Publicidad
Cambio climático: la factura de dos siglos de progreso Opinión Créditos: El Mostrador.

Cambio climático: la factura de dos siglos de progreso

Publicidad
Lorenzo Reyes Bozo
Por : Lorenzo Reyes Bozo Decano Facultad de Ingeniería y Negocios Universidad de Las Américas.
Ver Más


El Mostrador Fuente Preferida

Las Naciones Unidas definen el cambio climático como las modificaciones de largo plazo en las temperaturas y los patrones meteorológicos. Aunque el clima siempre ha experimentado variaciones naturales, desde el siglo XIX existe una diferencia decisiva: las actividades humanas se han convertido en el principal motor de este fenómeno, fundamentalmente por la quema de carbón, petróleo y gas.

La Revolución Industrial inauguró una paradoja histórica. Los combustibles fósiles permitieron multiplicar la producción, transformar el transporte, expandir las ciudades y elevar el bienestar material, sin embargo, ese progreso tuvo un costo invisible: toneladas de carbono y otros compuestos que fueron transferidos a la atmósfera, alterando el equilibrio climático del planeta.

Hoy la ciencia ya no discute si el ser humano está modificando el clima. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) es categórico: las actividades propias de las personas, principalmente mediante las emisiones de gases de efecto invernadero, han causado inequívocamente el calentamiento global.

Entre 2011 y 2020, la temperatura media de la superficie del planeta fue 1,1 °C más alta que en la era preindustrial. Además, desde 1970 el calentamiento global ha avanzado a un ritmo más rápido que en cualquier otro período de 50 años de los últimos 2.000 años. El IPCC documenta cambios generalizados y rápidos en la atmósfera, océanos, criósfera y biosfera. El cambio climático provocado por el ser humano ya está afectando numerosos fenómenos meteorológicos y climáticos extremos en todas las regiones del planeta, con impactos adversos sobre la seguridad alimentaria, del agua, la salud, las economías, las sociedades y los ecosistemas. Las comunidades más vulnerables, además, se encuentran entre las más afectadas pese a haber contribuido históricamente menos al problema.

Ante este escenario, la discusión no puede limitarse a cuánto hemos contaminado ni a quién atribuir responsabilidades. La pregunta estratégica es otra: ¿qué capacidad tenemos para transformar el conocimiento científico en soluciones tecnológicas capaces de cambiar la trayectoria climática?

Es precisamente aquí donde la ingeniería adquiere una responsabilidad histórica. Esta disciplina diseñó buena parte de la infraestructura que permitió la civilización fósil y ahora debe contribuir decisivamente a construir la infraestructura de una economía baja en emisiones. Energías renovables, electrificación, almacenamiento, eficiencia energética, redes inteligentes, hidrógeno renovable, descarbonización industrial, economía circular y adaptación de infraestructura son parte de una transformación tecnológica que requiere conocimiento, innovación y capacidad de implementación.

El cambio climático es una consecuencia no prevista de nuestro modelo de desarrollo. La ingeniería no puede borrar las emisiones del pasado, pero sí diseñar un futuro distinto. El desafío es lograr que nuestra capacidad científica y tecnológica avance más rápido que el deterioro climático que hemos provocado, progresando sin comprometer las condiciones que hacen posible nuestro propio futuro.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Publicidad