Sostenibilidad
Economía Azul: el océano de Chile como actor estratégico
El talento local existe, y ya atrae capital. Sin embargo, el reto es pasar de casos aislados a un ecosistema robusto, que podría transformar a nuestro país en líder del llamado PIB azul.
Chile mira al océano todos los días. Son más de 6.400 kilómetros de costa y una Zona Económica Exclusiva de 3,68 millones de kilómetros cuadrados, la décima más grande del mundo. Gracias a esa riqueza marítima, el país se ha convertido en uno de los principales exportadores globales de productos como el salmón, los mejillones, el jurel y las algas.
Sin embargo, para muchos especialistas, el verdadero potencial del mar chileno aún está lejos de desplegarse por completo.
Aunque las exportaciones ligadas al océano continúan siendo un motor relevante para la economía nacional, su crecimiento se ha estabilizado durante los últimos años en torno a los US$ 9.000 millones. El desafío, aseguran expertos, ya no pasa únicamente por producir más, sino por generar mayor valor agregado, incorporar innovación y desarrollar nuevas industrias vinculadas al mar.
Ese es precisamente el concepto detrás de la llamada Economía Azul, una estrategia que busca impulsar el crecimiento económico a partir de los recursos oceánicos, combinando productividad, tecnología y sostenibilidad.
“Chile ya tiene los activos físicos, productivos y el talento para ser una potencia azul global. La discusión hoy no es si tenemos los recursos, sino si somos capaces de articularlos bajo una visión económica integrada”, señala Maxime Freyss, fund manager de Südlich Capital.
Según el ejecutivo, uno de los principales obstáculos es la fragmentación de las iniciativas existentes. Si bien el país cuenta con instrumentos como la Política Oceánica Nacional, impulsada en 2018, y el Programa Oceánico Nacional presentado en 2025, los distintos sectores vinculados al mar —como la salmonicultura, la mitilicultura, la logística portuaria o la conservación marina— continúan avanzando de manera relativamente independiente.
“La solución no radica en la falta de recursos, sino en la ausencia de una estrategia de Economía Azul que articule los esfuerzos actuales”, afirma Freyss. “Necesitamos transformar los 41 puntos del programa nacional en un sistema productivo medible, con metas claras de aporte al PIB, generación de empleo y atracción de inversión”.
Una oportunidad para atraer capital
La relevancia de esta discusión no es únicamente productiva. También tiene una dimensión financiera.
Durante los últimos años, la Economía Azul se ha consolidado como una de las áreas emergentes de inversión a nivel global. Fondos especializados en Europa, Asia y África han comenzado a canalizar cientos de millones de dólares hacia proyectos relacionados con acuicultura sostenible, energías marinas, captura de carbono y biotecnología oceánica.
En ese contexto, América Latina aún aparece como una región con baja participación en la captación de este tipo de capital, abriendo una oportunidad para que Chile pueda posicionarse como referente regional.
De acuerdo con Freyss, una estrategia nacional permitiría acceder a nuevas herramientas financieras, entre ellas los llamados Blue Bonds o bonos azules, destinados a financiar proyectos ligados a la pesca sostenible y la economía oceánica; mecanismos de carbono azul asociados a la captura de CO₂ mediante humedales y bosques de algas; y esquemas de blended finance, que combinan recursos públicos y privados con apoyo de organismos multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo o el Banco Mundial.
Innovación desde el sur de Chile
Más allá de las políticas públicas, algunos ejemplos muestran que el ecosistema ya comenzó a desarrollarse.
Desde Puerto Varas, Südlich Capital ha invertido en distintas empresas tecnológicas vinculadas a desafíos de la industria marítima y acuícola. Entre ellas destaca Codebreaker Bioscience, startup que utiliza inteligencia artificial para estudiar el microbioma y mejorar la salud y productividad en la salmonicultura.
También figura ByBug, firma biotecnológica que desarrolla proteínas recombinantes mediante la cría de mosca soldado negra, generando alternativas sostenibles para la alimentación acuícola.
A ellas se suman emprendimientos como ChucaoTech y Aquit, que durante los últimos dos años han logrado captar financiamiento de inversionistas provenientes de Europa, Estados Unidos, Australia, Reino Unido y Chile.
Para Freyss, estas experiencias demuestran que el talento y la capacidad de innovación ya existen en el país. El desafío ahora es escalar esos casos y convertirlos en parte de una estrategia nacional más amplia.
“El capital ya se está moviendo hacia regiones con estrategias claras. Indonesia, por ejemplo, proyecta duplicar el aporte del océano a su PIB hacia 2045. Chile tiene la oportunidad de dejar de ser solamente un exportador de materias primas marinas para transformarse en un hub global de tecnología, innovación y finanzas azules”, concluye.
Más que una discusión sectorial, el debate sobre la Economía Azul plantea una pregunta de fondo para Chile: cómo aprovechar uno de sus mayores activos naturales para construir una nueva etapa de desarrollo económico, sostenible y basada en el conocimiento.