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Sin “Nosotros” no hay futuro Opinión Créditos: El Mostrador.

Sin “Nosotros” no hay futuro

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José Alegría
Por : José Alegría Académico Departamento de Ética Aplicada, Universidad Católica de Temuco.
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Es probable que una de las principales características del ser humano no sea solo su capacidad de adaptación ni su habilidad para racionalizar el entorno, sino su capacidad para crear comunidades colaborativas. Pensemos en aquellos primeros homínidos, poco dotados físicamente, sin gran velocidad ni garras, con escasas posibilidades frente a los grandes depredadores. Su fortaleza no estaba en el cuerpo, sino en la capacidad de organizarse para enfrentar juntos las amenazas. Así comenzó una parte fundamental de nuestra historia como especie. Las carencias individuales pudieron compensarse mediante la cooperación y la organización colectiva. Primero fueron los afectos, luego la identidad y, con ella, una creciente responsabilidad hacia los otros. Agruparse fue una condición fundamental para nuestra supervivencia y desarrollo.

La clave de nuestra supervivencia sigue estando en el grupo, en un Nosotros que nos fortalece, algo muy distinto de lo que hemos cultivado durante las últimas décadas. Hoy se exalta la superación personal y los logros individuales, poniendo el foco en el individuo y destacando siempre al mejor, incluso en tareas que son esencialmente colectivas. Este ethos individualista crea condiciones para el surgimiento de distintas formas de poder y dominación. Lo vemos en liderazgos políticos que convierten la fuerza en criterio de relación entre pueblos, pero también en discursos cotidianos que promueven el crecimiento personal en desmedro del bienestar común. La libertad corre entonces el riesgo de reducirse a la posibilidad de seguir el propio camino, casi sin considerar las consecuencias sobre los demás.

Nos encontramos tan desperdigados que hemos vuelto a ser vulnerables. Ya no nos acechan los depredadores del Pleistoceno, sino grandes corporaciones, magnates tecnológicos y poderes autocráticos. Estamos tan concentrados en nosotros mismos que olvidamos que muchos de nuestros sueños solo pueden hacerse realidad con la ayuda de otros.

A pesar de todo, no estamos perdidos. La respuesta sigue estando en aquellos remotos antepasados. Necesitamos recordar que en el Nosotros reside una parte esencial de nuestra fuerza y que, como grupo, somos más capaces de enfrentar aquello que individualmente nos supera. Debemos mirarnos a la cara, permitir el encuentro y dejarnos afectar por los otros. Volvamos a valorar los logros colectivos, porque sin comunidad no hay progreso, solo hay abandono y desesperanza. Necesitamos regresar a una humanidad que reconozca en los otros la posibilidad de comprender su pasado, respetar su presente y proyectar su futuro. Una humanidad que transite desde un cúmulo de individuos hacia una verdadera sociedad de personas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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