Opinión
Créditos: El Mostrador.
Personas mayores, entrenamiento de fuerza y autonomía
Uno de los hábitos que se debiese mantener durante toda la vida, especialmente al llegar a la adultez mayor, es el entrenamiento de la fuerza, clave para vivir con autonomía. No se trata solo de levantar pesas, sino de generar un estímulo sobre la musculatura mediante ejercicios y resistencias adaptados a las capacidades de cada persona.
La fuerza, sin embargo, no puede entenderse de manera aislada. Para una persona mayor, mantenerla y aprovechar sus beneficios requiere complementarla con una alimentación equilibrada, un adecuado aporte de proteínas, una buena hidratación y un descanso reparador. También es importante incorporar el movimiento a la vida cotidiana y evitar que la actividad física quede limitada a momentos puntuales.
El objetivo, además, no debiera ser únicamente desarrollar músculos más fuertes, sino conservar las capacidades que este grupo etario necesita para desenvolverse de manera independiente. Levantarse de una silla, subir escaleras, cargar las compras o agacharse para recoger un objeto son acciones habituales que damos por sentadas. Con el paso de los años, sin embargo, pueden convertirse en verdaderos desafíos cuando no han sido entrenadas oportunamente.
Desde esta perspectiva, hablar de ejercicio en personas mayores es también hablar de autonomía. Mantenerse activo permite cuidar capacidades que tienen un impacto directo en la vida cotidiana y que pueden marcar una diferencia cuando aparecen los cambios propios del envejecimiento.
Promover la autonomía de esta etapa no significa únicamente aumentar su expectativa de vida, sino también contribuir a preservar su funcionalidad, independencia y calidad de vida. La prevención de la dependencia funcional, por tanto, no comienza cuando aparecen las primeras limitaciones. Comienza mucho antes, con el hábito de mantenerse activo, fortalecer el cuerpo y cuidar nuestra salud a lo largo de toda la vida.
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