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Infraestructura hídrica frente a eventos extremos: ¿son los embalses la solución? Opinión Créditos: El Mostrador.

Infraestructura hídrica frente a eventos extremos: ¿son los embalses la solución?

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Francisco Zambrano
Por : Francisco Zambrano académico del Centro de Observación de la Tierra Hémera y director del Observatorio de la Sequía ODES de la U. Mayor.
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Cuando ocurre un evento de precipitación extrema, como el de los últimos días en Chile, la respuesta común es que necesitamos más infraestructura en forma de embalses. Por otro lado, al enfrentar un período de escasez hídrica, la alternativa suele ser la misma: hay que construir más embalses. Es un dogma que, al parecer, no se puede cuestionar. La evidencia, al parecer, lo respalda y los embalses aparecen como la solución tanto para sequías como inundaciones.

Pero, lo cierto es que estos son la salida fácil a un problema complejo, con un enorme costo económico e impactos negativos desde el punto de vista social y ambiental. Estudios recientes indican que su capacidad para enfrentar sequías e inundaciones está sobredimensionada.

Es imperante considerar que el clima está cambiando, sobre todo en Chile, provocando la caída de una gran cantidad de precipitación (lluvia y nieve) en un corto período de tiempo. Por otro lado, el país arrastra una megasequía de larga data que se ha transformado en una aridificación estructural. Así, una pregunta importante sería: ¿los embalses ayudan a generar ecosistemas más resilientes frente a estos eventos extremos? La respuesta es no. ¿Por qué?

Existen múltiples motivos asociados a la biodiversidad que lo explican, ya que elimina especies especializadas y favorece a unas pocas generalistas, lo que empobrece las redes tróficas y las vuelve más vulnerables a perturbaciones como las sequías, por mencionar una.

Si lo analizamos desde la gestión de los recursos hídricos, los embalses provocan una falsa sensación de seguridad e incentivan la expansión del área cultivada. Mientras el almacenamiento sea visible y alto, se genera una euforia que esconde la realidad de que la cuenca está sobreexplotada, los caudales ecológicos quebrantados y el clima cambiando. Son, en esencia, un préstamo a corto plazo del agua del futuro, hipotecando la seguridad hídrica real para crear un espejismo de abundancia en el presente.

Producto de la magnitud que implica la construcción de un embalse, es necesario no caer en el dogma y profundizar el debate con un enfoque constructivo, respecto de su real necesidad y beneficio futuro. Debemos cambiar el paradigma de la solución fácil y analizar el problema en toda su complejidad, priorizando las alternativas basadas en la naturaleza y aquellas que ayuden a valorar el recurso y gestionar su demanda, mediante el control y la adaptación del consumo humano y productivo a la disponibilidad real de agua.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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