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El océano como respuesta: ciencia aplicada desde el Pacífico Opinión

El océano como respuesta: ciencia aplicada desde el Pacífico

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Cuando los vecinos de Valparaíso describen lo que más temen del cambio climático, el agua aparece en dos formas paradójicas: escasez hídrica en Laguna Verde y Placilla —donde las familias dependen de camiones aljibe— y amenazas costeras, donde las marejadas ya no son solo invernales y cada temporada se reducen un poco más las playas que definen la identidad porteña. Esta paradoja no es una anomalía local. Es la expresión más tangible del nexo océano-clima: una relación que la ciencia climática lleva décadas estudiando y que hoy, más que nunca, necesita traducirse en políticas públicas concretas.

El océano absorbe una parte sustancial del exceso de calor y del CO₂ generado por actividades humanas, tal como lo ha constatado, de manera inequívoca, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, 2023). Sin esa función amortiguadora, el calentamiento global sería considerablemente más severo. Pero esa capacidad tiene límites: el océano se calienta, se acidifica y altera sus patrones de circulación. Lo que devuelve al sistema climático ya no es neutral —devuelve marejadas más intensas, erosión costera acelerada y un nivel del mar en ascenso sostenido. En el Gran Valparaíso, tal como han confirmado Campos (2016) y Martínez (2026), los registros históricos dan cuenta de decenas de eventos de marejada documentados en nuestras costas. Las proyecciones indican que su magnitud y frecuencia tenderán a aumentar. La línea de costa no retrocede por accidente.

Frente a ese escenario, el Centro de Acción Climática de la PUCV ha desarrollado un modelo de trabajo que busca acortar la distancia entre el conocimiento científico y la capacidad de actuar de los territorios. En los últimos años, hemos acompañado a las municipalidades de Viña del Mar y Valparaíso en la elaboración de sus Planes de Acción Comunal de Cambio Climático —instrumentos exigidos por la Ley Marco de Cambio Climático—, desarrollando metodologías de evaluación de riesgo y vulnerabilidad, herramientas digitales como la Plataforma de Riesgo y Adaptación Climática Territorial (PRACT) elaborada junto con el CR2, y procesos participativos con ciudadanía y funcionarias/os municipales que permiten que la acción climática no sea solo un ejercicio técnico, sino una decisión colectiva anclada en el territorio.

Ese es, precisamente, el sentido de hacer ciencia aplicada: no producir conocimiento para archivarlo, sino para que la realidad cambie y, con ello, mejorar la calidad de vida de las personas y proteger los ecosistemas. En el caso del nexo océano-clima, ese “sentido de ciencia aplicada” tiene nombres concretos: planes costeros integrados que incorporen proyecciones del nivel del mar; diseño de infraestructura verde resistente a marejadas; gestión territorial que no siga autorizando usos incompatibles con la dinámica costera; y políticas públicas que entiendan que el océano no es el fondo del problema, sino parte de la solución.

Ese es nuestro desafío desde una universidad con vocación oceánica y presencia regional: producir conocimiento que cambie algo concreto. El nexo océano-clima abre un campo de política pública en plena construcción en Chile. Los marcos nacionales existen —la Ley Marco de Cambio Climático, la Estrategia Climática de Largo Plazo, el Plan Sectorial de Adaptación de Zona Costera— pero es a escala local donde esas metas se traducen o no en acción real. Ahí está el mayor potencial: proponer instrumentos de gestión costera integrada, metodologías de riesgo que incorporen variables oceánicas y opciones de adaptación basadas en la naturaleza que sean viables para las comunidades.

Valparaíso es una ciudad que vive de cara al Pacífico. Su historia, su economía y su identidad están construidas sobre esa relación. El Día Mundial de los Océanos es una oportunidad para recordar que comprender ese vínculo —investigarlo, comunicarlo y convertirlo en decisiones de política pública— es una tarea urgente y colectiva.

Desde la región de Valparaíso, con el Pacífico como horizonte y oportunidad, estamos trabajando para que esa tarea tenga respuestas a la altura del desafío que conlleva mejorar el bienestar de las comunidades que hacen del mar y sus costas su espacio vital.

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