Los datos disponibles muestran indicios poco intuitivos, pues hoy día son los adultos jóvenes quienes presentan mayores índices de soledad a pesar de encontrarse en una etapa vital de bajas limitaciones físicas y una conectividad digital sin precedentes. Aunque importantes, estos datos abren interrogantes difíciles de explicar con la información actual. Para un fenómeno tan complejo como la soledad, es fundamental entender en profundidad sus dinámicas si queremos actuar desde la política pública.

Resulta  prioritario tener recursos para descifrar un fenómeno cuya existencia es evidente, pero cuyos mecanismos siguen sin ser estudiados en profundidad. En el caso chileno vemos que hasta ahora la literatura se ha enfocado en explorar la soledad como un fenómeno asociado a la depresión y los problemas de salud mental, entregando poca información en torno a los factores sociales, familiares y comunitarios que la explican. De esta manera, se hace necesario entender cómo operan los determinantes de la soledad con el fin de abordarla desde una perspectiva preventiva e integral más allá de lo clínico.

Si no se actúa hoy, la crisis de soledad y salud mental profundizará las grietas en el tejido social que nos han traído hasta aquí. Es imperativo aplicar un esquema que fortalezca las instituciones que funcionan como espacio de encuentro y promueva a las familias de Chile como la red de apoyo que deben ser. De ello depende en gran medida la estabilidad y cohesión social de nuestro país y determinará si la sociedad que reciban los futuros chilenos sea una donde valga la pena vivir.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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